MAR
Fondos marinos



Fondo marino El relieve de la región pelágica:
A 200 metros siguen ciertas zonas de transición (hasta 2000 m), viniendo luego un escalón brusco y profundo, que es el límite de la región pelágica, con ahondamientos comprendidos entre los 2000 y los 6000 metros. Esta es la de más amplio desarrollo en los océanos. En esta zona los depósitos son ya escasos, muy finos y uniformes, consistiendo en cienos y arcillas, que según su color, origen y composición química, se clasifican en distintos tipos. En tales profundidades abundan también los depósitos de origen orgánico, como los cienos de globigerinas, pterópodos, radiolarios, etc.

El relieve de la zona abisal:
Está poco desarrollada y puede ser considerada como el reverso de los macizos de gran altura en los continentes. Por lo general, relacionada con las zonas de máxima altitud, fenómeno de mucha importancia para la explicación de las grandes depresiones y roturas o geoclasas. Por su poca extensión y extraordinaria hondura se las denomina fosas. Las principales son:

  1. El abismo Emden, en Filipinas, de 10.793 metros
  2. El de Rampao, en el archipiélago oceánico de Bonín, de 10.660 metros
  3. El de Nero, en las islas Marianas, de 9.636 metros
  4. La fosa de Japón, de 9.435 metros
  5. El abismo de Aldrich, en las islas Kermadek, de 9427 metros
  6. La fosa de Tonga, de 9.184 metros
  7. El abismo Planet, en las islas Salomón, de 9.148 metros

Todos ellos se encuentran en el Pacífico. En el Atlántico Norte está la fosa de Puerto Rico, que alcanza 8.821 metros. En las islas Sandwich del Sur, en aguas australes, hay una fosa de 8.091 metros. En estas profundas zonas sólo existe la arcilla de los grandes fondos, de origen mineral y de color rojo, cuya formación parece debida a la descomposición de los silicatos de origen eruptivo.

Las fosas oceánicas:
Son las regiones marinas donde se alcanzan las mayores profundidades. Están íntimamente relacionadas con las zonas de subducción de las placas y sólo aparecen en los márgenes continentales activos o de tipo pacífico. Las dorsales oceánicas son alineaciones de relieves submarinos desplegadas a modo de cordilleras sumergidas, de varios miles de kilómetros de longitud y con alturas de 1500-2500 metros sobre las llanuras abisales oceánicas. La primera dorsal descubierta y estudiada fue la dorsal medio-atlántica, que se extiende desde Islandia hasta el sur del océano Atlántico, dividiendo a éste en dos mitades bastante simétricas. Dicha dorsal se continúa por el sur de Africa con la dorsal índica, la cual a su vez está estrechamente relacionada con el sistema de fosas tectónicas (rifts valleys) de Africa oriental. La dorsal del océano Indico continúa por el sur de Australia con la dorsal del océano Pacífico. Las dorsales conocidas hasta la actualidad presentan una longitud de más de 60.000 kilómetros.

    [...] Hay también profundos abismos en los que el Gran Cañón sería un simple barranco. Las fosas, todas ellas localizadas a lo largo de archipiélagos, tienen, en conjunto, un área de un 1% del suelo oceánico. Esto puede no parecer mucho, pero en realidad equivale a la mitad del área de los Estados Unidos, y las fosas contienen 15 veces más agua que todos los ríos y lagos del mundo. La más profunda de ellas está situada en el Pacífico. Estas fosas se hallan a lo largo de los archipiélagos de Filipinas, Marianas, Kuriles, Salomón y Aleutianas. Existen también otros grandes abismos en el Atlántico, cerca de las Indias Occidentales y en las islas Sandwich del Sur, y uno en el océano Indico, junto a las Indias Orientales (Isaac Asimov)

Estructura de las dorsales oceánicas:
Su progresivo conocimiento está aportando datos importantes sobre la dinámica de la corteza terrestre. Un corte transversal de una dorsal típica muestra que está formada por dos alinenaciones montañosas de varios centenares de kilómetros de anchura, separadas por una fosa que ocupa el eje axial de la dorsal y que presenta una anchura de 20-50 kilómetros. Longitudinalmente, las dorsales están formadas por segmentos rectilíneos desplazados unos respecto a otros y separados por fallas, las llamadas fallas de transformación, de dirección perpendicular a la de la dorsal. El funcionamiento de dichas fallas, provocando el desplazamiento de los sectores o bloques que delimita, es la causa principal de los numerosos movimientos sísmicos cuyos focos se localizan en las dorsales.


