Fondos marinos
Zona abisal



Zona abisal:
El primer sondeo profundo fue realizado por sir John Ross en enero de 1840, en el Atlántico Sur, a bordo del Erebus. Utilizó una estacha de cáñamo de 6.600 metros amarrada a un eslabón giratorio para evitar la torsión durante el descenso. Resistía el peso de unos 30 kg de lastre de plomo y estaba enrollada al tambor de un torno, que podía girar libremente. En 1895 se habían realizado 550 sondeos a más de 5.500 metros de profundidad. Tras la I Guerra Mundial se dispuso del ecosondador, que determina la profundidad midiendo el tiempo de propagación del sonido en el mar (1.463 m/s). A mediados del siglo XIX prevalecía la teoría del naturalista inglés Edward Forbes (1815-1854). Su doctrina del cero de la vida animal afirmaba que a partir de los 500 metros no existía ningún ser vivo. Entre las principañes expediciones que aportaron datos sobre la vida en aguas muy profundas está la del Challenger (1872-76), dirigida por el inglés Wyville Thomson, que demostró que había vida hasta los 5.000 metros de profundidad. Otras han sido la Meteor (1950-52), Danal I y II, Discovery I y II (1925), Galathea (1950-52), Nautile, Trieste, Kaiko y la más reciente Shinkai 6500, que llegó hasta los 10.900 metros, desde el cual, a 6.400 metros de profundidad, el científico James Hunt, avistó una extraña criatura sobre la que aún no se sabe casi nada.

Bacterias y criaturas abisales (s.XXI):
Las investigaciones (2004) de Henry A. Ruhl y Kenneth L. Smith de la Institución Scripps de Oceanografía en California demostraron la influencia de las condiciones climáticas de la superficie sobre especies que viven a unos 4000 metros de profundidad en el Pacífico. Sus trabajos registraron una marcada tendencia en la estructura de la comunidad de la megafauna epibéntica dominante síncrona con la evolución de los episodios de El Niño/La Niña, durante el período 1989-2002. La Elpidia minutissima aumentó abundantemente durante el período 1989-1996, para decrecer marcadamente en el período 1999-2000 hasta, prácticamente desaparecer, entre 2001 y 2002. La Peniagone vitrea, mostró un comportamiento parecido. Otros organismos como Abyssocucumis abyssorum, Scotoplanes globosa, Psychropotes longicauda, etc., durante la mayor parte del período estudiado, aparecieron en concentraciones pequeñas mientras que su población creció abundantemente durante el período 2001-2002. La biomasa abisal es apenas de 22 a 56 gr/m3 entre los 200 y los 500 m, y de 9 a 26 gr/m3 de los 2000 a los 9000 m. El bentos de la zona hadal o ultraabisal logra adaptarse a la presión, oscuridad y falta de oxígeno y alimento. La temperatura oscila entre 5 y 1ºC.

Batisfera Beebe. Batisfera Trieste Shinkai 6500

Las bacterias conforman la biomasa más abundante. Algunas son autótrofas quimiosintéticas, que cubren sus necesidades de carbono, a expensas del ion bicarbonato, oxidando amoniaco, hidrógeno, nitrito, metano o substancias inorgánicas. Las heterótrofas, se nutren de la masa orgánica disuelta que aporta el agua circulante y de detritos. Entre las especies animales están variadas formas de rizópodos y una gran variedad de esponjas, entre las que son especialmente características las hexaltinélidas. Entre los celentéreos se encuentran hidrozoos, como grandes pólipos solitarios, pennatularios y actinias. Se han encontrado 375 especies de equinodermos por debajo de los 2.000 metros. Los briozoos abisales son raros, se encuentran algunos anélidos poliquetos y los braquiópodos se encuentran en un número muy notable. La mayor parte de cefalópodos de profundidad son batipelágicos. Entre las formas vida se da un alargamiento de órganos táctiles. Por medio de la bioluminiscencia se procura la atracción de presas. Además de los organismos con cuerpos transparentes, la pigmentación se da entre tonos rosados y violetas. El rojo no resulta atrayente porque las ondas luminosas rojas no traspasan las capas superiores del océano. Se supone que el crecimiento de los seres abisales es lento y su vida muy larga.


William Beebe y Otis Barton se sumergen en la batisfera (Bermuda 1930):
Finalmente estábamos todos preparados y miré a mi alrededor el mar y al cielo, a los barcos y a mis amigos, y al no ser capaz de pensar en algún dicho conciso y expresivo que pudiera hacerse eco a lo largo de los siglos, no dije nada, me arrastré con esfuerzo por encima de los tornillos de acero, me dejé caer en el interior y me acurruqué en el frío y duro fondo de la esfera. Esto me hizo recuperar el habla y pedí un cojín. Otis Barton se metió detrás de mí, desenredamos las piernas y nos preparamos. No me imaginaba que hubiera tanto espacio en el interior de la esfera de metro cuarenta de diámetro, aunque cuanto más tiempo pasamos dentro, más pequeña nos parecía. A sugerencia de Barton, ocupé mi posición en las ventanas mientras que él se arrimó por el lado de la puerta, donde podía vigilar los diversos instrumentos. También se puso los audífonos. En la cubierta, la señorita Hollister se encargaba del otro extremodel teléfono, mientras que el señor Tee-Van asumía el control de la tripulación de cubierta. Di la señal y la puerta de doscientos kilos fue levantada en el aire y deslizada a su sitio con el sonido metálico del frío acero. Los tornillos fueron enroscados y seguidamente remachados, en el interior las terribles reverberaciones casi nos dejaron sordos. Estábamos herméticamente encerrados con sólo una abertura de diez centímetros en el centro de la puerta. Al final, este gran tornillo fue bien ajustado y nos quedamos totalmente aislados del mundo del sol y aire y de los seres humanos, salvo por las reconfortantes palabras que se deslizaban arriba y abajo por los cables del teléfono [...] Nos elevamos de la cubierta como el más ligero de los despegues de un avión, y nos balanceamos por el costado. Aquí oscilamos unos momentos y luego empezamos a hundirnos lentamente (W.Beebe, Un viaje de ida y vuelta al cofre de Davy Jones)


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