HISTORIA
Esclavitud
Africa



Cubierta de barco negrero Africa y la trata de esclavos:
Teniendo en cuenta el desarrollo posterior, es sorprendente que falte en la lista de mercancías que formaban el primitivo comercio de Guinea los esclavos. En Guinea existían, por supuesto, esclavos domésticos, sobre todo en las comunidades más desarrolladas, que trabajaban como sirvientes y obreros agrícolas de los reyes y otros personajes importantes, y, sin duda, los cargadores de las caravanas comerciales eran también esclavos. Pero parece que el comercio de esclavos, por lo menos en gran escala, se desarrolló posteriormente. Las referencias a la exportación regular de esclavos negros al norte de Africa, muchos de los cuales deberían proceder del sur del Sudán, no aparecen en las fuentes árabes hasta el siglo XII, aproximadamente. Parece que este comercio se extendió solamente después de la expansión del Islam en el Sudán occidental, que siguió a la conquista de Ghana por los almorávides. Es evidente que el comercio de esclavos a gran escala adquirió importancia en las costas de Guinea sólo cuando crecio la demanda europea, a partir del siglo XVI. Sin embargo, las demás ramas del comercio estaban ya muy desarrolladas cuando los europeos llegaron a la costa. (Oliver y Fage)

Consecuencias del tráfico para Africa:
Efectos demograficos:
El tráfico de esclavos provocó estragos en Africa, los cuales aún hoy en día se hacen sentir. Durante cuatro siglos este continente fue escenario de guerras y razzias por la captura de esclavos. Millones de africanos fueron exportados para tierras lejanas, otros tantos millones murieron en largas marchas hasta la costa y en los almacenes a la espera de ser embarcados. Este éxodo forzado de millones de personas provoco la disminución del crecimiento vegetativo de la población africana, ya que los hombres y mujeres en edad de procreación eran vendidos. Algunos investigadores llegan a decir que entre los siglos XV y XIX el continente perdió más de cien millones de hombres y mujeres jóvenes. Varias regiones africanas quedaron casi totalmente despobladas. El investigador André Gunder Frank en su libro La Acumulación Mundial 1492-1789 señala la cifra de 13.750.000 esclavos traídos a América entre los siglos XVI y XIX, a lo que el investigador Enrique Peregalli añade un 25% por muertes en el trayecto y un 25% más por muertes en Africa con motivo de las guerras de captura, lo que da un total de 20.625.000 africanos perdidos para el continente en ese período(). Igualmente, se calcula que en ese período sólo desde la costa de Angola a los puertos de São Tomé y América fueron transportados tres millones de esclavos. Así se explica que las zonas más pobladas en el Siglo XV como el Congo, Ndongo y Quissana, en el Siglo XVII estuviesen ya despobladas. Además, muchas poblaciones, ante el peligro de la esclavitud, abandonaron sus zonas originales, refugiándose en las regiones interiores, ayudando a la despoblación.

Bodega de barco negrero Efectos políticos:
El comercio de esclavos era el más lucrativo y los europeos se encargaron de persuadir a los jefes locales y a los mercaderes africanos para participar en él. De este modo se produjo una reacción en cadena. La aristocracia, los jefes y los comerciantes africanos querían aumentar su riqueza, autoridad y poder, queriendo también defender su independencia. Para ello, necesitaban de armas de fuego y mercancías de Europa. En este contexto, la fabricación de armas de fuego se transformó en un gran negocio de exportación. Con ellas se organizaban extensas cazas de hombres, ataques a otros pueblos, tribus y aldeas, con el fin de someterlos y venderlos como esclavos. De este modo, se deterioraron las relaciones entre los diversos estados y pueblos. Los pueblos del litoral y del interior más próximo se encontraban en guerra continua. Así, a partir del Siglo XVI los reinos de Benín, Congo y Angola en Africa Occidental, tal como el Imperio Mutapa en Africa Oriental, se desmoronaron. En los siglos XVII, XVIII y XIX, en las selvas del Golfo de Guinea y en el valle del río Zambeze se desarrollaron estados militares con base en el comercio de esclavos. Tenían una rígida organización militar, poseían grandes ejércitos permanentes y se enriquecían con la venta de sus propios hermanos, haciendo la guerra a los pueblos vecinos.

