Ballenas
Caza



Primeros años de la caza de ballenas:
Su caza como alimento se practica por lo menos desde hace 1.000 años. Los esquimales practicaban la caza en ocasiones, las herían sin fijarlas con cabos con la esperanza de que el mar hiciera aparecer los cuerpos junto a la orilla. Las ballenas sufren con rapidez los efectos de pequeñas heridas y perecen con facilidad. Los vascos de la bahía de Vizcaya se dedicaban a la pesca de la ballena en los inicios del siglo XI. Fernando III el Santo (1201-1252), rey de Castilla desde 1217, otorgó un Fuero a los pescadores de ballenas según el cual estaban obligados a presentar al rey una tira del animal cazado desde la cabeza a la cola. Muchos estudiosos afirman que no se trataba de pesca en el golfo de Vizcaya sino en Terranova. En 1381 se constituye en Lequeitio una compañía para la pesca de la ballena. En 1448 aparece consignada la existencia de otras dos compañías, una en Deva y otra en Icíar. En 1469 se registra la existencia de compañías en San Sebastián, Motrico y Guetaria. Se menciona un Juan de Echaide, o Matías de Echeveste como el primero que llegó a la isla de los bacallaos, que se identifica con Terranova.

Edad Moderna:
Como industria se cree que empezó hacia 1550. Los ingleses, rusos, daneses, noruegos y holandeses empezaron a cazarlas sobre 1600, época en que se descubrió la gran abundancia de ballenas que poblaban las aguas del norte y noroeste de Europa. La mayor parte de la estructura del galeón San Juan se recuperó entre 1979 y 1984. Era una especie de barco nodriza que transportaba aceites y otros derivados de las ballenas. Tras cocer el esperma el tratamiento y el embarrilamiento se realizaban en un lugar de la costa. Naufragó en la bahía Roja, Labrador en 1565. La zona de caza de ballenas era el estrecho de Belle Isle, entre Labrador y Terranova. La actividad era una industria importante para las ciudades vascas. Bilbao tenía unas treinta embarcaciones dedicadas a la caza a mediados del siglo XVI. En EE.UU. la caza costera se inició a principios del s.XVII, a la altura del cabo Cod y Long Island. La desaparición de las ballenas de las áreas costeras obligó a la caza en alta mar y los barcos balleneros recorrieron el océano desde las Bahamas hasta el Artico. En la segunda mitad del s XVIII se incorporaron hornos de ladrillos en las cubiertas de los balleneros. Esta mejora introducida permitió que se extendiera la zona de capturas al no ser preciso el mantenimiento en aguas heladas de los cuerpos a despedazar.

Siglo XIX:
En 1819 unas descripciones de William Smith sobre la existencia de grandes manadas de focas y de la abundancia de cetáceos en la Antártida atrajeron a gran cantidad de gente en busca de grasa animal. Según Hernández Yzal en 1821 se mataron unas 321.000 focas sin distinción de sexo o tamaño. La caza alcanzó en EE.UU. su punto álgido en 1846, en que 736 barcos, con base en puertos de EE.UU. operaban en Japón, Nueva Zelanda o los mares del Sur.

    En 1851 Melville publica Moby Dick, novela en la que describe la actividad de un barco ballenero con base en la isla de Nantucket. El viaje relatado tenía una duración de tres años. El aceite de la ballena franca era de inferior valor que el espermaceti obtenido del cachalote, la especie más valiosa para el comercio. El aceite de la ballena jorobada [Hump-back], presente en la costa norte de América, era menos valioso. Cuando se andaba de vacío sin haber conseguido dar caza a las especies más deseadas, se perseguía a otras de menor valor, incluso a las marsopas, de las que se obtenía un galón de un aceite de buena calidad. Con ayuda de un sistema de poleas el cuerpo del cachalote es izado. Se describe la forma de extracción de la capa de grasa, que es llevada al cuarto de la grasa donde las tiras son enrolladas.

En 1864 el noruego Svend Foyn inventó el cañón que desde embarcaciones cada vez más potentes lanzaba arpones de gran efectividad que acabaron teniendo cabezas explosivas. Hasta mediados del siglo XIX el aceite de ballena se empleaba principalmente para la iluminación y lubricación, como actualmente ha sido reemplazado por el aceite mineral, se emplea en la fabricación de jabón y margarina. Durante los últimos 900 años participaron en la caza principalmente Noruega, Holanda y Francia.

