HISTORIA
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Islam y violencia



Saladino, sultán de Egipto y Siria El islamismo. El uso de la fuerza:
Los musulmanes dicen que el estereotipo que los occidentales han hecho de ellos es un hombre que marcha blandiendo su espada desenvainada, seguido de un séquito de esposas, lo cual no es de sorprender, ya que desde el comienzo (según informa un historiador) los cristianos han creído que "los dos aspectos más importantes de la vida de Mahoma [...] son su licencia sexual y el uso de la fuerza para implantar la religión". Los musulmanes creen que, en estos aspectos, tanto Mahoma como el Corán han sido difamados. [...] El Corán no aconseja poner la otra mejilla ni practicar el pacifismo. Enseña a perdonar y a devolver el mal con el bien cuando las circunstancias lo permiten -"cuando están airados, perdonan" (42:37)-, pero ello no implica no resistirse al mal. El Corán, lejos de exigir que el musulmán se deje pisotear por los crueles, permite aplicar a los delincuentes castigos tan grandes como el daño que han ocasionado (22:39-49). La justicia así lo requiere, creen los musulmanes, pues si se elimina la reciprocidad -como lo exige el principio del juego limpio- la moralidad desciende al plano de idealismo impracticable o de simple sentimentalismo. Si se extiende este principio de justicia a la vida colectiva, se tiene de inmediato el jihad, el concepto musulmán de la guerra santa en la cual los mártires que mueren se aseguran el cielo. Todo esto forma parte integrante del islamismo, afirman los musulmanes, pero aun así queda muy lejos de demostrar que el islamismo se extendió y se mantuvo primordialmente por el uso de la fuerza. Mahoma, como destacado general que fue, dejó muchas directrices sobre la conducta decente que debe observarse en la guerra: deben respetarse los acuerdos y evitarse la traición; no debe mutilarse a los heridos ni desfigurarse a los muertos; debe dispensarse a las mujeres, los niños y los ancianos, así como también a los huertos, las cosechas y los objetos sagrados. Pero no son estos los aspectos importantes del tema, sino la definición de la guerra justa.

    "Combatid por Dios contra quienes combaten contra vosotros, pero no os excedáis. Dios no ama a los que se exceden" (2:190).

La hostilidad agresiva y constante de los idólatras obligó a Mahoma a tomar las armas en defensa propia, para no desaparecer de la faz de la tierra junto con su comunidad y su fe. El hecho de que otros maestros hubieran sucumbido por la fuerza y se hubieran convertido en mártires no era, para Mahoma, razón suficiente como para que él hiciera lo mismo, y mantuvo hasta el final el arma que inicialmente tomó en defensa propia. Los musulmanes reconocen este hecho, pero insisten en que, si bien a veces el islamismo se ha extendido por el uso de las armas, en general lo ha hecho mediante la persuasión y el ejemplo. Los versos cruciales del Corán en lo relativo a la conversión son:

  • No cabe coacción en la religión (2:257)
  • A cada uno os hemos dado una norma y una vía. Dios, si hubiera querido, habría hecho de vosotros [toda la humanidad] una sola comunidad [de una religión], pero quería probaros en lo que os dio. ¡Rivalizad en buenas obras! Todos volveréis a Dios. Ya os informará El de aquello en que discrepabais. (5:48)

detenidos palestinos Tolerancia con otras religiones:
Los musulmanes señalan que Mahoma incorporó los estatutos que estableció para Medina el principio de la tolerancia religiosa que estos versos anuncian. En esos estatutos, que los musulmanes consideran como el primer documento sobre la libertad de conciencia en la historia del mundo y el modelo autorizado para todos los estados musulmanes siguientes, se decreta que los "judíos que se adhieran a nuestra mancomunidad [iguales derechos se concedieron posteriormente a los cristianos, la otra religión no musulmana del momento] serán protegidos de todo insulto y vejación; tendrán los mismos derechos que nuestra gente a recibir asistencia y favores: los judíos [...] y todos los demás residentes en Yatrib [...] practicarán su religión con tanta libertad como los musulmanes". Inclusive a las naciones conquistadas se les concedía la libertad de culto, siempre que pagaran el impuesto especial destinado a los pobres, del cual estaban exentos. Toda otra condición que interfiriera con esta libertad de conciencia se consideraba una franca contravención de la ley islámica. Si hiciera falta una indicación más clara que ésta, en cuanto se refiere a la postura del islamismo en materia de tolerancia religiosa, tendríamos que recurrir a las propias palabras de Mahoma: "La creencia sólo procede de Dios, ¿obligaríais entonces vosotros a un hombre a creer?". En una ocasión en que lo visitó un delegado de los cristianos, Mahoma le invitó a celebrar el servicio religioso en su mezquita, diciendo: "Es un lugar consagrado a Dios".

