HISTORIA
Religiosos



Religiosos:
Monjes en la corte merovingia (496):
Clodoveo se había hecho bautizar si fe ni piedad en el año 496. Decretó que el pueblo franco hiciese lo mismo para contar con el dios de los cristianos como aliado de su despótico reinado. A finales del siglo V numerosos conflictos por territorios enfrentaban a francos, burgundios y visigodos. Cuando irrumpieron los francos los galos llevaban cinco siglos sometidos a la influencia romana. Monjes llegados de Irlanda e Inglaterra penetraron en las zonas salvajes y en los densos bosques del norte de Alemania y en Holanda. Los inicios de la predicación del Evangelio llevó a muchos monjes al martirio porque los campesinos y guerreros mantenían un fuerte vínculo con la fe de sus antepasados.

    Los monjes tenían aún muchísimo quehacer en el país de los germanos. Fundaron monasterios y enseñaron a los francos o alamanes el cultivo de los árboles frutales y la vid y mostraron a aquellos feroces guerreros que en el mundo existían otras cosas además de la fuerza corporal y el valor en la batalla. Fueron muy a menudo consejeros de los reyes cristianos de los francos en la corte merovingia; y como eran quienes mejor sabían leer y escribir, redactaban las leyes y realizaban para el rey todas las tareas de escribanía. Pero los trabajos de escribanía eran también tareas de gobierno, pues los monjes escribían cartas dirigidas a otros reyes, mantenían los vínculos con el papa de Roma y, vestidos con sus hábitos sencillos y nada vistosos, eran los auténticos soberanos del reino de los francos, sumido todavía en un gran desorden. (Gombrich)

Arnaldo de Brescia (finales s.XI-1155):
Ya en su ciudad natal había participado en las agitaciones contra el obispo-conde y contra el clero mundanizado. Condenado al destierro por el II Concilio lateranense (1139), en tiempos de Inocencio I, fue, en Francia, decidido sostenedor de Pedro Abelardo en la contienda con San Bernardo. Condenado de nuevo en el Concilio de Lens (1142), expulsado de Francia. Refugiado en Alemania, se retracta de sus ideas (1143), y es perdonado por el papa Eugenio III. Volvió a Roma en 1145 en el período de la sublevación comunal contra el gobierno pontificio. Roma está entonces regida por un senado y con Giordano Pierleone como Patricio. Se une al movimiento comunal y es nombrado su director espiritual. Comenzó a predicar pretendiendo reformar las costumbres según el ideal evangélico. Sostenía la pobreza absoluta del clero y la separación rigurosa del poder espiritual del temporal. Aun sin declarada voluntad de Arnaldo, su movimiento ascético-religioso y el político realizado a la sazón en la ciudad acabaron por confundirse y la preeminente personalidad de Arnaldo hizo que se le considerase jefe del Municipio. Fue nuevamente excomulgado por Eugenio III en 1148. A raíz del asesinato de uno de sus cardenales Adriano IV lanza un interdicto contra Roma exigiendo la expulsión de Arnaldo para levantarlo. Consecuencia inmediata de la alianza entre el emperador Federico Barbarroja y Adriano IV fue la detención y la condena a muerte de Arnaldo. Fue ahorcado y quemado y las cenizas arrojadas al Tíber para impedir que sus seguidores lo venerasen como un mártir.

Alejandro VI Jacques de Molay San Francisco de Asís. Giotto Convocatoria de Urbano II

Jacques de Molay (1243-1314):
Ultimo Gran Maestre de la Orden de los Templarios. Esta había llegado, entre el siglo XIII y el XIV, a la cima de la potencia económica (con los templarios se había iniciado el gran tráfico bancario y en sus castillos se custodiaban los tesoros de reyes y de príncipes) y de la influencia política (a través de las empresas militares, las vastísimas posesiones territoriales, el mismo poderío económico). Su ostentosa independencia frente a la Iglesia y el Estado determinó un fácil acuerdo entre Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, y el papa Clemente V (ya en Aviñón y, bajo la directa protección del rey). Llamado con un pretexto a Francia desde Chipre, fue detenido a traición en 1307 y sometido a escandaloso proceso de herejía que Dante selló con versos famosos (Purgatorio, XX, 92) y que determinó la supresión de la Orden. Obligado por la tortura a confesar las culpas más infames, ante la hoguera se retractó valerosamente, citando al rey y al Papa ante el tribunal de Dios. La muerte en el mismo año de uno y de otro pareció reforzar la convicción pública de que había sido víctima de una enorme injusticia.