Capturas en el siglo XX:
Comolas capturas amenazaban con exterminar la especie, la Sociedad de Naciones puso en vigor (1931) una convención en la que se limitaba el número de capturas anuales. En 1949 la recién creada Comisión Internacional para la Caza de la Ballena celebró su primera reunión anual en Londres para estudiar los posibles cambios a introducir en las regulaciones internacionales que regían en aquel momento. La Comisión urgió la necesidad vital de incrementar las investigaciones científicas sobre las costumbres y movimientos. Las capturas se realizan en el Antártico, en el extremo meridional de Africa, en aguas árticas y en algunos lugares del Pacífico. Embarcaciones arponeras dirigidas por helicópteros lanzan arpones con cabeza explosiva adheridas a un resistente sedal de nailon. La ballena muerta se infla con aire comprimido para que flote y se le fija un radio-faro para su localización por las embarcaciones de remolque. En 1933 se capturaron más de 28.000 ballenas, con una producción de más de 2 millones de barriles de aceite. Treinta años después una captura de 40.000 ballenas produjo sólo un millón y medio de barriles. La diferencia se debe a la disminución de las especies más grandes.

Capturas en aguas del Antártico:
Hasta mediados del s.XVI vascos y cántabros cazaban ballenas de su zona de costa sin que su escasez les forzara a sus posteriores salidas a Terranova y la península del Labrador. Luego la caza se extendió a los mares australes hasta aguas de la Antártida, muy especialmente en la isla Decepción, que muchos señalaban como el mejor puerto natural de la Antártida por la estrecha entrada de su rada circular. Un gráfico publicado por Antonio Calvo, La Antártida catedral del hielo, muestra una serie estadística de la caza de ballenas desde 1906 hasta 1947. Sólo en la campaña 1937-1938 se cazaron más de 46.000 ballenas y en varias campañas se superaron los 30.000 ejemplares, lo que da una idea del enorme número de ballenas que han sido capturadas por los buques balleneros.

Yubartas:
Tras la prohibición internacional de su caza, que entró en vigor en los años sesenta, la población de esta especie en el Pacífico Norte ha pasado a ser de más de 10.000 ejemplares y posiblemente 25.000, según el censo SPLASH. Investigadores del Whale Trust descubrieron que el canto de los machos desempeña una función desconocida en las relaciones entre machos en el área de cría, aunque no parece atraer a las hembras.

    Trabajo en equipo de las yubartas:
    Las yubartas trabajan juntas para rodear y concentrar pequeños peces y krill en sus áreas estivales de alimentación. Algunas colaboran para encerrar a los peces en los brillantes corrales creados por las burbujas ascendentes que ellas mismas sueltan; luego atraviesan todas juntas el banco plateado con las bocas abiertas. Otras veces parecen cooperar para conducir a los peces o al krill hacia la costa o incluso hacia marañas de kelp. Un observador vio a cinco yubartas arrastrando un témpano, quizá por diversión. Otros han visto pequeños grupos acudiendo en auxilio de una yubarta acosada por orcas, como si hubieran tomado la decisión colectiva de ayudarla. (D.H.Chadwick)


Comité de conservación de cetáceos (jun 2003):
La Comisión Internacional de la Caza de la Ballena (IWC) aprobó por 25 votos a favor y 20 en contra la creación de un comité de conservación de los cetáceos, punto fundamental de la llamada iniciativa de Berlín que había causado un conflicto con los países arponeros. Japón, el abanderado de los países arponeros, había amenazado incluso con retirarse de la comisión si la asamblea, de cuatro días de duración, aprobaba un comité conservacionista en el seno de la IWC. La creación del comité permitirá integrar la conservación de la ballena en la estructura institucional de la comisión, surgida hace 55 años sobre todo para regular la captura de ballenas. Greenpeace y la Sociedad Española de Cetáceos (SEC) consideraban ayer a primera hora "acertada y muy positiva" la iniciativa presentada por 19 países, entre ellos España, ante la 55 reunión de la Comisión Ballenera Internacional en Berlín. Sebastián Losada, responsable de la campaña de Ballenas de Greenpeace, y Ricardo Sagarminaga, presidente de la SEC, hicieron esta valoración en conferencia de prensa convocada para pedir mayor protección para las ballenas. También WWF/Adena hizo ayer un llamamiento a los países miembro de la CBI para que apoyara la resolución sobre la "iniciativa Berlín", que pretende analizar las amenazas de todo tipo a las que se enfrentan los cetáceos. Miembros de WWF/Adena se manifestaron ante la embajada de Japón para protestar contra la "caza científica" de ballenas y la venta comercial de carne y otros productos por parte de este país, exhibieron una pancarta con el lema Japón mata ballenas. Stop caza científica y entregaron una carta en la embajada, en la que pedían un cambio de actitud de este país. El secretario general de esta organización, Juan Carlos del Olmo, explicó que es "una pura hipocresía que se siga manteniendo la cláusula científica de Japón desde 1968 porque es mentira que las ballenas se estén recuperando". Por el contrario, dijo, "los cetáceos grandes y pequeños están sufriendo multitud de agresiones" y "siete de las 13 especies de grandes ballenas no se han recuperado después de décadas de protección estricta". Según datos de la SEC, Japón tiene en marcha dos programas científicos de cetáceos mediante los cuales caza aproximadamente 440 ballenas en aguas antárticas y 360 ejemplares en el Pacífico Nororiental. Para SEC y Greenpeace las ventajas de la "iniciativa de Berlín" son que la creación de un Comité de estas características daría a la organización un enfoque global, y, por otro lado, que no sólo se ocuparía de las grandes ballenas, sino también de los pequeños cetáceos. La iniciativa supone una oportunidad para la CBI de tomar en cuenta la gravedad de la crisis de los océanos y adoptar medidas para paliarla, "alejarse de la explotación y orientarse hacia la conservación", indicó Sebastián Losada. Para Losada, "este año la Comisión Ballenera Internacional tiene una oportunidad única para corregir los errores del pasado. Una iniciativa como esta debería influir en las políticas de conservación de las ballenas en todos los países miembros de la CBI", aseguró. (EFE)

