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Enfrentamientos Canarias/Berbería



Enfrentamientos Canarias/Berbería:
Cuando se inicia la conquista de las islas la costa africana contigua no era desconocida. En 1291 la expedición con dos galeras de los genoveses Vivaldi probablemente alcanzó esa parte de la costa. Un mallorquín o catalán, Jaume Ferrer, realizó un viaje a la tierra continental según consta en dos importantes documentos. El mapa catalán de 1375 incluye la leyenda partich l'uxer d'en Jacme Ferrer per andar el riu de l'or, lo gorn de San Lorens, qui es a X de agost y fo el any M.CCC.XLXI. La carta de Viladestes concuerda con lo descrito en el mapa. La ocupación parcial de la zona fue casi contemporánea de la conquista de las grandes islas. Tanto portugueses como españoles lograron asegurarse bases comerciales y militares desde Orán a la Mina. Santa Cruz de Mar pequeña había sido fundada para servir de protección a las actividades comerciales (1478). La modalidad de comercio pacífico daba a menudo malos resultados. La posibilidad de caer prisionero era considerable. La actitud de ambas partes aumentaba las desconfianzas y el establecimiento de relaciones normales se hacía cada vez más difícil.

    El contacto con la ruta comercial de las caravanas sería el más poderoso incentivo comercial para los pueblos europeos, en particular portugueses y castellanos, pues ellos conducían a los puertos del Atlántico el codiciado oro en polvo de Tivar, o sea de los mercados de la curva del Niger, Tombuctú y Gao principalmente, así como otros valiosos productos africanos: esclavos sudaneses, malagueta, marfil, plumas de avestruz, etcétera, personas y artículos que se podían adquirir con poco costo y consiguiente gran provecho, a cambio de tejidos burdos, plata, granos, etcétera". (Rumeu de Armas, 1955)

Conquistas norteafricanas de Fernando el Católico:
Después de la muerte de Isabel (1504), Fernando el Católico inició una actuación sistemática en Africa. Buscaba la protección ante posibles ataques musulmanes a las costas mediterráneas de España, le interesaba acceder a las fuentes auríferas africanas conocidas de antiguo y asegurar el aprovisionamiento mediterráneo en trigo. Termina la conquista de Canarias, fortifica Gibraltar y toma Melilla (1497). Conquista Mers-el-Kebir (Mazalquivir) en 1508. Ocupa el Peñón de Vélez de la Gomera (1508). Toma Orán (1509). En 1510 ocupa Mostaganem, Tremecén, Tenes y el Peñón de Argel. En el oeste africano mantiene la presencia en la torre de Santa Cruz de Mar Pequeña, frente a Canarias, somete de forma efímera a los jeques de las cinco tribus de Bu-Tata y realiza incursiones en San Miguel de Saca y cabo de Aguer.

Portugal defiende sus derechos exclusivos:
Las expediciones a la costa de Africa tropezaban con la vigilancia y la oposición enconada de los portugueses. La corona de Portugal había obtenido el reconocimiento por tratado de sus derechos exclusivos sobre la zona. Los conflictos de jurisdicción fueron frecuentes desde el siglo XV. Los intereses encontrados de las dos naciones fueron causa de continuas desavenencias, represalias y pleitos. En 1564 el rey de Portugal consiguió la licencia del rey de España para delegar en el licenciado Esquivel la función de juez de todas las expediciones canarias a Berbería y Guinea.

Incursiones de Diego García de Herrera:
Desde que en 1452 heredaron y asumieron el señorío de las Canarias, Inés Peraza y su consorte Diego García de Herrera, se convirtieron en campeones sin rival de la expansión de España en Berbería de Poniente. Herrera, el prócer sevillano, dirigió y alentó un sinfín de expediciones o cabalgadas al vecino continente, de las que siempre regresó victorioso y enriquecido. No puede sorprendernos que sus constantes relaciones con Africa le hiciesen abrigar el propósito de erigir en la costa un establecimiento fijo, una torre-factoría, que le permitiese el cómodo acceso a la ruta del oro de las caravanas, al par que la iniciación de estrechos contactos con las tribus, con vistas a su futura dominación política. (Rumeu de Armas)

No olvidemos que a gran parte de lo que fue el Sáhara Español se la denominaba Río de Oro, un topónimo de lo más explícito. El lugar elegido para el primer asentamiento en aquellas costas sería el Río de la Mar Pequeña, conocido desde hacía bastante tiempo por los marineros y pescadores andaluces. (F.García-Talavera)