Inocencio III (1160-1216):
Papa desde 1198 a 1216. Notario de Segni. Después de Gregorio VII y antes de Bonifacio VIII, fue el máximo defensor teórico y práctico del ideal teocrático, la supremacía del Vicario de Cristo sobre todos los poderes terrenos. Obtuvo señalados aunque efímeros éxitos en sus intervenciones en toda la política europea. Su obra de reforma de la Iglesia culminó en el gran Concilio lateranense (1215), el más importante, por las decisiones tomadas, de todo el Medievo. Concedió el primer reconocimiento a las Ordenes mendicantes de Santo Domingo y de San Francisco. Menos afortunada fue su acción en favor de una nueva Cruzada (que se hizo, pero fue la cuarta, la que sirvió más claramente a miras temporales, especialmente de Venecia). Combatió hasta el exterminio a los herejes cátaros y albiguenses, pero las correspondientes campañas militares escaparon a su dominio y se convirtieron en guerras de conquista y de rapiña. Autor de diversas obras como De contemptu mundi

Castillo de Santangelo. Roma Tormento con inquisidores San Roque peregrino Concilio de Trento

Severino Boecio (Roma 480-524):
Bajo Teodorico obtuvo cargos públicos y favores a pesar de serle hostil. Acusado de tramar acuerdos secretos con Bizancio, parece que fue encerrado en la torre del baptisterio de Pavía, en donde compuso su escrito más célebre, el De consolatione philosophiae, uno de los libros más leídos, más traducidos, más imitados en todas las literaturas, fundado sobre un eclecticismo en el que coinciden las más diversas corrientes del pensamiento antiguo, sin huellas de pensamiento cristiano, no obstante la profesión religiosa del autor. La condena a muerte fue ejecutada; es incierto dónde y cómo. Fue llamado el último de los romanos y el primero de los escolásticos. Su vastísima obra resultó el enlace fundamental entre la cultura clásica y el medievo.


Conflicos en torno al poder temporal:
Una importante baza de los emperadores en la pugna por el poder que mantenían con el papa eran los deseos de reforma de los creyentes ante las prácticas poco cristianas de los altos cargos de la Iglesia. El éxito de la orden de Francisco de Asís proporciona ejemplos de vida religiosa que contrastan mucho con los usos eclesiásticos. Los fratricelli que demandaban una clase de vida austera a la Iglesia son tratados como una amenaza. Los distintos intereses entran en violento conflicto a raíz de la herejía albigense contra la que se llama a la cruzada. La fe de los cátaros es utilizada por el poder feudal como elemento de cohesión local frente al empeño centralizador del rey de Francia. La familia Trencavel regía el vizcondado desde el año 1067 aliándose alternativamente con los Condes de Barcelona y con los de Tolosa. El conflicto se desarrolla con violentas campañas como el asedio de Carcasona (1209) y se salda con la exterminación de los cátaros. El vencedor Simón de Montfort se convierte en el nuevo vizconde y derrota a Pedro II de Aragón en la batalla de Muret (1213). Los reyes de Francia pasan así a dominar Occitania.

San Francisco de Asís (1182-1226):
Regresa a Asís de su encierro en Perugia para realizar obras de caridad (1205). En 1208 escuchó una llamada diciéndole que saliera al mundo y, siguiendo el texto de Mateo 10, 5-14, “no poseyera nada pero hiciera el bien en todas partes”. En 1212 recibió en la comunidad franciscana a una joven monja de Asís de buena cuna, llamada Clara; a través de ella se fundó la orden de las Damas Pobres (las clarisas, más tarde Segunda Orden franciscana). Probablemente ese mismo año Francisco emprendió camino hacia Tierra Santa (véase Palestina), pero una tempestad le obligó a volver. Otras dificultades le impidieron cumplir gran parte de la labor misionera cuando llegó a España para evangelizar a los musulmanes. En 1219 se encontraba en Egipto pero no consiguió convertir al sultán. Viajó a Tierra Santa permaneciendo allí hasta el año 1220. Quería ser martirizado y se alegró al saber que cinco monjes franciscanos habían muerto en Marruecos mientras cumplían sus obligaciones. A su regreso, encontró oposición entre los frailes y renunció como superior. Dedicó los años siguientes a planear lo que sería la Tercera Orden franciscana, los terciarios. Muere en 1226 y es canonizado en 1228.


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