Letras
Notas



Letras: Notas:
Las islas en la literatura:
En notables ocasiones se utilizan las islas como espacios para configurar realidades paralelas al resto del mundo a través de la magia y la fantasía. El mar, en estos casos, anula el paso del tiempo y actúa como frontera con la realidad. La condición de supra-naturalidad asocia a la isla el mito de la utopía: espacios de abundancia, de juventud eterna y de disfrute, verdaderos paraísos de la naturaleza. Así pues encontramos dos concepciones principales sobre las islas: 1. Espacio de cortas posibilidades que obliga al hombre a organizar sus prioridades para sobrevivir. 2. Mundo de fantasía y de aventura. (islasperihum.blogspot.com)

Inacción de Dios:
[Sobre El manantial de la doncella de Bergman (1958)] La princesa virginal, ahora muerta, en realidad lo era sólo en apariencia; su madre, Märeta, se culpa de lo sucedido “por amarla a ella más que a Dios”, y otro tanto se apunta la descarriada Ingeri, consumida por su condición adoptiva y la disidencia de su culto a Odín, cuando el ente más cercano a la santidad es, claramente, el benjamín de la cuadrilla de asesinos, cuya infancia e inocencia no obstan para que Töre le quite la vida igual que a sus hermanos mayores. Bergman propone también una extraña sensualidad de los opuestos en las escenas previas a la violación, con una Karin que coadyuva sin querer al fatal desenlace mientras se pierde en sus deleites de niña mimada, y unos pastores libidinosos forzando un cortejo imposible mientras los planos se cierran, primero sobre los rostros, y sobre el grupo más tarde. Mientras tanto, Dios, que prefiere divertirse a guardar silencio, deposita en el sapo que la envidiosa Ingeri había introducido en el pan de la joven la revelación del mal que está a punto de acometerse, y que a modo de desquite premonitorio, de negligencia hipócrita, queda a los ojos silenciosos del cuarteto durante el instante previo a la tragedia: “¿Aún no habías visto Mi señal? Pues para ti ya es tarde, hija Mía”, parece excusarse el Creador. En efecto, Dios no calla del todo, pero está sordo y reacciona tarde, y para colmo sólo responde a la voz de los aduladores, de forma que cuando Töre halla el cuerpo de su primogénita y alza sus manos al cielo, prometiendo expiar sus pecados levantando una iglesia en el mismo lugar, el Todopoderoso se despereza con un truco de ilusionista y hace que de allí brote agua, dejando a sus títeres humanos entre el consuelo inútil y el ejercicio de poder implícito en tan inescrutable designio. El manantial de la doncella es, en definitiva, la constatación de un desequilibrio, el de de la omnipotencia del Ser Supremo respecto a su ajenidad y sus caprichosas fluctuaciones. (David Fuentefría)

'La Isla de las Almas Perdidas', jugando a ser Dios:
A partir de un sólido guión de Waldemar Young y Philip Wylie (evidentemente, la obra de Wells es una base excelente, pero no sería la primera vez que se estropea en el cine), y apoyado en el brillante trabajo de Laughton, Kenton nos conduce de forma elegante y sin pausa por una historia que va oscureciéndose y desarrollándose conforme avanza el metraje. No hay giros sorpresa, todo nos viene dado con previo aviso, pero el suspense y el dramatismo de la historia provocan que, sin darnos cuenta, nos quedemos atrapados en el asiento; es la magia del cine. Poco a poco nos vamos acercando a la isla del título, descubriendo sus secretos, y conociendo a la perfección a los personajes principales, entre los que destaca especialmente el Dr. Moreau. Él es un hombre que está jugando a ser Dios, en una tierra donde todos los seres le obedecen ciegamente (sus razones tienen, aunque sean más débiles de las que creen en un principio). Si alguien quiere ver aquí una crítica religiosa o política, adelante, pero no creo que el film lo pretenda. Lo fantástico de este Moreau es que no se nos muestra como el típico científico marginado cuyas ideas le han separado totalmente de la realidad. Todo lo contrario, si se encuentra en esa remota isla, es porque, según sus palabras, sus investigaciones son demasiado extraordinarias para ser asumidas por la comunidad científica. No sé porqué me viene a la cabeza el tema de la experimentación con embriones humanos... En cualquier caso, no es un lunático digno de nuestro rechazo. Desde el principio, se nos presenta como un hombre culto, inteligente y, aunque tenebroso, también atractivo. Queremos que ocupe la pantalla todo el tiempo. Laughton consigue aportar todos estos matices y muchos más, componiendo un personaje mítico, que nos atrapa desde el momento que lo vemos por primera vez. Y como debe ser, tiene un final memorable, el único posible. (blogdecine.com)

