HISTORIA
Chile
Pedro de Valdivia



Pedro de Valdivia Pedro de Valdivia (1497-1553):
Nació en Villanueva de la Serena (Badajoz). De muy joven estuvo con los ejércitos españoles en Italia (1521), tomando parte en la batalla de Pavía y en la conquista de Milán. Participó en la batalla de Valenciennes y estuvo en Roma durante el Saco. De regreso a Extremadura en 1526 contrajo matrimonio, adquirió tierras y comenzó a aburrirse. Marchó hacia las Indias, a Venezuela, y luego pasó al Perú, en donde aparece en 1535 como uno de los más fieles y valiosos colaboradores de Francisco Pizarro, que le nombró en 1537 maestre de campo. En la batalla de las Salinas, entre las tropas de Pizarro y las de Almagro, Pedro de Valdivia era portador del real estandarte, como alférez de caballería. Fracasada la misión a Chile de Almagro, y derrotado y muerto éste, quedaba en pie la conquista de aquel territorio que Pizarro encomendó a Valdivia. Otro español, Pedro Sancho de Hoz esgrimiría una real cédula por la que tenía permiso para conquistar el país situado al sur del Perú por lo que Pizarro no tuvo más remedio que obligarles a que se asociaran en esta empresa. A comienzos de 1540 inició Valdivia su marcha hacia Chile, llevando con él a 150 soldados, 3.000 indios de servicio, animales, semillas y herramientas para colonizar el territorio. Con Valdivia iba su amante Inés Suárez. Pasó el desierto de Atacama y, a comienzos del año siguiente, fundó la ciudad de Santiago, en la Nueva Extremadura, fortificándola y haciéndola centro de sus exploraciones y conquistas (12 de febrero de 1541). Una vez creada la nueva ciudad y establecido su Ayuntamiento, Valdivia se hizo nombrar gobernador en nombre del Emperador y dejó de figurar como teniente de Pizarro.

Obediencia al virrey:
En 1541 los partidarios de Diego de Almagro aún tenían fuerza suficiente como para asesinar a estocadas a Francisco Pizarro. Lo hicieron como venganza por la muerte de su jefe por garrote vil tras la batalla de Las Salinas. En aquella ocasión Pizarro otorgó a Valdivia una mina de oro por sus servicios. Gonzalo Pizarro se sublevó tras la llegada al Perú del primer virrey, Blasco Núñez Vela. Desde el sur, Valdivia consideró su deber seguir las órdenes reales y colaboró decisivamente en la victoria de Jaquijaguana, lo que le valió el título de gobernador de Chile.

Los constantes ataques que sufrían los españoles por parte de los indios araucanos, que llegaron a destruir la incipiente capital chilena, obligaron a Valdivia a pedir refuerzos a Pizarro, enviándoselos éste por barco, pilotado por Bautista Pastene, quien exploró aquellas costas y descubrió las islas de Chiloé. Con estos refuerzos, Valdivia continuó su expansión por Chile, fundando hacia el sur la ciudad de La Serena (1544), en recuerdo de su comarca natal. Como necesitaba más recursos para incidir en la conquista chilena, Valdivia regresó al Perú para conseguir los recursos imprescindibles, dejando como gobernador sustituto suyo a su segundo Francisco de Villagra, que ahorcó a Sancho de Hoz por conspirar contra él, liquidando de esta forma abrupta la sociedad que se había montado entre los dos, Sancho de Hoz y Valdivia.

Pedro de Valdivia se dedicó en principio a restablecer la concordia entre los españoles y la disciplina entre sus tropas. También se dedicó a reedificar las poblaciones asoladas por los araucanos, como La Serena, que repobló Francisco de Aguirre y a preparar las conquistas que debía acometer por el sur del país. En esta etapa fundó las ciudades de la Concepción (1550), la Imperial, Villarrica y la de Valdivia, con su propio nombre (en 1552 estas tres ciudades). También fundó Angol o Los Confines y tres fuertes: Arauco, en la costa; Tucapel y Purén. Al mismo tiempo, Valdivia envió una expedición al otro lado de la cordillera de los Andes al mando del capitán Francisco de Aguirre, quien fundaría la ciudad de Santiago del Estero. Por la costa envió al capitán Francisco de Ulloa, en 1552, con dos barcos para reconocer el estrecho de Magallanes, con el fin de facilitar las comunicaciones con España. Mientras tanto, los indios araucanos, muy celosos de su perdida libertad y que aguantaban, como es lógico suponer, de mal grado los pesados trabajos en las minas que les imponían los conquistadores, al observar la excesiva extensión de las conquistas de Valdivia, se levantaron en armas. La poca cuantía de las guarniciones españolas no pudo evitar el levantamiento dirigido por Caupolicán. Valdivia se enfrentó a los indígenas en Tucapel, foco de la rebelión. (Emilio Soler Pascual)

