Textos
Pessoa
El libro del desasosiego



Fernando Pessoa Libro del desasosiego:
Escrito de forma fragmentaria durante numerosos años. En 1913 firma como Fernando Pessoa en la revista A Aguia un original que decía formaba parte del Libro del desasosiego. Se trataba de En la floresta de la enajenación. En el año de la creación de los tres grandes heterónimos (1914) Pessoa lo consideraba como obra propia u ortónima. A pesar de los radicales cambios de estilo a lo largo de los años, la obra se corresponde con la personalidad real de Pessoa, escrita en lo que el poeta llama un estado de "no-ser". El personaje de Bernardo Soares fue creado a posteriori. Se conserva una nota de Pessoa que da a entender que Soares no es más que un personaje de su creación y no un heterónimo. Prado Coelho, que considera esta obra como un diario, dice en 1949 que tal vez por encontrarlo demasiado confesional, autobiográfico y directo, Pessoa dejó a Soares "un tanto informe y en la penumbra". La organización de Coelho para la edición del libro, la hizo

    en manchas temáticas, sin vallas que las separasen, sugiriendo nexos y contrastes mediante la simple yuxtaposición, colocando, sin embargo, al comienzo del itinerario, textos y fragmentos a los que atribuye una función periférica, introductoria, y llevando al lector a concentrar su atención en zonas de relativa homogeneidad. (Jacinto Do Prado Coelho)

    Conocer la vida de Pessoa hombre no nos aleja de su obra, sino todo lo contrario. En su caso mucho más que en el de otros, la vida explica la obra tanto como la obra explica la vida. Se contienen mutuamente. (Robert Bréchon)

Fernando Pessoa por Almada-Negreiros Fragmentación y orden:
Para la publicación del Libro del Desasosiego de Fernando Pessoa, las dificultades se amontonaron. En primer lugar, el poeta portugués estuvo unos veinte años escribiendo fragmentos sueltos de esa obra, que se podría considerar como un diario. En 1913 ya publicó un fragmento que anunció como parte del Libro del Desasosiego, titulado En la floresta de la enajenación. A partir de ese momento, Pessoa fue publicando con gran parsimonia otros fragmentos, o enviándolos por carta a un par de amigos. Cuando murió en 1935, dejó carpetas y cuadernos con textos sueltos. Ya se comprenderá que para el editor de esos textos, la ordenación de los mismos era una ardua tarea. Se planteó la posibilidad de intentar una sucesión cronológica, aunque Pessoa no solía poner fechas a los fragmentos. Algunos pensaron en un trabajo de chinos: fijarse en el contenido, en el estilo que fué cambiando con los años, en el papel utilizado, en la tinta... Afortunadamente, se impuso la consideración de que esa labor sólo podría arrojar resultados imperfectos, y que el mismo Pessoa probablemente no hubiera pensado en una ordenación cronológica de su obra. Tras rechazar varias posibilidades, Jacinto do Prado Coelho decidió organizar los textos de forma temática, sin separar los diferentes conjuntos, pero respetando los nexos que pudiese haber entre ellos. (Joaquín Rico)


Fernando Pessoa Bernardo Soares descrito por Pessoa:
Era un hombre que aparentaba unos treinta años, magro, más alto que bajo, encorvado exageradamente cuando estaba sentado, pero menos cuando estaba de pie, vestido con cierto descuido no totalmente descuidado. A la cara pálida y sin facciones interesantes, un aire de sufrimiento no le añadía interés, y era difícil definir qué especie de sufrimiento indicaba aquel aire; parecía indicar varios: privaciones, angustias y ese sufrimiento que nace de la indiferencia de haber sufrido mucho. Cenaba siempre poco, y terminaba fumando tabaco de hebra. Observaba de manera extraordinaria a las personas que había allí, no de modo sospechoso, sino con un interés especial; pero no las observaba como escrutándolas, sino como si le interesasen y no quisiera fijarse en sus facciones o analizar las manifestaciones de su carácter. Fue este rasgo curioso el que primero hizo que me interesase por él.

Bernardo Soares habla de sí mismo:
He nacido en un tiempo en que la mayoría de los jóvenes habían perdido la creencia en Dios, por la misma razón que sus mayores la habían tenido: sin saber por qué. Y entonces, porque el espíritu humano tiende a criticar porque siente, y no porque piensa, la mayoría de los jóvenes ha elegido a la Humanidad como sucedáneo de Dios. Pertenezco, sin embargo, a esa especie de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son, sino también los grandes espacios que hay al lado. Por eso no he abandonado a Dios tan ampliamente como ellos ni he aceptado nunca a la humanidad. He considerado que Dios, siendo improbable, podría ser, pudiendo, pues, ser adorado; pero que la Humanidad, siendo una mera idea biológica, y no significando más que la especie animal humana, no era más digna de adoración que cualquier otra especie animal. (Fragmento inmediato posterior al prefacio pesoano).

Renuncia y contemplación:
[...] A quien como yo, así, viviendo no sabe tener vida, ¿qué le queda sino, como a mis pocos pares, la renuncia por modo y la contemplación por destino? No sabiendo lo que es la vida religiosa, ni pudiendo saberlo, porque no se tiene fe con la razón; no pudiendo tener fe en la abstracción del hombre, ni sabiendo siquiera qué hacer de ella ante nosotros, nos quedaba, como motivo de tener alma, la contemplación estética de la vida. Y, así, ajenos a la solemnidad de todos los mundos, indiferentes a lo divino y despreciadores de lo humano, nos entregamos fútilmente a la sensación sin propósito, cultivada con un epicureísmo sutilizado.

Hacer compensa pero confunde. Poseer es ser poseído, y por lo tanto perderse. Sólo la idea alcanza, sin corromperse, el conocimiento de la realidad (235). Abdicar de la vida para no abdicar de sí mismo (236). El propio cultivo de la imaginación es perjudicado por el de la vida (239).


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