HISTORIA
NAVEGACION
El cálculo de la longitud



Tratado de Tordesillas. Acuerda dividir el globo en dos zonas de influencia a partir de un meridiano El cálculo de la longitud:
El problema de la longitud como tal devino de capital importancia a partir del encuentro de los europeos con el Nuevo Mundo, y la consiguiente disputa por los derechos de conquista entre españoles y portugueses. Con la ampliación del mundo -y la consiguiente reforma cartográfica- se demandaba la necesidad de una solución "científica" que zanjase definitivamente la cuestión. Puesto que la longitud puede calcularse en virtud de las diferencias de tiempo encontradas entre dos emplazamientos, la solución más lógica consistiría en portar un cronómetroajustado a la hora local del meridiano de salida para poder comparar la diferencia horaria existente entre el lugar de origen y el destino, para traducir posteriormente esta diferencia en grados, a razón de 1º cada 4 minutos, la resultante de dividir 360º de la circunferencia entre las 24 horas del día. Como esta solución no fue técnicmente posible hasta finales del siglo XVIII había que ingeniárselas de otro modo y muchas soluciones planteaban la posibilidad de registrar un suceso astronómico de referencia para marcar la diferencia temporal y, por tanto, espacial entre ambas localidades. (Samuel Doble)

Cronómetro El cálculo en el s.XVIII:
Los marinos pudieron dirigir sus buques con mayor base científica y con ayuda de mapas dotados de más garantía. En Francia en 1720, y en Inglaterra y Holanda en 1740, los gobiernos crearon archivos de mapas, así como reunieron Memorias y Diarios de navegación que fueron copiados o consultados por los capitanes, que aprendieron a documentarse antes de zarpar. Los instrumentos ópticos se perfeccionaron. Hadley en 1731 puso a punto el octante y más tarde apareció el sextante, aparato destinado a tomar la altura del sol y determinar, con un error mínimo, la latitud de un lugar. Quedaba, sin embargo, el problema de la determinación exacta de la longitud, que no podía resolverse sin disponer de un cronómetro más preciso que los relojes que se usaron en siglos anteriores. Cuando el sol se halla en el meridiano del punto de observación, si se conoce con exactitud la hora del punto de partida, es posible saber la longitud (distancia en grados al meridiano cero). En líneas generales, una diferencia de 4 minutos viene a representar un grado de longitud, pero los relojes difícilmente conservaban la misma hora del punto de partida lo cual era causa de graves errores.

Isla de Juan Fernández Cotosos errores de cálculo:
Debido a este hecho algunas cartas holandesas situaban la costa oriental de Terranova, aún en 1750, a nueve grados de su posición real. Y en 1765 ocurría lo mismo, en varios grados de error, con los cabos de Hornos y Buena Esperanza. Según los cartógrafos, existían hasta tres archipiélagos Galápagos y varias islas Santa Elena. En 1714, a consecuencia de haberse desviado de su longitud real, un buque estuvo errando durante un mes por el Pacífico Sur en busca e la isla de Juan Fernández y 80 personas murieron por esta causa, víctimas del escorbuto. En 1763 el barco francés Le Glorieux se dirigía hacia el cabo de Buena Esperanza, pero el capitán creía hallarse al este de las islas de Cabo Verde cuando en realidad se encontraba al oeste. Puso rumbo en esta dirección y arribó a las costas del Brasil.

Cronómetros (s.XVIII):
En 1714 el Parlamento inglés ofreció una recompensa de 20.000 libras a quien pudiera dar solución al problema de calcular las longitudes en alta mar con un error máximo de medio grado. Después de cuarenta años de trabajo, el mecánico inglés John Harrison (1693-1776) ganó el premio llamado Copley al construir un cronómetro muy perfecto, el cual se instaló en un barco que en 1761 partía rumbo a Jamaica. Cuando regresó a Inglaterra, después de 147 días, el reloj sólo había variado 1 minuto y 54 segundos. El problema de las longitudes quedaba, pues, resuelto. Sin embargo, la fabricación del cronómetro resultaba cara y complicada. La perfección del cronómetro corrió a cargo de dos franceses: Le Roy y Berthond. Entre 1767 y 1772 varios barcos franceses fueron dotados de cronómetros obteniendo resultados satisfactorios, y en 1772, el cronómetro de Harrison hizo posible el segundo viaje de Cook. A pesar de todo ello, el cronómetro no se aplicó a todos los buques; incluso durante la guerra de América muchos almirantes incurrieron en grandes errores al calcular las longitudes.


Faro de la Orchilla. El Hierro. Meridiano Cero El Meridiano Cero:
El problema de la elección de un primer meridiano común para el cálculo de la longitud y el tiempo ha sido, posiblemente, uno de los grandes problemas de la historia de la ciencia, no sólo por la ingente cantidad de recursos -tanto materiales como humanos- implicados en su solución, sino también por la indiscutible relevancia que tiene para la vida cotidiana. Dado que no existe un criterio "natural" para privilegiar un meridiano frente a otro a partir del cual realizar el cálculo de la posición, el problema de la longitud descansaba, en última instancia, en los motivos de la elección de este primer meridiano. Históricamente, el problema fue planteado por vez primera en la Geographia de Ptolomeo (siglo II), quien clasificó casi 8.000 ciudades que componían su catálogo en términos de latitud y longitud, en referencia a un primer meridiano situado en el confín oeste del mundo conocido hasta entonces, coincidiendo con la ubicación de lo que él denominó las islas Afortunadas.

Las posturas del Congreso de Washington (1884):
Desde un primer momento se hizo patente que la controversia sobre la decisión en torno a la elección del primer meridiano se iba a dirimir en torno a dos posturas: por un lado los franceses defendían un meridiano inicial absolutamente neutral, que debería "ser escogido exclusivamente para asegurar, tanto para la ciencia como para el comercio internacional, todas las ventajas posibles -en particular y especialmente, no debería atravesar ningún gran continente"; por otro lado los ingleses y norteamericanos entendían que, puesto que la ciencia moderna demandaba un grado importante de precisión, el primer meridiano "debería pasar por un observatorio astronómicode primer orden" que además "debería estar en comunicación telegráfica con el mundo entero". (Samuel Doble)


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