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Cine español



Entrevista a Fernando Colomo. Por Alberto Bermejo:
Pregunta.- Cuente un poco qué es Alegre ma non troppo. Respuesta.- Como su nombre indica es la historia de un chico alegre, de un chico que es gay, que es homosexual, y de pronto tiene la tentación de probar otra opción sexual. Hay un juego de palabras debido a que es una historia de músicos. Tanto Pere Ponce como la otra protagonista, Penélope Cruz, son dos jóvenes, ella tiene 19 y Pere sobre los 20 ó 22, que quieren entrar en la Joven Orquesta Nacional de España, la JONDE. Los dos tocan la trompa y la película empieza con las pruebas que les hacen para ingresar en la JONDE. El título también alude a que es una comedia donde hay partes bastante realistas. No es una comedia cómica, de gags, de situaciones, de enredo, eso no es lo fundamental. Es sobre todo una película de sentimientos. El personaje principal, Pere, está en crisis, ha roto con su novio, y todo el rato está como buscando algo a lo que aferrarse y al final lo encuentra, que es precisamente el no preocuparse de eso, es decir, tener más confianza en sí mismo, pasar un poco de las opciones sexuales y amistosas. Tiene mucha importancia la música, concretamente la música clásica. Esto me ha ayudado a crear el clima interior, a manifestar lo que les pasa por dentro a los personajes.

P.- ¿Cómo surgió la idea? R.- Joaquín Oristrell, el coguionista, tenía la idea de hacer la historia de una pareja singular, en la que él era gay y ella una chica joven muy desinhibida. Luego teníamos otra idea conjunta que era la de haber hecho una serie sobre música clásica y jóvenes. Lo que pasa es que lo de hacer una serie en este país parece una cuestión de años. Nos daba mucha pereza meternos en eso y tampoco estábamos muy estimulados por ninguna cadena. Decidimos meterlo en el guión, cruzar las dos historias. Desde que empezamos a escribir entramos en contacto con la JONDE, aprendiendo, viendo cómo lo hacían. Asistimos a varios encuentros y convivimos con ellos varias semanas. Por ejemplo, estábamos escribiendo al lado de la clase de trompa y en cualquier momento entrábamos y escuchábamos, estábamos allí calladitos, veíamos correcciones, nos servía para recoger líneas de diálogo, expresiones, aprender cosas de música. P.- Creo que este rodaje ha transcurrido en unas circunstancias un tanto especiales. R.- Sí. Ha durado siete semanas, cuatro de ellas en el palacio de la Magdalena en Santander, aprovechando unos encuentros de la JONDE. Nosotros, los que hacíamos la película, estábamos un poco supeditados a ellos, los músicos. El rodaje dependía entonces de sus horarios de ensayo, aunque ellos también se pusieron mucho a nuestra disposición.

P.- Casi como un documental. R.- Sí. A mi me atraía la idea de hacer una película mucho más pequeñita, cámara en mano, 16 milímetros, etc., pero luego te das cuenta de que habría sido como perder una oportunidad, poder disponer de toda esa gente y rodar en el palacio de la Magdalena antes de que se cerrase para ser restaurado. P.- Llama la atención la mezcla de actores. Por una parte, profesionales con los que nunca habías trabajado y, por otra, los músicos, un ejército de actores no profesionales. R.- Se produjo un poco por azar. Las chicas, Penélope Cruz y Rosa María Sardá, estaban claras desde el principio y los chicos, Pere Ponce y Oscar Ladoire, llegaron casi al final, un poco por casualidad. No sé quién fue el que dijo que al final las películas las hacen los que las tienen que hacer. Como si estuvieran predestinadas. No pensaba en ellos al escribir el guión. Ahora mismo no me imagino haciéndola con otros. Es de las pocas películas en las que los actores se convierten en no actores. En todos los sentidos, en el sentido del trato, de que nadie requiere una especial atención, de que no te tienes que preocupar de ver si quieren agua, de traerles una silla. Al llegar a Santander se produjo una mezcla absoluta entre los actores profesionales y los de la JONDE, fundamentada en que salían juntos todas las noches. Llegaron a ser íntimos. Estas son las ventajas de rodar en exteriores. Luego están los pequeños papeles. Yo quería, por esa idea inicial de documental, que los músicos fueran de verdad. Hay unos cuantos papelitos de los que yo estoy muy contento. La ventaja es que son intérpretes. Saben lo que es actuar, lo que es estar ante un público y además tienen un sentido del ritmo que, en la forma de interpretar, en los diálogos, se nota.