España y Anatolia, ejemplos de tolerancia:
[...] Los musulmanes señalan los largos siglos durante los cuales los cristianos, los judíos y los hinduistas vivieron en paz y en libertad bajo el dominio musulmán, tanto en la India como en España y en el Oriente Próximo. Aun en los casos en que estaban regidos por los peores gobernantes, los cristianos y los judíos ocuparon cargos de influencia y, en general, gozaron de libertad religiosa. A modo de énfasis, tomemos como ejemplo España y Anatolia, que cambiaron de manos prácticamente al mismo tiempo porque cuando los cristianos acechaban a los moros de España, los musulmanes conquistaban lo que hoy es Turquía. En España, todos los moros fueron expulsados, pasados por las armas u obligados a convertirse, mientras que la sede de la Iglesia ortodoxa oriental existe aún hoy en Estambul. En realidad, si lo que queremos es comparar, digamos que los musulmanes consideraron que la historia del cristianismo es la más oscura de las dos religiones, porque se preguntan: ¿Quién predicó las Cruzadas en nombre del Príncipe de la Paz? ¿Quién instituyó la Inquisición, inventó el potro y la hoguera como instrumentos de religión, y sumió a Europa en devastadoras guerras santas? Los historiadores objetivos, con ánimo de minimizar el asunto, opinan de forma unánime que la historia del islamismo en el uso de la fuerza no es más oscura que la del cristianismo. Dejando a un lado las comparaciones, los musulmanes admiten que su propia historia en cuanto al uso de la fuerza no es ejemplar. Todas las religiones, en algún momento, han sido utilizadas por algunos de sus declarados adeptos para enmascarar la agresión, y el islamismo no es una excepción. En repetidas ocasiones ha promocionado a caciques, califas y, ahora, a jefes de Estado, pretextos para satisfacer ambiciones propias. Lo que los musulmanes niegan puede resumirse en tres puntos. En primer lugar niegan que la historia de intolerancia y agresión del islamismo sea peor que las del resto de religiones principales (el budismo puede ser aquí una excepción). En segundo término, niegan que las interpretaciones occidentales del uso de la fuerza en el islamismo sean justas. El jihad, dicen, ilustra el caso. En los occidentales produce imágenes de vociferantes fanáticos conducidos a la guerra a cambio de la promesa de que serán transportados al cielo en cuanto mueran, cuando, de hecho:

  1. literalmente, jihad significa esfuerzo, pero dado que la guerra requiere un esfuerzo excepcional, por extensión, la palabra se asocia con la guerra;
  2. la definición de guerra santa es, en el islamismo, virtualmente idéntica a la guerra justa del cristianismo, donde también suele llamársela guerra santa;
  3. también el cristianismo considera mártires a quienes mueren en esas guerras y les promete la salvación;
  4. en un hadith (dicho canónico), Mahoma sitúa la guerra contra el mal dentro de uno mismo por encima de las batallas contra enemigos externos. Tras un encuentro con los de La Meca, Mahoma observó: "Hemos regresado del jihad menor para enfrentarnos al jihad mayor", es decir, para batallar con el mal que llevamos dentro.