Fondo marino La exploración de los fondos oceánicos:
El hombre empezó a sondear las grandes profundidades del océano cuando ya estaba muy avanzado nuestro siglo. El suelo marino se convirtió en un asunto de interés comercial cuando se decidió tender un cable telegráfico a través del Atlántico. Con tal objeto, en 1850, Maury trazó un mapa del fondo del Atlántico. Transcurrieron 15 años, jalonados por numerosas interrupciones y fracasos, antes de que el cable atlántico fuese tendido, al fin, gracias, sobre todo, al impulso, increíblemente perseverante, del financiero americano Cyrus West Field, quien perdió en ello una fortuna. La exploración sistemática del fondo marino se inició con la famosa expedición alrededor del mundo del buque británico Challenger, en 1870. Para medir la profundidad de los océanos, el Challenger empleó el método tradicional de arriar 6 km de cable, con un peso en su extremo, hasta alcanzar el fondo. De esta forma se realizaron más de 360 sondeos. Este procedimiento no es sólo enormemente laborioso, sino también poco exacto. La exploración del suelo oceánico experimentó una auténtica revolución en 1922, al introducirse el método de emisión de ondas sonoras y recepción de sus ecos.

Hay mesetas del tamaño de un continente, y cadenas montañosas más largas y elevadas que las de la tierra emergida. La isla de Hawai es la cumbre de una montaña submarina de 9.900 m de altura -más alta que cualquiera del Himalaya-, por lo cual Hawai puede ser llamada con toda propiedad, la montaña más alta de la Tierra. Existen también numerosos conos truncados, llamados montes marinos o guyots. Se les dio el nombre de guyot en honor del geólogo suizo-americano Arnold Henry Guyot.

Batiscafo Trieste (1953) Después de la Segunda Guerra Mundial, Ewing y Heezen exploraron con redoblado afán los accidentes del fondo oceánico. Para sorpresa suya, diversos y minuciosos sondeos, realizados en 1953, les mostraron que a lo largo de la dorsal, y justamente por su centro, corría un profundo barranco. A su debido tiempo se descubrió también esta particularidad en todas las porciones de la dorsal transoceánica. Ello condujo a que algunos lo denominaran "la Gran Hendidura del Globo". Hay lugares donde ésta se acerca mucho a la Tierra: sube por el mar Rojo, entre Africa y Arabia, bordea las costas del Pacífico, atraviesa el golfo de California y contornea el litoral del Estado de California. Al principio parecía como si tal Hendidura fuese continua (una grieta de 65.000 km en la corteza terrestre). Sin embargo, una exploración más detenida demostró que estaba compuesta por breves secciones rectas separadas entre sí como si unas sacudidas sísmicas hubiesen desconectado cada sección de la siguiente. Y, en efecto, a lo largo de la Hendidura es donde suelen originarse los terremotos y los volcanes. En su día, tal Hendidura era una falla por la que emergía lentamente, desde el interior, la roca fundida, o magma. Allí se enfriaba y se aglomeraba para formar a dorsal, e incluso se extendía más allá de la misma. Esta difusión puede alcanzar velocidades de 16 cm/año; en consecuencia, todo el fondo del océano Pacífico podría quedar cubierto por una nueva capa en 100 millones de años. Por cierto que los sedimentos extraídos del fondo oceánico son muy raras veces más antiguos, lo cul puede parecer asombroso en una vida planetaria que sería que sería cuarenta y cinco veces más vieja si no mediera ese concepto del "desparramamiento sobre el suelo marino". La Hedidura y sus ramificaciones parecen dividir la corteza terrestre en seis inmensos zócalos y algunos otros más pequeños. Estos zócalo se mueven impulsados por la actividad reinante a lo largo de la Hendidura, pero lo hacen como unidades independientes, es decir, que no se produce ningún movimiento apreciable en los accidentes de un determinado zócalo. La remoción de tales zócalos explica la rotura de la pangea y la deriva continental producida desde entonces.(Asimov)