P.- Saltas a unos personajes mucho más jóvenes que tú. Un poco como Eric Rohmer. R.- Comprendo perfectamente a Rohmer, pero él, que es mucho mayor que yo, utiliza gente mucho más joven. Una chica de dieciséis es ya mayor para él. Es una cosa no premeditada pero indudablemente debe de haber algo de recuperar tu juventud perdida, además de intentar comprender a otra gente. P.- En todas tus películas, desde Tigres de papel, como sin querer, al paso, la realidad está muy presente. No son comedias abstractas. R.- Intento cada vez hacer menos comedia. En el sentido que no busco unos gags aquí y allá para que la gente se ría y ya está. Por carácter o timidez tengo tendencia a contar las cosas en tono de comedia. En Alegre ma non troppo hay algunos gags y algunas situaciones como muy de comedia pero fundamentalmente hemos intentado hacer una cosa realista. Escribiendo el guión, lo importante no era este gag o este chiste sino el drama que había por dentro, la tensión, los problemas que tenía el protagonista. Me gustaría hacer algo más serio pero me he dado cuenta de que no es fácil porque la gente siempre espera de mí que la película sea divertida. Me gustaría ser un poco más libre, volver, en ese sentido, a Tigres de papel, la menos comedia de todas.

P.- Tus mejores personajes y tus argumentos se inspiran en personajes y sucesos reales, de la vida. R.- Bueno, yo si he hecho cine ha sido por la «nouvelle vague». Si yo hubiera visto sólo las películas de Hitchcock, o las de Billy Wilder o las de Donen, que me encantan, no sé si hubiera hecho cine. Aquello lo veía muy lejano, todo muy bonito y muy lujoso. Para mí el descubrimiento del cine es cuando veo a unos señores que hacen cine con la cámara en mano, en blanco y negro, sin maquillaje. Entonces digo, ¡Ah! esto también lo puedo hacer yo. Eso es lo que yo no quiero perder porque como no tenemos una industria, como nuestras películas no se van a distribuir en no sé cuantos países... Si me dejan, tengo intención de hacer cine cada vez mas pequeño, volver a los orígenes, con los actores, con lo mínimo. A mí siempre me han gustado mucho los actores, sobre todo los que no parecían actores, precisamente porque nunca se me ha pasado por la cabeza que podía trabajar con James Stewart, con Henry Fonda o con Cary Grant. A mí ese cine me encanta, lo disfruto, pero sé que nunca lo voy a poder hacer. Entonces cuando apareció la «nouvelle vague», cuando apareció Tanner, con sus dos personajes de La salamandra, dos antihéroes muy feos y tal, me corría de gusto.

P.- ¿Qué diferencia hay entre hacer cine cuando empezaste, en los setenta, y hacerlo ahora? R.- Hacer cine al final de los años setenta era poco menos que imposible. Hacíamos cine con muy bajo presupuesto. Se hacían las películas en cuatro semanas o menos. Si alguien rodaba en más decíamos, ¿qué harán en tanto tiempo? En el momento que llegan las subvenciones hay un paso. Las películas pasan a rodarse en siete u ocho semanas. Ahora hay otro retroceso. Como hay que abaratar las películas, se están rodando otra vez en cuatro o cinco semanas. Entonces todos vivíamos con mucho menos dinero y todo parecía más fácil, podíamos aguantar entre película y película. Ahora da la sensación de que nos hemos vuelto nuevos ricos o algo así, y que si no haces una película qué haces. Hay una especie de obsesión por hacer películas. Sabemos hacer películas pero no sabemos venderlas. No sé lo que va a pasar. Puede que haya un crack y tengamos que volver a lo de antes, irnos a vivir a un piso alquilado y eso. Efectivamente, las películas tienen mejor calidad, mejor fotografía, mejor producción, están más elaboradas, los actores están mejor pero no sé si esto se va a poder mantener o no. Muy pocas películas son rentables en taquilla. Hay algo que no cuadra. Quizá habría que empezar a prepararse para olvidarse de las subvenciones. Están las televisiones que son mucho más importantes que las subvenciones.

P.- ¿Qué te parece lo del Oscar a Belle Epoque? R.- Lo del Oscar ha sido una cosa sorprendente, porque los españoles no nos consideramos. Tenemos un concepto muy bajo de nosotros mismos. No en el cine, en todo. Que a un amigo tuyo, un tío que ha estado contigo y has hecho cosas con él, le den un Oscar te deja como anonadado. Es maravilloso. Indudablemente significa que si le han dado un Oscar es porque se lo merece, porque nadie regala nada. Quiere decir que el cine español, o determinado cine español, puede funcionar muy bien fuera, puede ser reconocido y admirado por la crítica y por el público. Nadie va a decir que quiere ahora mismo veinte películas más españolas del último año. No. Pero ya con el éxito de Belle Epoque con el Oscar y con el éxito de Jamón, jamón, Penélope Cruz, por ejemplo, se ha convertido en una promesa internacional y eso es cojonudo. Eso quiere decir que tienes a Antonio Banderas, a Carmen Maura, a Victoria Abril, a Penélope, a Ariadna Gil, me imagino que Jorge Sanz también debe estar muy bien visto. Muchas películas pueden tener una salida fuera. A nosotros nos ha llamado la distribuidora que lanzó Como agua para chocolate preguntando por Alegre ma non troppo antes de que la película se estrene. Nos hemos quedado alucinados. Se han enterado de que se hace una película en España, que trabaja Penélope Cruz, que es una historia con músicos, les suena bien, lo que te hace sospechar que si lo sabemos aprovechar puede haber una posibilidad de colarse.


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