HISTORIA
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Cisneros




Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517) Francisco Jiménez de Cisneros (Torrelaguna 1436-Roa 1517):
Después de cursar estudios eclesiásticos en Alcalá y Salamanca, marchó a Roma, donde el papa Paulo II le concedió un beneficio en el arzobispado de Toledo, que abandonó en 1484 para ingresar en la Orden franciscana. En 1492 es elegido como confesor por Isabel la Católica. En 1495 fue designado arzobispo de Toledo. En los años siguientes se entregó a la tarea de reformar las órdenes mendicantes de Castilla, de acuerdo con los deseos de los monarcas y del papa Alejandro VI. Para los musulmanes del reino de Granada propugnó una política dura, de conversiones forzadas y bautismos en masa; la aplicación de estos métodos provocó el levantamiento de las Alpujarras, finalmente sofocado tras más de dos años de luchas, Cisneros instó a los Reyes Católicos a dictar la pragmática de febrero de 1502, por la que se ordenaba la expulsión de todos los moros adultos no convertidos. A la muerte de Felipe I el Hermoso (1506), presidió la junta que, provisionalmente, asumió la gobernación del reino castellano, mientras allanaba a Fernando el Católico el retorno a Castilla; estos buenos servicios le valieron el capelo cardenalicio y el cargo de inquisidor general. Cisneros, imbuido del ideal de Cruzada, organizó las expediciones contra Mazalquivir (1507) y Orán (1509), financiadas con las rentas de la mitra toledana. Fernando el Católico le entregó la regencia de Castilla hasta la llegada de Carlos I. El enérgico cardenal desbarató el intento de restablecer a Juan de Albret en el trono de Navarra, y supo hacer frente a la aristocracia castellana apoyándose en la llamada gente de la ordenanza, milicia ciudadana inspirada en la Santa Hermandad. Murió cuando se dirigía al encuentro de Carlos I. Fue un gran impulsor de la cultura. Hizo de la Universidad de Alcalá de Henares el principal foco del Humanismo en España y patrocinó la Biblia Políglota Complutense.

Plateresco:
Castilla se había visto sometida, en el siglo XV, a las poderosas y contradictorias corrientes culturales europeas, a partir de las cuales había de modelarse un arte nacional. Los contactos comerciales con Flandes trajeron consigo las influencias nórdicas: el realismo flamenco en la pintura, el gótico flamígero en la arquitectura y la religión flamenca en los manuales de devoción popular tan leídos entonces. Al mismo tiempo, los tradicionales vínculos entre la Corona de Aragón e Italia introdujeron en la Corte española el nuevo humanismo italiano y, más tarde, la nueva arquitectura italiana. Estas corrientes culturales extranjeras se fundieron de algún modo con las tradiciones judía, islámica y cristiana de la Castilla medieval. El resultado fue, a menudo, una amalgama de influencias muy dispares, pero en algunas artes, especialmente en la arquitectura, surgió un estilo genuino que llegó a ser reconocido como característico de España. este fue el caso del plateresco, extraña mezcla de estilos arábigos y nórdicos que combinaba los motivos góticos y renacentistas para crear superficies fantásticamente ornamentadas. Alejado por igual del gótico medieval y del ideal renacentista, que quería que los detalles estuviesen subordinados a la unidad, el plateresco era un estilo que sugería vívidamente la exuberante y característica vitalidad de la Castilla de Isabel. Sin embargo, como todas las demás realizaciones coetáneas, la creación del estilo plateresco dependió tanto de la dirección y el impulso dados por los dirigentes como de la vitalidad creadora de los dirigidos. El plateresco era un estilo rico y extravagante que quería unos mecenas ricos y extravagantes. Enrique de Egas construyó el Hospital de Santa Cruz de Toledo para el Cardenal Mendoza. Pedro de Gumiel la universidad de Alcalá por encargo del Cardenal Cisneros. Los Grandes castellanos rivalizaban en el mecenazgo con los altos personajes eclesiásticos y se hacían levantar suntuosos palacios como el de los Duques del Infantado, en Guadalajara, con su complicadísima y magnífica ornamentación. Pero es sintomático de la recién adquirida supremacía de la monarquía de España, el hecho de que muchos de los más ricos e impresionantes edificios fuesen fundaciones reales: el Hospital de los Reyes de Santiago, la cartuja de Miraflores, la Capilla Real de Granada. Fernando e Isabel realizaron una enorme labor restauradora y constructora y dejaron en todas sus creaciones, enforma de emblemas y medallones, anagramas y divisas, la huella de su autoridad real. (Elliott)


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