    La Convención de Leyes Marítimas de las Naciones Unidas (UNCLOS), ratificada por España y la Unión Europea, obligan a los estados a llevar a cabo estudios de impacto ambiental para analizar las consecuencias de actividades que pueden hacer daño al entorno marítimo, y a publicar los resultados. Se han establecido, a nivel de ley internacional, unos Principios que exigen se tomen todas las precauciones posibles antes de proceder con actividades dañinas a los mares, leyes como la Convención Internacional sobre la Biodiversidad y el Tratado de Unión de la Unión Europea. Muchos países, como España, han promulgado sus propias leyes para la protección de los mamíferos marinos (entre otras especies), y de los mares (entre otros entornos naturales). Hasta ahora los EE.UU. no ha ratificado UNCLOS, pero disponen de leyes propias, como el Acta de Protección de Mamíferos Marinos (MMPA), el Acta de Especies en Peligro (ESA), y el Acta de Política del Medio Ambiente (EPA), entre otras, que imponen las mismas obligaciones.

Prohibición del programa Japonés (2014):
La Corte Internacional de Justicia dictaminó en marzo de 2014 que la pesca de ballenas por parte de Japón no tiene fines científicos y prohibió la concesión de nuevos permisos. Considera los permisos especiales concedidos a Japón para matar, capturar y comerciar con ballenas en el marco del acuerdo JARPA II, estaban basados en falsos propósitos. Consideraron que el programa de investigación nipón contiene objetivos científicos pero su puesta en práctica se hizo de una manera poco transparente. Les había sido permitada en una temporada la caza de 850 ejemplares de rorcual aliblanco, 50 de ballena jorobada y 50 de rorcual común. Australia y Nueva Zelanda impulsaron la denuncia (2010) porque consideraban que se estaba explotando una laguna legal usando la investigación científica como una excusa. Aunque la prohibición quedó establecida a nivel internacional (1986) unos pocos países como Noruega o Islandia continúan practicándola a pequeña escala. Japón ha cazado en los últimos 20 años unas 10.000 ballenas. La demanda de carne de ballena en Japón ha descendido drásticamente entre 1962 y 2009. En esos años las toneladas consumidas pasaron de 230.000 a 4.200.

Matanza de las islas Feroe:
Sea Shepherd registró en 2015 111 cadáveres de ballenas cerca de la playa de Nólsoy y otras 142 cerca de Tórshavn, la capital. Consiste en dirigir a las ballenas hasta la playa, matarlas y repartirlas según lo que marca la legislación. Lo recogido se reparte en la comunidad local. Sirve para proveer de comida a los habitantes. La población de ballenas piloto en el Atlántico Norte es de más de 778.000, con cerca de 100.000 alrededor de las Islas Feroe. Los organizadores afirman que el número de ballenas cazadas es sostenible y que la caza es una de las principales fuentes de alimento y de comercio de la isla. Dinamarca se opone a la caza de ballenas pero en este caso barcos de la Armada prestan su colaboración activa, por lo que deben enfrentarse a numerosas protestas.


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