Comercio de esclavos:
La organización de las cabalgadas que hasta entonces había sido relativamente libre, aún empeoró cuando una real cédula de 14 de febrero de 1572 prohibió definitivamente las incursiones y cerró la puerta del mercado de esclavos magrebí. El principal aliciente del comercio africano era el esclavo. El tráfico de esclavos fue muy activo en Canarias, con Berbería, con Guinea y más tarde, en colaboración con los portugueses, en Angola. El principio de la cabalgada contra los moros no sólo había quedado legalmente admitido, sino que fue estimulado y en cierto modo subvencionado, por haber abandonado la corona a los habitantes de Tenerife el derecho del quinto, que tenía sobre todas las presas.

Consecuencias de las incursiones violentas desde Canarias:
El balance de las penetraciones violentas canarias es desastroso a pesar de que representó ciertas ventajas momentáneas e individuales. Las rapiñas africanas que provocaron la reacción mora causó la pobreza y el estado de abandono histórico de Lanzarote y Fuerteventura, las víctimas preferidas de las invasiones. Mientras hubo en ellas esclavos moros, huyeron los vecinos, para evitar la promiscuidad y la contaminación, y cuando se invirtió el sentido de las incursiones, la población cristiana se vio diezmada. La necesaria convivencia con el continente vecino se mantuvo bajo condiciones precarias, cuando no angustiosas. Los asaltos con base en Canarias sirvieron como modelo a la piratería inglesa, que realizó su aprendizaje en íntima colaboración con piratas canarios.

Algunos refugiados franceses de los hugonotes desterrados por Luis XIV, propusieron poblar y defender el fuerte de Santa Cruz de Mar Pequeña. El proyecto fue rechazado por el gobierno de Madrid quizás por su condición de herejes.


Cabalgadas a Berbería (La Orotava, corazón de Tenerife):
En los primeros tiempos de nuestra historia fueron aventuras frecuentes las incursoines de rescate o entradas a Berbería. Se trataba de hazañas que requerían unos pocos permisos, así como algo de paciencia y capital, pero que con suerte resultaban a su término un magnífico negocio. las entradas se verificaban siempre siguiendo la misma pauta: se desembarcaba en un lugar poco defendido de la cercana costa africana, se llegaba sigilosamente a un poblado y, por sorpresa, se cogía cuanto botín y persona útiles se encontraban, para traerlos a estas islas; después se iba otra vez, ahora en son de paz, a ofrecer la libertad de los presos a cambio de dinero, mercancías o esclavos negros bozales -que eran los recién atrapados en su país de origen por los berberiscos-. A veces el pretendido negocio fracasaba y los que iban a apresar quedaban ellos mismos apresados; el saldo, sin embargo, fue generalmente positivo para los canarios. Asegura el profesor Alejandro Cioranescu que esta ocupación de pirata mercader tuvo bastante éxito y, lo que es más, gozó de una gran consideración social, pues en aquellos tiempos se podía ser piadoso y pagar las deudas con infieles, sin que estos negocios entraran en contradicción con la moral. Muchas de las personas que de esta forma violenta fueron traídas a nuestras islas se integraron entre nosostros ; a la innversa, también algunos canarios pasaron a residir en Berbería. Este último es el caso del orotavense Fernando Alvarez de Ribera, hijo del regidor Fernando Alvarez de Ribera y de Ana del Calvo, nacido en 1614, apresado por piratas a su regreso de Brasil en 1638 y llevado a Argel. Su madre, ya viuda, envió dinero para el rescate al dominico fray Melchor Alvarez de Ribera, hermano del cautivo. Con algunas limosnas más, el dominico reunió unos cinco mil ducados; pero consideró procedente especular el dinero para multiplicarlo, en cuyo empleo tardó varios años, hasta que Fernando, desesperado por los malos tratos recibidos, por no haber cumplido, renegó y se quedó definitivamente en Africa. (Antonio Luque)