En tercera instancia, los musulmanes niegan que las manchas de la historia deban atribuirse a su religión puesto que el ideal que la preside está contenido en su saludo habitual, as-salamu 'alaykum, o "la paz sea con vosotros". (Las religiones del mundo)


Tolerancia:
Mi familia es cristiana desde el siglo II ó III y vive en un lugar del mundo donde el Islam es, desde el siglo VII, la religión mayoritaria. Pues bien, catorce siglos después sigue viviendo allí y siendo cristiana. Y, mientras tanto, ¿qué hizo Occidente, qué hizo la Europa cristiana? Desde luego no preservó las comunidades minoritarias. ¿Qué ocurrió con los musulmanes de España? Se les expulsó. ¿Y con los de Sicilia? Se les expulsó. El Islam, a tenor de la experiencia histórica, ha sido muchísimo más tolerante. No se puede decir que sea una religión de intolerantes, sino una religión que ha aceptado a los otros mucho más de lo que los otros la aceptaron a ella. (Amin Maalouf)

De los dictados del libro sagrado del islam se desprende una receta para la armonía en la vida cotidiana. En el Corán, Dios nos manda que seamos caritativos con el prójimo, lo que implica llevar una vida ética. Tales conceptos no son nuevos; el Corán confirma muchas de las enseñanzas ya consignadas en la Biblia. A fin de cuentas, la esencia del mensaje coránico de Dios es el siguiente: "Trata a los demás mejor de lo que ellos te tratan a ti. (Imán Anwar al-Awlaki)

Persecución y muertes:
Hay demasiadas malas interpretaciones alrededor del Islam. Estoy convencido de que en toda doctrina religiosa hay elementos de intolerancia y de tolerancia, y que depende de cada sociedad potenciar los elementos de tolerancia o los de intolerancia. Esto se ha visto en todas las religiones, y evidentemente también en el Cristianismo. Hace tres o cuatro siglos nadie podía haber predicho su actual evolución, que el Cristianismo favoreciese la democracia... Es evidente que, si lo juzgásemos por la imagen que se tenía de él hace tres o cuatro siglos, lo valoraríamos de forma muy diferente. Tal vez nos sentiríamos tentados a pensar que fue la religión quien produjo la Inquisición, la justificación de la esclavitud o la caza de brujas. (Amin Maalouf)

[...] incluso considero peor el cristiano; ¿quién masacró a los indios de América?: los autoproclamados evangelizadores. Hasta Fray Bartolomé de las Casas dijo: "La barbarie viene de Europa". Y cuando los soldados de Hitler llevaban en sus cinturones el lema «Dios está con nosotros», ¿eso no era integrismo? En resumen: Occidente no se puede permitir dar lecciones de no-integrismo a los demás. Se trata de una enfermedad existente en todas las religiones... nadie ha masacrado más que Occidente. ¿Y qué opina usted de que Estados Unidos matara a 300.000 personas en Irak con armas ultramodernas?, ¿eso no cuenta? (Roger Garaudy)

[...] Pero lo que más me conmueve y me estremece es asistir a la locura colectiva que se da en el Ulster entre católicos y protestantes. En plena Europa, Irlanda y Gran Bretaña pertenecen a la Unión Europea y hemos asistido a baños de sangre, torturas, terrorismo, secuestros y asesinatos de gente inocente arruinando una de las regiones más empobrecidas del continente. ¿Es admisible que el grupo terrorista IRA se proclame católico y la jerarquía de esa Iglesia no los desautorice y exija que no pronuncien ese nombre en vano? ¿Es que los obispos protestantes, cristianos ellos también, no pueden llamar al orden a esos incontrolados de las logias de Orange que se empeñan en tocar sus fanfarrias por los barrios católicos? [...] A veces, siento ganas de gritar y de echarme a la calle preguntando si es posible que, después de dos mil años del mensaje de Jesús de Nazareth, sigamos destrozándonos en su nombre. No es preciso ser cristiano ni musulmán, budista, animista, agnóstico o ateo: basta con saberse persona que comparte la humana condición. (J.C.García Fajardo)

