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Cronología del Renacimiento



Giovanni Papini Cronología del Renacimiento:
El problema de los límites y de las particiones temporales del Renacimiento no es ya un problema histórico en sentido estricto, y mucho menos espiritual, sino principalmente mnemónico y didáctico; es decir, práctico. No por esto merece ser puesto aparte y despreciado como cabalismo superfluo. Ante todo, porque tiene una directa conexión con el problema mismo, bastante más importante, de los caracteres esenciales del Renacimiento; según tal determinación, convendría anticipar su principio o retardar su fin. Quien la redujera, por ejemplo, a la mecánica imitación de los autores clásicos, debería nada menos hacer comenzar el Renacimiento en el siglo IX, con el famoso despertar de la edad carolingia; aquel que ve en la actividad triunfante y en la mayor riqueza económica e intelectual de los municipios italianos el origen del movimiento humanístico, se ve obligado a escoger entre el siglo XII o el XIII; aquellos, en cambio, que consideran como la señal fundamental de este desarrollo espiritual la eclosión de un arte representativa y plástica totalmente nueva, en oposición al gótico, dominante también en Italia durante todo el siglo XIV, deberían retardar el comienzo del Renacimiento hasta las primeras décadas del siglo XV. En la elección de estas fechas influyen también, por desgracia, las envidias de las naciones. Aquellos, por ejemplo, que quisieran arrebatar a Italia el orgullo, universalmente reconocido hasta los últimos años, de haber sido la sede natural del primero y de todo Renacimiento, sostienen que este es de origen francés, y por eso se remonta al siglo XII, o insinúan que Italia esperó a la llegada de los sabios bizantinos huidos para ponerse en serio a estudiar a la antigüedad, y por ello que el humanismo, preludio y esplendor de la primera época del Renacimiento, no empieza hasta después de la caída de Constantinopla (1493). No nos entretendremos hoy en la polémica contra estos evidentes errores, ya que a nosostros nos importa solamente proponer una cronología del Renacimiento que responda a estas condiciones:

  1. Tenga en cuenta las opiniones más razonables y difundidas en torno a la esencia del Renacimiento.
  2. Respete principalmente Italia, madre primera y centro máximo del Renacimiento, ya que en otros países más atrasados y lejanos empieza a apenas en el siglo XVI y se prolonga gran parte del XVII.
  3. Esté distinguida en etapas fácilmente recordables, porque estén ligadas a acontecimientos históricos de amplia resonancia ya sean políticos, artísticos, literarios o religiosos, de manera que pueda ser aceptada sin dificultad por los eruditos.

Se trata, pues, de una convención -como son convenciones todos los períodos históricos y cada repartición en épocas y edades-; pero de una convención que podría ayudar, cuando fuera admitida, a un orden más claro y eficaz en los estudios sobre el Renacimiento. Se entiende que ciertos fenómenos o reflejos del Renacimiento se podrán observar antes y después de las fechas elegidas -cualesquiera que sean-; pero basta, para nuestra finalidad, que lo más y mejor que aquel amplio fenómeno histórico quede comprendido dentro de esos límites.

Dante Quien quiera comprender el Renacimiento y también el llamado prehumanismo italiano, debe remontarse, por fuerza, a los primeros años del siglo XIV. El más famoso y viejo de los prehumanistas, Albertino Mussato, nació verdaderamente en 1261; pero sus obras mayores son precisamente del primeros del siglo XIV, y, como todo el mundo sabe, fue coronado el día de Navidad de 1315. Tal acontecimiento, sin embargo, no nos parece que tenga tanta importancia como para hacer de él el primer acto de una nueva era de la civilización europea. Hay, en cambio, a principios de siglo, una fecha bastante más notable, porque está ligada a dos nombres grandísimos. En 1304 Dante empieza a componer -según una fundada opinión- la Divina Commedia, y en aquel mismo año nace, en Arezzo, aquel que no solo fue el mayor lírico de amor de los tiempos modernos, sino también el primer apasionado y trabajador humanista: Francesco Petrarca. Añádase que en 1303 moría derrotado Bonifacio VIII, el Papa de la Unam Sanctam, y en él moría, por eso, aquella idea de la teocracia universal que había sido uno de los más sublimes sueños de la Edad Media. Nos parece, pues, que el 1304 podría ser adoptado -con las advertencias ya dichas- como fecha simbólica y convencional del inminente Renacimiento.

Por lo que respecta a la fecha final, nos parece que que podría ser el 1564. En 1564, en efecto, muere Miguel Angel, aquel que se eleva como símbolo y síntesis del Renacimiento artístico desde finales del siglo XV a finales del siglo XVI, y con su muerte empieza, en el arte, la edad del barroco, por él mismo anunciada y anticipada. Poco antes, en 1563, se habría cerrado el Concilio de Trento, y en 1564 empieza, por ello, la llamada Contrarreforma, que en algunos aspectos prosiguió, pero en el conjunto contradijo, los espíritus y las formas del Renacimiento. En 1564, en fin, nace Galileo, con el cual comienza aquella que fue llamada nueva ciencia; es decir, el predominio del estudio matemático de la Naturaleza y el fin del humanismo. No se trata, pues, de un año elegido al azar, sino del sincronismo de tres conclusiones y tres comienzos. Dirán acaso que con esta fecha se divide en dos la actividad de algunos grandes epigonos del Renacimiento; por ejemplo, de Tasso (1544-1595), de Palestrina (1524-1594) y del último gran humanista y filólogo italiano de aquella época, Pietro Vettori (1499-1583). Pero hay que hacer notar que Vettori contaba ya sesenta y cinco años en 1564 y había ya cumplido la mayor parte de su trabajo, y que Tasso y Palestrina, ambos fuertemente inspirados por la refloreciente devoción católica, entran mejor en la Contrarreforma que en el Renacimiento. El cual, si las fechas propuestas fueran aceptadas, tendría una duración de doscientos sesenta años: del nacimiento de Petrarca a la muerte de Buonarroti (1304-1564). (Giovani Papini, La imitación del padre)


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