Efectos económicos:
Además de la captura de hombres y mujeres, el tráfico promovió el saqueo sistemático de los bienes producidos. Ya sea a través de tributos o de pillaje, los traficantes saqueaban el producto de las cosechas, ganado, marfil, pieles, cera, maderas preciosas. Las actividades económicas como la agricultura, minería, artesanía, alfarería y el comercio local fueron abandonados y se orientaron a una actividad económicamente más productiva: la esclavitud. El tráfico de esclavos trajo al continente africano un estancamiento, por no decir un retroceso económico. La agricultura, los tejidos, la fundición y la forja de metales se fueron reduciendo. En contrapartida, se desarrolló la exportación de seres humanos. En lugar de poner a la venta productos, ahora el único producto de fácil venta en el mercado eran los propios productores. Las pequeñas industrias locales no pudieron sobrevivir. Por lo tanto, el tráfico de esclavos retardó el desarrollo y creó condiciones para el actual estado de subdesarrollo. (Marco Antonio Barticevic)


Livingstone relata la liberación de un grupo de esclavos:
Al cabo de unos instantes, Mbamé nos dijo que una cuerda de esclavos iba a cruzar el poblado para ir a Tete. ¿Debíamos intervenir? Esta era la pregunta que nos hacíamos. Todo nuestro equipaje personal que contuviera algo de valor estaba en manos de los habitantes de Tete. Si liberábamos a los esclavos, era posible que, en compensación, nos arrebataran nuestros bienes, e incluso objetos que nos habían sido confiados por necesidades de la expedición. Pero estos negreros que penetraban gracias a nosotros en un lugar a donde no se atrevían a aventurarse hasta entonces, estos cazadores de hombres que fomentaban la guerra civil para abastecerse de cautivos y que se llamaban hijos nuestros para mejor alcanzar su meta, se oponían tanto a la misión que se nos había encargado, misión aprobada por el gobierno portugués, que no podíamos permanecer con los brazos cruzados. Se decidió pues que intentaríamos detener este odioso comercio que se aprovechaba de nuestros descubrimientos para ampliarse. Llevábamos sólo unos pocos minutos sobre aviso cuando una larga cuerda compuesta de hombres, mujeres y niños, atados en fila uno tras otro y maniatados, serpenteó en la colina y tomó el sendero hacia el poblado. Los agentes negros de los portugueses, armados con fusiles, ataviados con vistosos atuendos, y situados en la vanguardia, en los flancos y en la retaguardia de la tropa, caminaban con paso decidido. Algunos le arrancaban alegres notas a unos largos cuernos de hojalata; todos ponían cara de gloria, como gente convencida de que ha llevado a cabo una noble acción. No obstante, en cuanto nos vieron, estos triunfadores se precipitaron tan rápidamente bosque adentro que sólo pudimos entrever sus gorros rojos y las plantas de sus pies. El jefe, que iba delante, fue el único en permanecer en su puesto. Uno de mis hombres lo reconoció y le estrechó fuertemente la mano. Era un esclavo del antiguo comandante de Tete; nosotros mismos lo habíamos tenido a nuestro servicio. [...] A las preguntas que se le dirigieron con respecto a los cautivos, contestó que los había comprado, pero cuando más tarde se interrogó a los cautivos, nos dijeron todos, excepto cuatro de ellos, que habían sido apresados en combate. Pronto tuvimos cortadas las ataduras de las mujeres y de los niños, pero liberar a los hombres resultaba más difícil. Todos estos desgraciados tenían el cuello apresado en la horcadura de una gruesa rama de unos dos metros de largo, mantenida en el cuello por una varilla de hierro firmemente clavada en los dos extremos. Sin embargo por medio de un serrucho, que por fortuna se encontraba en el equipaje del jefe de la diócesis, les devolvimos la libertad. Les dijimos entonces a las mujeres que cogieran la harina que transportaban y que hicieran con ella unas gachas para ellas y para los niños. Al principio no se lo quisieron creer: era demasiado bonito para ser verdad. Pero cuando se les reiteró la invitación, rápidamente se pusieron manos a la obra, hicieron un gran fuego y arrojaron las cuerdas y las horcaduras, sus malditas compañeras durante tantas noches dolorosas y de tantos días de fatiga. Muchos de los niños apenas tenían cinco años de edad, e incluso los había más jóvenes. Un pequeño le decía a nuestros hombres, con la simplicidad propia de su edad: "Nos habéis desatado, y luego nos habéis dado de comer. ¿Quiénes sois y de donde venís?" La víspera habían sido matadas dos mujeres por haber intentado desatarse las correas. Se les había advertido a todos los cautivos que les ocurriría lo mismo si intentaban evadirse. Una desafortunada madre, que no había querido coger un fardo que le impedía llevar a su niño, vio inmediatamente cómo le saltaban la tapa de los sesos de un tiro al pobre pequeño. Un hombre que no podía seguir a los demás debido al cansancio, había sido despachado de un hachazo. Ya que no la humanidad, el interés al menos debería haber impedido estos asesinatos. En este horroroso comercio siempre hemos visto que el desprecio por la vida humana y la sed de sangre prevalecían sobre la razón.(David Livingstone)