La Guerra Santa según Sayed Qutb:
La ikrah fi-d-dîn: comentando este versículo, Sayed Qutb justifica lo que, a primera vista, parece injustificable. Según él, "En el islam este versículo va acompañado del deber de hacer la guerra santa. Basta con ver las batallas que los musulmanes han tenido que librar durante su historia. La palabra del Altísimo dice: "Luchad contra ellos hasta que no haya más oposición y la religión debida sea sólo para Allah" (2, 193). Los enemigos del islam acusan tendenciosamente a éste de ser contradictorio y paradójico. Pretenden hacer creer que el islam se impuso por la espada al mismo tiempo que proclamaba: ¡No hay coacción en religión! Otros enemigos aparentan absolverle de esta acusación, y, maliciosamente, intentan disminuir el espíritu de Guerra Santa en la sensibilidad de los musulmanes. Minimizan la importancia que ha tenido esta obligación en la historia del islam, tanto en sus inicios como en su expansión. De manera sinuosa, meliflua y astuta insinúan a los musulmanes que, en los tiempos actuales o por venir, no existe ninguna necesidad de recurrir a esta práctica. Y lo dicen como si quisieran negar aquella acusación que habitualmente se profiere contra el islam. Unos y otros son orientalistas que, en la guerra contra el islam, actúan en un mismo bando, adulteran sus métodos, combaten la revelación divina y todo aquello que forma parte del sentimiento de los musulmanes. Ciertamente, en el transcurso de su larga historia, el islam ha desenvainado la espada, ha luchado y defendido la causa de Allah. El islam ha llevado a cabo la Guerra Santa no para imponerse a nadie, sino para alcanzar los objetivos de su misión. (Sayed Qutb)

¡Para establecer el orden del islam, la Guerra Santa no deja de ser un deber para los creyentes musulmanes hasta que no haya más oposición y la religión debida sea sólo para Allah! El islam, pues, no lleva la espada para forzar a la gente a asumirlo. En este sentido el islam tampoco se ha extendido en el mundo por la espada, como pretenden sus enemigos. Sólo ha hecho la Guerra Santa para establecer un orden seguro, bajo la égida del cual todos los creyentes -de cualquier creencia- se sientan seguros viviendo dentro de su marco, sometidos, aunque profesen un credo particular. ¡Para salvaguardar su propia existencia, para expansionarse, para dar seguridad a sus seguidores en la práctica de sus normas y para dar seguridad a los neófitos, el recurso a la fuerza ha sido un elemento esencial para el islam! ¡El recurso a la fuerza le ha sido necesario para establecer el orden divino y defenderlo! ¡En el pasado y en el futuro, la Guerra Santa no ha sido, y no será, cosa de poca importancia, ni cosa de utilidad limitada, como pretenden hacer creer a los musulmanes sus peores enemigos! El islam necesita un estado, un orden, una fuerza . El islam necesita de la Guerra Santa. Ésta forma parte de su naturaleza; ¡sin ella el islam no puede existir ni guiar a la humanidad! ¡No hay coacción en religión! Sí, pero, ¡preparad contra ellos todas las fuerzas y guarniciones de caballos que podáis; así atemorizaréis a los enemigos de Allah, que son también los vuestros, aparte de otros que no conocéis, pero que Allah sí conoce! (8, 60) Este versículo es fundamental. Desde esta perspectiva los musulmanes han de conocer la realidad de su religión, de su historia. ¡La posición del creyente musulmán ante su religión no ha de ser la del acusado que se esfuerza en justificarse! ¡Al contrario! Su actitud ha de ser la del creyente tranquilo, seguro de sí mismo, que está por encima de las concepciones, sistemas e ideologías de este mundo. No se deja engañar por aquellos que, pretendiendo captar los buenos sentimientos de los musulmanes, hacen ver que defienden el islam disculpándole de ejercer su derecho a la Guerra Santa. La finalidad de la Guerra Santa es la de subyugar la doblez agresiva y de gozar universalmente del bien. La Guerra Santa libera a la humanidad, todo lo contrario de lo que dicen los que la desautorizan y que astutamente la comparan con su manera de actuar. Éstos son los peores enemigos de la humanidad. La humanidad ha de combatir a estos enemigos si quiere actuar con sensatez e inteligencia. Pero ¡hasta que no alcance el grado necesario de sensatez y de inteligencia, los creyentes musulmanes han de combatir a sus enemigos! Allah ha elegido a los musulmanes y les ha dado el don de la fe. Por su propio bien y por el de la humanidad los musulmanes han de actuar así. ¡Por lo tanto, y ante Allah, los musulmanes deben reivindicar este deber! (Sayed Qutb). Extraído de http://personales.ya.com/buzoncatolico/religion32.html


