AGUA
Canalizaciones



Delta del Nilo y península del Sinaí Canalización del agua:
En los comienzos de la agricultura se preparaban terrenos para la retención del agua, utilizando terrenos para cultivos que tras inundaciones se convertían en fértiles. Siguieron pequeñas derivaciones cursos de agua y cauces para la inundación intermitente o riego artificial a las que se añadieron obras de conducción, regulación y captaciones de agua para la puesta en explotación de mayor cantidad de terrenos fértiles con carencia de agua, desarrollándose, inicialmente, las grandes civilizaciones generalmente en los valles fértiles de los ríos.

Egipto:
Una de las primeras civilizaciones que se conocen en la realización de obras de riego, es la egipcia, en la explotación del Valle del Nilo, en la zona árida de peculiares crecidas a comienzo de la época de verano, a diferencia de otros ríos de zonas áridas, donde se producían inmensas inundaciones que fertilizaban las tierras. Ello como consecuencia de la gran longitud del río 6.500 Km., donde las lluvias de invierno de la región de los Grandes Lagos y el deshielo tardío de las nieves de las altas mesetas de Etiopía, produce una avenida que tras cargarse de limos con materia orgánica del Africa Ecuatorial y luego limos ferruginosos de la meseta de Abisinia, llega a las tierras secas de Egipto, produciendo inundaciones pero dándoles vida. Para salvaguardarse de las insuficiencias y los excesos del Nilo, se construyeron todo el sistema de diques y canales, configurándose en cada gran cuenca de riego una región agrícola o provincia con su administración, desde antes de la primera dinastía.

Mesopotamia:
Otro ejemplo de hace unos 5.000 años, es la antigua Mesopotamia, donde el Golfo Pérsico entraba más en las tierras que en la actualidad, hasta la ciudad de Ur que era puerto de mar, desembocando los ríos Tigris, Eúfrates y Karun por separado. Allí se sabe que se puso en explotación por agricultores del país de Sumer y del de Akkad, cultivando trigo con aguas del Tigris y del Eúfrates por medio de multitud de canales. Igualmente se conoce que las ciudades de Unima y Lagash utilizaban también el agua del Eúfrates para el cultivo, pero tras una discusión, Lagash tuvo que prescindir del Eúfrates y realizó un canal para traer las aguas del Tigris, llevando tal cantidad de agua que el exceso llegó al nivel freático que era salobre y con el tiempo llegó a contaminar el terreno, haciéndolo inadecuado para el cultivo.

Canalización en la Europa mediterránea:
La llanura, cuando tiene buenas dimensiones, ha seguido siendo durante mucho tiempo dominio de las aguas errantes. Hubo que conquistarla de las marismas hostiles, protegerla de los ríos devastadores, engrosados por el invierno implacable, y exorcizar la malaria. Conquistar las llanuras para la agricultura fue, ante todo vencer al agua malsana. Luego hubo de traer el agua de nuevo, pero ahora viva, para las necesarias irrigaciones. Esta lenta, esta lentísima conquista ha terminado en nuestro siglo, hace todavía muy poco. Hoy, lo difícil es encontrar los paisajes de aguas dormidas y malsanas de antaño. Cerca de Sabaudia, esa ciudad nueva creada en medio de las marismas pontinas, existe una gran charca de varias hectáreas que se desliza entre los árboles, preservada en el corazón de un parque nacional asombroso. Se la contempla como un testigo arqueológico. Los animales salvajes, sobre todo los pájaros acuáticos, han encontrado allí un refugio selecto. La prueba de los esfuerzos realizados son los sistemas, muy antiguos o muy modernos, de drenaje y regadío, con sabias redistribuciones de agua. En conjunto, un fabuloso trabajo, cuyos iniciadores fueron los árabes en España. En la huerta de Valencia, en el corazón de un antiquísimo logro, el famoso Tribunal de las Aguas, sigue repartiendo todos los años, mediante subasta, el maná entre los compradores. La paradisíaca Cuenca de Oro que rodea Palermo, huerto de naranjos y viñas, es un milagro de agua domesticada que data solamente de los siglos XV y XVI. Basta remontar el curso de los siglos para encontrar toda la llanura mediterránea recubierta primitivamente por las aguas, tanto el bajo valle del Guadalquivir como las llanuras del Po, la región baja de Florencia y, en la lejana Grecia, tal o cual llanura donde la vasija de las Danaides evoca la irrigación perenne. (Braudel)


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