Santa Cruz de la Mar Pequeña:
Diego de Herrera una vez que obtuvo el título de señor de las partes de Berbería mandó construir en 1478 una torre en el lugar que consideró más idóneo: la bahía de Puerto Cansado, magnífica ensenada situada a unos 45 kilómetros al NE de Cabo Juby, protegida del fuerte mar por una barra de arena y con escasa profundidad en marea baja, que dificultaba las operaciones de las embarcaciones de gran porte. Esto le confería a la torre un gran valor estratégico que se vería corroborado más tarde durante los asaltos y asedios que sufrió a lo largo de su existencia. A través de esta fortificación se llevó a cabo un considerable tráfico comercial con las tribus bereberes de la región, del que, por supuesto, siempre salían beneficiados los cristianos: oro y esclavos a cambio de plata y pan. Sin embargo, hay que señalar que la empresa a la postre no resultaría todo lo rentable que se deseaba. A nuestro entender, el principal fallo consistió en extrapolar las torres-fortalezas que tan buen resultado habían dado en la conquista de Canarias: Rubicón, del Conde, Gando, Añaza, etcétera, a una región continental con unas características totalmente diferentes a las insulares. Posiblemente envalentonados con los éxitos de las rápidas cabalgadas esclavistas, no calcularon bien las fuerzas del enemigo. Lo cierto es que tras unos años de costoso mantenimiento hubo que abandonar la empresa, dejando atrás un amplio rastro de sangre, sudor y lágrimas en el que, como era lógico, se llevaron la peor parte los guanches, los cuales eran llevados allí como carne de cañón, con el pretexto de que se desenvolvían bien en aquellos terrenos, eran buenos guerreros y además lograban entenderse al hablar con sus hermanos bereberes. Sus protestas no fueron escuchadas y murieron más de la mitad de los que allá fueron. "También relevantes jefes canarios y tinerfeños cayeron en aquellas costas. Maninidra, el guapo Maninidra, como le llamaban, quedó exánime en el combate. "Por cuanto Pedro Maninidra murió por los moros en defensa de la Santa Fe Católica..." decía el adelantado en una data a sus hijos. "Otro noble guanche, Pedro de Adeje, llamado de Llerena al recibir el bautismo, también murió en esa acción: fue mencey de Adeje, y su mujer, María de Lugo, se avecindó en Buenavista" (B. Bonet, 1933).

La segunda fundación (1497):
Estos últimos hechos ocurrían tras la reconstrucción de la torre en 1497 por parte de Alonso Fernández de Lugo (el adelantado), esta vez con carácter de realengo y mucho mejor pertrechada de artillería, guarnición y materiales traídos de las islas recién conquistadas (La Palma y Tenerife). De igual manera, el Adelantado y los conquistadores pagarían alto precio a su insaciable afán de lucro. Allí murieron Pedro Benítez, regidor de Tenerife, y Francisco de Lugo, sobrinos de don Alonso, y algunos dicen que hasta su propio hijo Fernando. Entre tanto, ya se habían producido durísimos y sangrientos enfrentamientos entre Inés Peraza, viuda de Diego de Herrera, y su enemigo acérrimo Alonso Fernández de Lugo, por el control de la importantísima zona comercial. Nuestro avaricioso y deshonesto adelantado le asestaría un duro golpe a doña Inés al casarse con la no menos tristemente célebre Beatriz de Bobadilla, viuda de Hernán Peraza. En fin, lo cierto es que la torre, después muchos avatares se mantuvo en pie hasta 1527 en que fue totalmente desmantelada y abandonada tras un definitivo ataque de los bereberes, no sin antes haber servido, en esta segunda etapa, de base para un intensísimo tráfico comercial. (F.García-Talavera, 1989)


La fragata Garzota: Nación: España; Construcción: Palma de Mallorca (1761); Desplazamiento: 700 toneladas; Eslora: 52 metros; Artillería: 24 cañones de 26 en cubierta, 2 de 26 en alcázar, 4 de 8 en castillo. La Garzota fue construida para complementar a la escuadra de jabeques. Se trataba de una fragata pequeña pero rápida capaz de apoyar con su fuego a los jabeques tanto en sus luchas contra los corsarios berberiscos como en las acciones para la guerra de corso en el Mediterráneo. Esta fragata participó activamente en las luchas que, en 1780, se prodigaron en torno a Menorca ocupada por los Ingleses varias veces desde la Guerra de Sucesión española a principios del siglo XVIII. Su presencia, junto con los jabeques de la Real Escuadra, fue decisiva para impedir los refuerzos de tropas inglesas a Mahón y Ciudadela.


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