Tortura y muerte en Tucapel (1553):
El nuevo toqui era Lautaro, que tres años antes había sido prisionero y caballerizo de Valdivia con el nombre de Alonso. Reunido después con su gente y proclamado jefe poco antes de la sublevación, Lautaro conocía bien a los colonizadores, sabía cómo vencerlos y dirigió a sus tropas muy inteligentemente en el ataque en la llanura de Tucapel. La trampa de Tucapel, planeada por él en todos sus detalles, atrapó a Valdivia a pesar de que llevaba un magnífico caballo. Después de ordenar que se despedazase ante su enemigo a su fiel criado Agustinillo, mandó que se hiciera una hoguera delante de ély con una conchas de almejas que denominaban pellos le descarnaron a Valdivia los brazos desde el codo a las muñecas, y asaron y comieron su propia carne en su presencia. Siguieron otras tortura, le dieron muerte y pusieron su cabeza en lo alto de una lanza. La rebelión arrasó todo lo que los españoles habían construido al sur del Bío-Bío. Un soldado logró escapar y dar cuenta del desastre sufrido. Los españoles abandonaron la Concepción y se refugiaron en la Imperial. En Valparaíso embarcaron otras muchas gentes, despoblándose y perdiéndose casi todo el territorio conquistado hasta el momento.

Caupolicán (1510-1558)
En 1550 Valdivia cruzó el río Bío-Bío, frontera natural con el territorio de los araucanos. El primer gran choque con los hombres de Valdivia se produjo en el valle de Tucapel, donde habían levantado uno de sus fuertes fronterizos (1552). Al atardecer del 2 de diciembre de 1553, los araucanos ganaron rotundamente en una sangrienta batalla. Destacó por primera vez Caupolicán, que actuaba bajo las órdenes del recién elegido Lautaro. Caupolicán, nacido probablemente en 1510, había sido uno de los caciques de su pueblo. Se puso a las órdenes de Lautaro, fue uno de sus principales lugartenenientes y logró diversas victorias posteriores. Valdivia fue hecho prisionero y muerto tras pasar por terribles tormentos. Algunos cronistas cuentan que sólo Caupolicán se opuso al sacrificio del jefe de los conquistadores por su inutilidad y fuente de iras del enemigo. Caupolicán se dirigió contra la ciudad de Concepción, donde el sucesor de Valdivia, Francisco de Villagrán, no pudo contenerlo y la ciudad fue saqueada. Imperial, otro de los asentamientos fundados por Valdivia (1551) estuvo a punto de sufrir la misma suerte. Lautaro decidió abandonar las selvas del Bío-Bío y penetrar por el norte en los dominios españoles para atacar Santiago, capital desde su fundación el 12 de febrero de 1541. Los hombres de Villagrán, tras un combate junto al río Mataquito, se acercaron al campamento indio y mataron a Lautaro. Caupolicán fue promovido a toqui pero fue derrotado por García Hurtado de Mendoza en Monte Pinto (Concepción). Poco después perdió 6.000 hombres en otra batalla. A principios de 1558 atacó a los españoles y fue severamente derrotado en los desfiladeros de Pasén, de donde tuvo que retirarse a las montañas. Los conquistadores batieron los refugios araucanos y Caupolicán fue descubierto junto con otros caciques, hecho prisionero y enviado a Cañete, donde lo juzgaron y condenaron a muerte. Para obtener el perdón ofreció devolver el casco, la espada y una cadena de oro que habían pertenecido a Valdivia y que él había guardado. Cuando el mensajero aún no había regresado resolvieron no esperár más y empalar al toqui en la plaza de Cañete. Su fama y la leyenda que circuló sobre sus hazañas fue debida tanto a su propio valor como a los versos que Alonso de Ercilla le dedicó en La Araucana, que protagoniza junto con Lautaro. Es presentado como héroe de la empresa imposible emprendida por los aguerridos araucanos: la desigual lucha de los habitates de un valle por su independencia y su libertad. Rubén Darío también lo inmortalizó en el bello soneto Caupolicán.


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