Oh mar, enorme mar, corazón fiero de ritmo desigual, corazón malo, yo soy más blanda que ese pobre palo que se pudre en tus ondas prisionero. Oh mar, dame tu cólera tremenda, yo me pasé la vida perdonando, porque entendía, mar, yo me fui dando: "Piedad, piedad para el que más ofenda". Vulgaridad, vulgaridad me acosa. Ah, me han comprado la ciudad y el hombre. Hazme tener tu cólera sin nombre: Ya me fatiga esta misión de rosa. ¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena, me falta el aire y donde falta quedo, quisiera no entender, pero no puedo: es la vulgaridad que me envenena. Me empobrecí porque entender abruma, me empobrecí porque entender sofoca, ¡Bendecida la fuerza de la roca! Yo tengo el corazón como la espuma. Mar, yo soñaba ser como tú eres, allá en las tardes que la vida mía bajo las horas cálidas se abría... Ah, yo soñaba ser como tú eres. Mírame aquí, pequeña, miserable, todo dolor me vence, todo sueño; mar, dame, dame el inefable empeño de tornarme soberbia, inalcanzable. Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza, ¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh enojo! Desdichada de mí, soy un abrojo, y muero, mar, sucumbo en mi pobreza. Y el alma mía es como el mar, es eso, Ah, la ciudad la pudre y equivoca pequeña vida que dolor provoca, ¡Que pueda libertarme de su peso! Vuele mi empeño, mi esperanza vuele... La vida mía debió ser horrible, debió ser una arteria incontenible y apenas es cicatriz que siempre duele. (Alfonsina Storni, Frente al mar)

Este es el mar El mar con sus olas propias Con sus propios sentidos El mar tratando de romper sus cadenas Queriendo imitar la eternidad Queriendo ser pulmón o neblina de pájaros en pena O el jardín de los astros que pesan en el cielo Sobre las tinieblas que arrastramos O que acaso nos arrastran Cuando vuelan de repente todas las palomas de la luna Y se hace más oscuro que las encrucijadas de la muerte (Vicente Huidobro)


El mar y el carácter isleño:
Elemento fundamental en la conformación del carácter del isleño, el mar constituye el horizonte ante el que se desarrolla su vida. Desde casi cualquier punto de la isla, al levantar los ojos del suelo que pisa, se extiende ante él, inabarcable, con su ir y venir; incansable, con su fuerza de atracción y evocación; invitando a la imaginación a fantasear con mundos lejanos que se extienden al otro lado. El mar es el límite próximo y el horizonte lejano y, en ese sentido, el isleño puede vivirlo, se ha dicho, como cerco opresor que estrangula su anhelo de movimiento, o como espacio abierto ante sí, camino, posibilidad. Juan Rodríguez Doreste señala que hay tres sentimientos fundamentales en el alama canaria: sentimiento del mar, aislamiento y cosmopolitismo. Nada escapa al mar, los tres sentimientos son uno, el aislamiento procede de su vivencia como camino. El sentimiento del mar -señala- se manifiesta en nuestra capacidad para el silencio, el silencio expresivo (...) raíz indudable también de nuestra respetuosa continencia ante la majestad natural, humana o divina, de nuestra religiosidad sin aparato, de nuestro sentido de la intimidad. (Angeles Abad)


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