Isla de Goree Ultimos años de la trata (s.XIX):
A mediados del s. XIX, Zanzíbar era el único centro comercial de cierta importancia situado en la costa oriental del continente africano. Cada año llegaban a la isla entre 20.000 y 40.000 esclavos de los que, aproximadamente la mitad, eran exportados a países islámicos como Arabia, Egipto o Turquía. Aunque los buques de guerra británicos y franceses patrullaban las inmediaciones del enclave para evitar el tráfico de esclavos, éste constituía la principal fuente de ingresos del floreciente emporio que, junto al Sudán, en el otro extremo del continente, era el foco fundamental de la esclavitud en África. Sin embargo, el tráfico de esclavos no se encontraba en manos de las potencias europeas sino que seguía firmemente controlado por negreros de religión musulmana que no sentían la menor compasión hacia aquellos a los que denominaban despectivamente kafires. De las potencias occidentales, sólo Portugal seguía recurriendo a la esclavitud y oponiéndose a los intentos antiesclavistas porque, incluso en aquellos lugares donde la esclavitud sería legal todavía algunos años, como en EEUU o en la Cuba española, no se recurría a la importación de esclavos, sino al aprovechamiento de los desdichados hijos de los ya existentes. Poco puede negarse la responsabilidad de las potencias occidentales en la trata de negros desde finales del siglo XV a la segunda mitad del siglo XIX. (César Vidal)

Condiciones de vida tras la emancipación en EE.UU.:
Aunque la guerra de Secesión dio a los habitantes de color americanos su emancipación política, siguieron estando ligados a un sistema económico explotador que los obligaba a un estado de casi servidumbre. Después de la guerra civil y durante un corto periodo de tiempo de reconstrucción en el que los negros lograron importantes ganancias políticas, los propietarios blancos de plantaciones pudieron volver a establecer su control sobre sus antiguos esclavos el sistema de aparcerías. Próximos a la miseria, sin tierras y desesperados por conseguir trabajo, los miembros de la comunidad de color americana se convirtieron de mala gana en peones en el nuevo sistema de distribución y trabajo de las tierras. Les arrendaron granjas, y les proporcionaron casa, semillas, herramientas de labranza y mulas. En contrapartida, el 40% de sus cosechas debían ser entregadas al terrateniente. Si bien, en principio, la cosecha restante era para el aparcero, prácticamente no podía vivir con ella. El estipendio mensual o finiquito que permitía a los aparceros cubrir los gastos mensuales era siempre demasiado escaso, y ello les obligaba a endeudarse con el almacén general de la plantación. Los productos tenían precios normalmente muy altos y los tipos de interés del crédito resultaban, generalmente, exorbitantes y abusivos. Como resultado de esta situación, una vez la cosecha estaba recogida y repartida, los aparceros se hallaban inevitablemente ante la situación de deberle al terrateniente más dinero que el correspondiente a su parte de la cosecha, forzándoles a mayores deudas y a una prolongación de su dependencia. Con demasiada frecuencia los plantadores fijaban los resultados de la cosecha trampeando las cifras para los aparceros. Todo ello llevó a que se estableciese un rígido sistema de segregación garantizado por un régimen de terror en el que dominaba la supremacía blanca frente a una dócil clase trabajadora. [...] Las casas de las plantaciones eran extremadamente primitivas, sin calefacción ni agua corriente. Los niños apenas estaban escolarizados y, por regla general, debían ayudar en los campos. El sistema de aparcerías no era nada más que un sistema similar al de la esclavitud pero con otro nombre. (Jeremy Rifkin)


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