Miembros de Hamas en Palestina Europeizar el Islam de Europa. Por Salah Jamal (abr 2004):
Aunque en las mezquitas españolas se oyen proclamas poco peligrosas, los imanes no han de depender de países no democráticos y el Estado no debe darles una representatividad que no tienen. El presidente de la Asociación de Trabajadores Inmigrantes Marroquís (ATIME) ha declarado que es prioritario elegir democráticamente, con el aliento del Estado español, una especie de "Consejo Islámico" para acabar con la tolerancia hacía los imanes y las mezquitas que incitan a la violencia. Otro sindicalista marroquí, ligado a UGT, ha sostenido que lo que debería hacer el Gobierno español es coordinarse con el marroquí para destinar imanes formados "democráticamente" en Marruecos. Una sugerencia marxista. Y me refiero a Groucho, claro. Mi curiosidad, impulsada por la insistencia de muchos medios de comunicación que no cesan en sus advertencias sobre el peligro de los sermones incendiarios que transmiten los imanes, me ha llevado más de una vez a infiltrarme en distintos oratorios y en las poquísimas mezquitas ubicadas en el Estado español. Después de aguantar estoicamente cada una de las sesiones oratorias a las que asistí, siempre quedé frustrado. No oía lo que buscaba. Ni discursos incendiarios, ni incitación a la violencia. Los imanes tampoco hacían proclamas de carácter social. Más bien interpretaban algún que otro episodio idénticamente narrado en la Biblia y en el Antiguo Testamento (Jonás y la ballena, Jesús, la Virgen y el Espíritu Santo, etcétera) e impartían enseñanzas que impulsasen a los creyentes a emular los comportamientos cotidianos practicados por el profeta Mahoma. Todos ellos me parecieron inofensivos, triviales e incluso surrealistas. Esos sermones estaban dirigidos por imanes en su gran mayoría carentes de los más mínimos requisitos culturales. Cualquier musulmán puede dirigir una oración colectiva. Pero esto nunca le da derecho a convertirse en un imán. Y aún menos en representante de nadie. Por lo tanto, encuentro cómico que, fruto de la ignorancia, los prejuicios y el oportunismo, surjan, un día sí y otro también, voces alarmantes sobre el peligro que puede venir de las mezquitas. Pero es mucho más delirante todavía ver cómo las despistadas autoridades estatales, autonómicas o municipales toman a estas personas, a nivel individual o en grupo, como representantes de los musulmanes, de todos los musulmanes, sin importar si son practicantes o no, y les ofrecen ciertas subvenciones económicas. Debemos formular esta simple pregunta: ¿quién les ha elegido como representantes? Obviamente, nadie. Es conocido que los imanes que dirigen las mezquitas de cierta importancia son nombrados y subvencionados por países musulmanes con un talante tan democrático como Arabia Saudí o Pakistán. Por cierto, grandes aliados de Occidente. Hay que poner freno a estas prácticas y fomentar imanes del nuestro mismo entorno. En otras palabras, europeizar el islam de Europa. En realidad, ¿qué se cuece en el interior de los oratorios y de las mezquitas ubicadas en el Estado español? Nada del otro mundo. En otras mezquitas del mundo árabe-musulmán, cuando se producen acontecimientos graves y relevantes, algún que otro imán va más allá del guión escrito por el Ministerio del Interior correspondiente y suelta alguna bravuconada. Y la gente, vigilada por regímenes totalitarios y sin derecho a manifestarse, vuelve a sus casas incubando odio. En los oratorios ubicados en Europa ocurre lo mismo, pero con una gran diferencia. La gran mayoría de los árabes y musulmanes disfrutamos y valoramos, a pesar de ciertas privaciones, la libertad y los derechos que hemos conseguido aquí. Consolidar estos logros constituye la única y sólida barrera frente a las manipulaciones y las hipotéticas incitaciones a la violencia. Cuanto más igualdad de derechos y deberes se consiga, más arrinconados estarán todos los extremismos. Añadiendo algo más a lo dicho antes: ¿debemos democratizar los oratorios y las mezquitas? Por supuesto que sí. Partiendo de la base de que dichas instituciones religiosas, junto a las de otros credos, estén bajo la tutela del mismo Estado de derecho. Para insuflarles un espíritu democrático que falta les hace a todas. También a las cristianas y a las judías.