Bacterias y criaturas abisales:
Entre las principañes expediciones que aportaron datos sobre la vida en aguas muy profundas está la del Challenger (1872-76), dirigida por el ingles Wyville Thomson, que demostró que había vida hasta los 5000 metros de profundidad. Otras han sido la Meteor (1950-52), Danal I y II, Discovery I y II (1925), Galathea (1950-52), Nautile , Trieste, Kaiko y la más reciente Shinkai 6500, que llegó hasta lo 10900 metros, desde el cual, a 6400 metros de profundidad, el científico James Hunt, avistó una extraña criatura sobre la que aún no se sabe casi nada. Las investigaciones (2004) de Henry A. Ruhl y Kenneth L. Smith de la Institución Scripps de Oceanografía en California demostraron la influencia de las condiciones climáticas de la superficie sobre especies que viven a unos 4000 metros de profundidad en el Pacífico. Sus trabajos registraron una marcada tendencia en la estructura de la comunidad de la megafauna epibéntica dominante síncrona con la evolución de los episodios de El Niño/La Niña, durante el período 1989-2002. La Elpidia minutissima aumentó abundantemente durante el período 1989-1996, para decrecer marcadamente en el período 1999-2000 hasta, prácticamente desaparecer, entre 2001 y 2002. La Peniagone vitrea, mostró un comportamiento parecido. Otros organismos como Abyssocucumis abyssorum, Scotoplanes globosa, Psychropotes longicauda, etc., durante la mayor parte del período estudiado, aparecieron en concentraciones pequeñas mientras que su población creció abundantemente durante el período 2001-2002. La biomasa abisal es apenas de 22 a 56 gr/m3 entre los 200 y los 500 m, y de 9 a 26 gr/m3 de los 2000 a los 9000 m. El bentos de la zona hadal o ultraabisal logra adaptarse a la presión, oscuridad y falta de oxígeno y alimento. La temperatura oscila entre 5 y 1ºC.

Las bacterias conforman la biomasa más abundante. Algunas son autótrofas quimiosintéticas, que cubren sus necesidades de carbono, a expensas del ion bicarbonato, oxidando amoniaco, hidrógeno, nitrito, metano o substancias inorgánicas. Las heterótrofas, se nutren de la masa orgánica disuelta que aporta el agua circulante y de detritos. Entre las especies animales están variadas formas de rizópodos y una gran variedad de esponjas, entre las que son especialmente características las hexaltinélidas. Entre los celentéreos se encuentran hidrozoos, como grandes pólipos solitarios, pennatularios y actinias. Se han encontrado 375 especies de equinodermos por debajo de los 2000 metros. Los briozoos abisales son raros, se encuentran algunos anélidos poliquetos y los braquiópodos se encuentran en un número muy notable. La mayor parte de cefalópodos de profundidad son batipelágicos. Entre las formas vida se da un alargamiento de órganos táctiles. Por medio de la bioluminiscencia se procura la atracción de presas. Además de los organismos con cuerpos transparentes, la pigmentación se da entre tonos rosados y violetas. El rojo no resulta atrayente porque las ondas luminosas rojas no traspasan las capas superiores del océano. Se supone que el crecimiento de los seres abisales es lento y su vida muy larga.

William Beebe y Otis barton se sumergen en la batisfera (Bermuda 1930):
Finalmente estábamos todos preparados y miré a mi alrededor el mar y al cielo, a los barcos y a mis amigos, y al no ser capaz de pensar en algún dicho conciso y expresivo que pudiera hacerse eco a lo largo de los siglos, no dije nada, me arrastré con esfuerzo por encima de los tornillos de acero, me dejé caer en el interior y me acurruqué en el frío y duro fondo de la esfera. Esto me hizo recuperar el habla y pedí un cojín. Otis Barton se metió detrás de mí, desenredamos las piernas y nos preparamos. No me imaginaba que hubiera tanto espacio en el interior de la esfera de metro cuarenta de diámetro, aunque cuanto más tiempo pasamos dentro, más pequeña nos parecía. A sugerencia de Barton, ocupé mi posición en las ventanas mientras que él se arrimó por el lado de la puerta, donde podía vigilar los diversos instrumentos. También se puso los audífonos. En la cubierta, la señorita Hollister se encargaba del otro extremodel teléfono, mientras que el señor Tee-Van asumía el control de la tripulación de cubierta. Di la señal y la puerta de doscientos kilos fue levantada en el aire y deslizada a su sitio con el sonido metálico del frío acero. Los tornillos fueron enroscados y seguidamente remachados, en el interior las terribles reverberaciones casi nos dejaron sordos. Estábamos herméticamente encerrados con sólo una abertura de diez centímetros en el centro de la puerta. Al final, este gran tornillo fue bien ajustado y nos quedamos totalmente aislados del mundo del sol y aire y de los seres humanos, salvo por las reconfortantes palabras que se deslizaban arriba y abajo por los cables del teléfono [...] Nos elevamos de la cubierta como el más ligero de los despegues de un avión, y nos balanceamos por el costado. Aquí oscilamos unos momentos y luego empezamos a hundirnos lentamente (W.Beebe, Un viaje de ida y vuelta al cofre de Davy Jones)


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