Costas
Arena



Costas: Arena:
Las playas:
En unos casos, las playas no son sino prolongaciones del territorio llano interior, que llega hasta el mismo borde del mar adquiriendo enormes extensiones. Por lo general, en las playas las olas rompen de frente o con muy escasa inclinación con respecto a la dirección del litoral, lo que explica la falta de transporte. La arena y materiales que las forman siguen el movimiento de vaivén del oleaje, pero sin cambiar de sitio en algunos casos. Si las olas, en lugar de encontrar la línea de costa de frente, rompen sobre ella en sentido oblicuo, parte de su esfuerzo se emplea en arrastrar los materiales que forman la playa, de tal modo que los detritos de ésta o del acantilado se desplazan con lentitud a lo largo del litoral. Los elementos gruesos no van muy lejos, pero los materiales finos, y entre ellos las arenas, recorren a veces distancias muy grandes, llevados en saltación o por tracción o en suspensión por la corriente costera originada por el oleaje.

Pese a su aspecto desértico las playas esconden una variada fauna de tamaño microscópico entre los granos de arena. En medio de la constante acción de las olas esta pequeña fauna aprovecha todo el alimento disponible. Está compuesta en su mayor parte de gusanos y crustáceos parecidos a diminutos cangrejos. Las zonas intermareales de sustrato firme como acantilados y rasas albergan hábitats más ricos en especies.

En suelos que reciben golpes de mar y son bañados por la espuma salada la cobertura vegetal disminuye, originando unas condiciones especiales de evolución morfológica. En zonas de viento constante las pequeñas gotas del mar rompiente son trasladas a una distancia variable. Durante las tempestades aumenta la altura de las olas y el nivel del mar se puede incrementar en unos dos o tres metros. En regiones litorales llanas como las que bordean el mar del Norte, el Báltico o el golfo de México las subidas de nivel debidas a tempestades llegan a inundar considerables extensiones de tierras bajas.

Deltas:
Se originan en desembocaduras con aportes de aluviones fluviales importantes y ausencia de mareas. En los mares sin mareas todos los ríos han formado un delta. Es el caso del Ebro, Ródano, Po y Nilo en el Mediterráno; el Danubio en el mar Negro y el Volga en el Caspio. En los mares de fuertes mareas y en los océanos sólo han construido un delta los ríos de gran caudal como el Amazonas, Mississippi, Níger, Ganges, Mekong y Río Amarillo. Los deltas suceden a un estuario, en cuyo fondo se forma una barra de materiales en el límite entre las aguas predominantemente marina y las fluviales. La barra con el tiempo se convierte en una isla de forma triangular. Cada brazo del río se subdivide posteriormente dando paso a la formación de nuevas islas. Los aluviones sortean las islas y el delta avanza mar adentro. Los brazos que se alejan del eje general del río tiende a disminuir su pendiente y el agua discurre por otro brazo de pendiente mayor. Cuanto mayor es el avance mar adentro, más se sufren los efectos erosivos del oleaje marino.

El golfo de Morbihan, en la costa oeste francesa entre Lorient y Saint-Nazaire, queda muy transformado por los efectos de las mareas. Durante la bajamar se convierte en un verdadero mar interior de 20 kilómetros de largo y deja expuestos fondos limosos. Constituye el segundo banco de zosteras de Francia, plantas acuáticas que alimentan a unas 130.000 aves. Numerosas islas de difícil acceso se encuantran dentro de sus 23.000 hectáreas clasificadas como Enclave Protegido Ramsar (un convenio internacional sobre humedales). Al sur se encuentra el estuario de Gironda [estuaire de la Gironde], donde desembocan el Dordoña y el Garona separados entre sí por un fino cabo. Varias islas del estuario están habitadas como es el caso de la isla de Patiras. Desde el estuario a Bayona la costa oeste francesa presenta un frente muy regular de costas arenosas.

El delta de Amacuro, la desembocadura del Orinoco, es el lugar de anidamiento de los llamativos ibis rojos. Desde la región de los Llanos hasta el delta Amacuro más de un tercio de la superficie de Venezuela está formada por zonas húmedas. Los ibis se alimentan en los manglares y el caroteno procedente de camarones, cangrejos y otros crustáceos proporciona a su plumaje un intenso color rojo.

Bancos y barras de arena:
En puntos donde disminuye la velocidad de la corriente litoral se depositan guijarros y arena. Ocurre ante la presencia de una isla o en zonas donde confluyen dos corrientes de dirección opuesta, como ocurre en las entradas de las bahías. Si el depósito aflora formando una línea recibe el nombre de dique, flecha litoral o barra. La forma de estos depósitos sometidos a la erosión varía en poco tiempo. Si se acercan a la entrada de la bahía su crecimiento es detenido por las corrientes y el oleaje. Su punta se tuerce en forma de gancho. Si la flecha consigue cerrar la bahía se forma una albufera. Es el caso de la de Valencia, Venecia y Kaliningrado (Königsberg). La albufera del Mar Menor (Murcia) es de dimensiones gigantescas.

En la desembocadura de los grandes ríos la sedimentación llega a formar una verdadera plataforma de transición sobre las llanuras abisales. Las aportaciones fluviales alimentan corrientes profundas de turbidez en el caso del Amazonas, Orinoco, Mississippi, Congo, Indo y Ganges.

Manglares:
Estabilizan las márgenes costeras al permitir que se fijen los sedimentos aportados por los ríos y contratrarrestar el poder erosivo del mar frenando la fuerza del oleaje. La evaporación en zonas de aguas muy someras aumenta la concentración de sal en los montículos que sobresalen. La concentración aumenta progresivamente si la siguiente marea no llega a disolver la sal acumulada en las partes por encima del nivel de las aguas. Si la concentración de sal excede la resistencia de los mangles se producen discontinuidades en el emplazamiento de la vegetación. La zona elevada en forma de corazón que se encuentra en Voh, Nueva Caledonia, es un famoso ejemplo de discontinuidad de elevación y cambio de vegetación.

El manglar de San Blas en el estado de Nayarit (México) es lugar de paso para gran número de aves, que encuentran abundante alimento: insectos, moluscos, camarones y peces. México cuenta con una enorme diversidad ornitológica con más de 10.000 especies. Las aves acuden a reproducirse al pie de los mangles, árboles característicos de este ecosistema mixto, terrestre y marino.


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