HISTORIA
EXPEDICIONES
Roald Amundsen



Roald Amundsen Roald Engebrecht Amundsen (1872-1928):
Fridtjof Nansen, uno de los exploradores noruegos más prestigiosos de todos los tiempos, dijo de su compatriota Amundsen: "Como todos los hombres verdaderamente grandes, Amundsen era la sencillez misma. Sus hazañas tienen el sello de la naturalidad, y uno puede casi imaginar que hubieran podido realizarse de otra manera". Nansen había logrado atravesar Groenlandia en 1888 y siete años después había alcanzado la máxima proximidad al Polo Norte conseguida hasta entonces, lo que le valió el nombre de "Néstor de los exploradores polares". Por supuesto, era el ídolo de la juventud de Roald Amundsen, quien decidió cambiar su vida para seguir los pasos de su maestro sin suponer que llegaría a superarlo con creces: sería el primero en recorrer el famoso Paso del Noroeste, yendo desde el Atlántico al Pacífico por el norte de América, y también el primero en pisar el polo Sur. Nació en Borge, ciudad situada en la isla del fiordo de Oslo, el 16 de julio de 1872. Era hijo de un pequeño armador, por lo que desde su infancia conoció los fríos mares norteños y pudo efectuar multitud de viajes por las costas noruegas, suecas y danesas. A pesar de su afición por el mar, el padre soñaba con hacer de él un doctor renombrado y determinó que estudiase medicina. Cuando contaba catorce años la muerte de su padre cambió la situación; y más tarde (1892), tras la de su madre, se enroló en un barco de pesca de focas en los mares polares.

Descubrimiento del paso del Noroeste (1903-1907):
En 1897 participó como timonel en su primera expedición a la Antártida. Durante cerca de un año permaneció al sur del polo meridional y acumuló una notable experiencia sobre los métodos para sobrevivir en los crudos inviernos, lo que más tarde le sería de enorme utilidad en sus propias travesías. A su regreso perfeccionó sus conocimientos en Hamburgo y comenzó a planear la llegada al polo Norte. Empezó elaborando un minucioso proyecto para descubrir el mítico paso del Noroeste, la ruta desde la bahía de Hudson al estrecho de Bering. Tenía treinta años cuando dejando atrás Groenlandia a bordo del Gjöa, un pequeño barco adquirido a costa de mil sacrificios. Lo acompañaban seis hombres y seis perros cuya eficacia sobre el hielo iba a comprobar por primera vez. Tres meses después de la partida llegaron a la Tierra del Rey Guillermo IV, donde pasaron los inviernos de 1903 y 1904 explorando el territorio circundante y realizando experimentos científicos, como el que les reveló el desplazamiento del polo magnético. Hicieron buenas relaciones con los esquimales y muchos kilómetros en trineo. Tras la liberación del Gjöa, mientras navegaban por el mar de Beaufort en octubre de 1905 se encontraron con un ballenero que había pasado por el estrecho de Bering y costeaba el litoral norte de Alaska. Ya se tenía la prueba de que la travesía del paso del Noroeste era posible. Los estadounidenses informaron a los noruegos que más adelante encontrarían el paso cerrado por los hielos. Decidieron esperar en la bahía de King-Point un invierno más después de comprobarlo. En agosto de 1906 pudieron liberarse y abrirse paso hasta el estrecho de Bering, para llegar a la rada de Nome (Alaska) el 15 de julio de 1907.

Vuelos sobre el polo Norte:
Tras la supresión de expediciones durante los años de la Primera Guerra Mundial retomó la exploración de nuevas zonas en el Artico. En 1925 intentó sobrevolar el polo Norte a bordo de un avión pero las averías y el mal tiempo le obligaron a retirarse a ciento cincuenta kilómetros del objetivo. En la primavera de 1926 volvió a intentarlo a bordo del dirigible Norge y en compañía del italiano Umberto Nobile. El 11 de mayo permanecieron hora y media a ciento ochenta metros de altura sobre el polo. En 1928 salió en el avión Latham en busca de una expedición extraviada de Nobile, que a bordo del dirigible Italia regresaba después de alcanzar el polo. Murió en el intento de rescate.


Nansen El desplazamiento del Polo magnético:
La primera expedición con éxito data de 1831 cuando James Ross localizó el polo magnético, tras un agotador viaje por el ártico en el que su barco quedó encallado en el hielo durante cuatro años. Después de él nadie regresó al polo hasta el siglo siguiente. En 1904 Amundsen descubrió que se había desplazado al menos 50 kilómetros desde los días de Ross. Estas diferencias de localización fueron achacadas a errores de los expedicionarios cuando la realidad es que el Polo Norte magnético se ha desplazado 1.100 kilómetros en el último siglo, lo que representa un movimiento sin precedentes y anuncia cambios geomagnéticos futuros. El Polo se movió durante el siglo XX en dirección Norte a una velocidad de 10 Km por año hasta 1970, para ir pasando a los 40 kilómetros anuales de la actualidad. Esto significa que el Polo Norte magnético ha cuadruplicado su velocidad de desplazamiento en el último siglo y que, de seguir a ese ritmo, podría alcanzar Siberia dentro de 50 años. El campo magnético de la Tierra también está sufriendo otro tipo de cambios; los compases magnéticos en Africa, oscilan casi un grado por década. Y globalmente el campo magnético terrestre se ha debilitado un 10% desde el siglo XIX. Esta atenuación no implica que la inversión de los polos sea inminente. El campo magnético actual (momento dipolar) es ahora de 8 x 10²² amperios, el doble de la media del último millón de años, que era de 4 x 10²² amperios por metro cuadrado. A pesar de estas inusitadas anomalías, los investigadores no ven indicios de una nueva reversión de los polos magnéticos terrestres, tal como ocurrió hace 780.000 años. En el núcleo de la Tierra existe una bola de hierro sólido, a una temperatura igual de caliente que la superficie del Sol, el núcleo interno. El núcleo interior tiene un tamaño del 70% de la Luna y gira con un período propio de 0,20 grados de longitud por año más rápido que el de la superfcie de la Tierra y cuenta con su propio océano: una capa muy profunda de hierro líquido conocido como el núcleo externo. El campo magnético se origina en este océano de hierro, que es un fluido conductor de la electricidad en constante movimiento. Descansando sobre el caliente núcleo interior, el núcleo externo líquido está en constante agitación. El núcleo exterior sufre también remolinos generados por las fuerzas de Coriolis producidos por la rotación terrestre. Estos complejos movimientos generan, como una dinamo, el magnetismo de nuestro planeta.


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