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Sensibilidad extraordinaria: En el momento del ataque consigue colocar la mandíbula en posición frontal levantando el morro y bajando la mandíbula inferior. Una vez clavados los dientes, sacude vigorosamente todo el cuerpo imprimiendo un movimiento de sierra a los dientes que cortan limpiamente un trozo de carne de varios kilos de peso. Un ejemplar de 3 metros puede ejercer una presión de hasta siete toneladas y media por centímetro cuadrado. Cuando atacan una presa en grupo, no se coordinan entre ellos sino que cada uno actúa por su cuenta, describen círculos entorno a su presa, el más hambriento roza su rugosa piel para detectar el sabor y finalmente se lanza con la boca abierta. El ataque de los demás es una de las escenas más violentas que se dan en la naturaleza, pues muerden enloquecidamente todo lo que encuentran a su paso.
Me ha fascinado durante años tanto la realidad como la imagen del gran tiburón blanco, desde una época en que su historia natural era poco conocida y antes de que se conviriera en un horror mítico de la cultura popular. Hay mucho que admirar de esta especie. Es el campeón de decatlón del mar, maravillosamente diseñado para la velocidad y la fuerza, para cazar grandes presas y para la resistencia que se precisa para realizar grandes travesías en alta mar. Los adultos crecen hasta alcanzar un tamaño enorme, con un máximo conocido de 7 metros de longitud y 3.300 kg de peso. Sus ojos son desproporcionadamente grandes, una acomodación a las aguas oscuras en las que caza durante la mayor parte del tiempo. Los jaquetones tienen algo parecido a la clásica forma de atún asociada a los peces pelágicos rápidos: el cuerpo fusiforme y rígidamente muscular, el hocico puntiaguo para cortar el agua como la proa de un submarino. Crestas que corren hacia atrás a cada lado del tronco conducen de manera uniforme el flujo de agua fuera del cuerpo del animal. La poderosa cola bate suavemente de un lado a otro. la boca, tapizada de filas paralelas de dientes triangulares aserrados, pende parcialmente abierta en una mueca fija de payaso, lo que confirma la impresión de los buceadores humanos de que el pez está contento de verlos. El agua fluye continuamente a través de la boca y sale por las branquias, parte de un sistema de ventilación a chorro que alimenta eficientemente de oxígeno al cuerpo grande y activo. El jaquetón tiene la sangre caliente , lo que le permite nadar por las aguas frías de la mayor parte de los océanos del mundo y buscar alimento desde la superficie hasta al menos 1.300 m de profundidad. En 1976, el naturalista Hugh Edwards, quien quería observar jaquetones desde una jaula de tiburones en aguas frente a la estación ballenera de Albany, en Australia occidental, se dio la vuelta y vio a un gran macho suspendido a dos metros de distancia. Mas tarde escribió: En toda nuestra vida hay hitos, momentos importantes que recordamos mucho después. Este fue uno de ellos. Durante el breve tiempo de su aparición contemplé embelesado todos los detalles del tiburón: sus ojos, negros como la noche; el cuerpo magnífico; las larga hendidurasbranquiales que ondeaban ligeramente; los perversos dientes blancos; las aletas pectorales como las alas de un avión grande; y por encima de todo el aplomo y el equilibrio en el agua y la sensación que transmitía de fortaleza, poder e inteligencia. Ver el tiburón vivo fue una revelación. Era fuerte, era hermoso. Ningún tiburón muerto ni ningún relato de segunda mano podrá transmitir la vitalidad y la presencia del animal vivo. Unos cuantos segundos cara a cara valían más que todos los años de relatos de oídas, fotografías y cadáveres con las mandíbulas relajadas. Dejando aparte la imagen de estos tiburones clásicos, afirmaré ahora que, si se le da el tiempo suficiente, la evolución puede perfeccionar y endurecer los tipos adaptativos para crear las radiaciones más extremas. Por ejemplo, de anatomía y biología muy distintas del tiburón tigre y del gran tiburón blanco es el tiburón cortapastas o tiburón cigarro (Isistius brasilensis). No se trata en absoluto de un depredador, sino de un parásito, de delfines, ballenas, atunes e incluso otros tiburones. De sólo medio metro de longitud y de forma que recuerda la de un cigarro, el tiburón cortapastas tiene una fila curva de enormes dientes en su mandíbula inferior. Clava con fuerza sus fauces en el cuerpo de sus víctimas y gira para rebanar un tapón cónico de piel y carne de 5 centímetros de ancho. Durante muchos años las cicatrices circulares en marsopas y ballenas fueron un misterio, atribuidas alternativamente a infección bacteriana o a un invertebrado parásito desconocido, hasta que en 1971 se descubrieron las verdaderas costumbres de estos pequeños tiburones. Los cortapastas atacan también a los submarinos nucleares, arrancando bocados no nutritivos del recubrimiento de neopreno de los domos del sonar y de los dispositivos hidrofónicos. El tiburón cortapastas pasa lo que me gusta llamar la prueba de una radiación adaptativa completa: la existencia de una especie especializada en alimentarse de otros miembros de su propio grupo, otros productos de la misma radiación adaptativa. Igualmente especializados en una dirección completamente distinta son los tiburones filtradores, peces gigantescos que navegan plácidamente cerca de la superficie de la zona de altamar de los océanos, tamizando priemero y tragando después enormes cantideades de crustáceos copépodos y otros pequeños animales planctónicos a la manera de los cetáceos misticetos. El tiburón ballena (Rhinocodon typus). Que alcanza los 13 metros de longitud y muchas toneladas, puede ser el pez más grande que haya vivido jamás. En el extremo opuesto se encuentra el melgacho verde (Etmopterus virens), que con sus 23 centímetros es el más pequeño de todos los tiburones. Otros tipos adaptativos principales amplían el desfile de los tiburones actuales:
(E.O.Wilson)
El crucero Indianapolis pertenecía a la clase Portland. Fue construido en 1932 por New York Shipbuilding Co. de Camden (New Jersey). Después de servir en multitud de misiones fue asignado en 1944 a la fuerza de ataque de portaaviones rápidos del vicealmirante Marc Mitscher. Días antes de su hundimiento había llevado a Tinian, Islas Marianas, elementos de las bombas atómicas. |