Fernando Savater Iglesias, tolerancia y poder terrenal:
También podemos decir que las religiones fueron causa de una serie de gestos generosos y valientes. Pero ¿por qué las religiones han sido incompatibles unas con con otras? Todos los hombres religiosos predican palabras hermosas de aceptación a los demás, pero pocas veces sus actos tienen que ver con su prédica. El ejemplo del catolicismo es evidente: las religiones se hacen tolerantes cuando se debilitan, cuando pierden poder terrenal. Mientras controlan los hilos de la política y la economía y tienen un brazo secular para poder hacer cumplir sus preceptos, rara vez dan muestras de tolerancia. Este sentimiento aparece cuando los que controlan la práctica de una creencia tienen que ser aceptados, no cuando tienen que aceptar. Este es un fenómeno que ocurre en casi todas las religiones. [...] Hoy las religiones van perdiendo su poder terrenal -o al menos eso espero-, y no me cabe duda de que el mundo se beneficiará ante esta situación, ya que se alejarán los elementos de tensión que se desprenden de ese excluirse unas a otras utilizando la fuerza o la persecución. De todas formas estamos hablando de Iglesias más que de religiones. Dios nunca habla en forma directa con los humanos, o por lo menos no lo hace con la mayoría. Siempre hay alguien que se interpone. Nunca tenemos a Dios delante, sino a sacerdotes, obispos, muecines, rabinos, etcétera. es decir, otras personas tan comunes como los demás, pero que hablan en su nombre. Cuando uno analiza las guerras de religión se pregunta si Dios no habría sido la coartada para justificar los odios que los hombres se teían entre ellos, para impulsar los deseos de conquista y depredación. (Fernando Savater. Los diez mandamientos en el siglo XXI)


Introducción de las órdenes militares en la lucha contra el Islam (s.XII):
[En la nueva concepción de la guerra que introdujo Urbano II] san Bernardo desempeñó un papel esencial con el Elogio de la nueva milicia templaria, obra dedicada a los caballeros del Temple. Las cruzadas fueron la plasmación del paradigma religioso, y las órdenes militares, principalmente el Temple, proporcionaron el ideal de caballero. De este modo, templarios y hospitalarios se convirtieron en brazo derecho del papado en Oriente y Occidente. La creación de las órdenes militares plantea una serie de problemas desde el punto de vista de la ideología cristiana. A pesar de que la doctrina de San Agustín justifica la guerra justa, la vocación guerrera de las nuevas órdenes se apartaba de la vocación pacifista de la tradición cristiana que, por lo menos teóricamente, no contemplaba hasta entonces el nuevo tipo de religiosidad que suponía el fraile-caballero. Algunos autores han interpretado este camino a partir de influencias de la guerra santa, la jihad islámica, pero, aunque existan paralelismos entre la guerra de Dios de los cruzados y la de los árabes, el concepto de la nueva caballería, representado por las cruzadas y las órdenes militares, se puede entender desde esquemas cristianos. Es posible que las influencias mutuas entre cristianos y musulmanes culminaran en una reinvención de la idea de la guerra santa islámica por parte de la jerarquía católica. Las cruzadas y las órdenes religioso-militares suponen también la transposición a lo divino de los ideales de la caballería. Por ejemplo, la devoción a Nuestra Señora, advocación a la que los templarios dedicaron la mayor parte de sus capillas, es la manifestación de los ideales del amor cortés en el plano religioso. (Carme Plaza)

San Bernardo sobre las órdenes militares:
Mas los soldados de Cristo combaten confiados en las batallas del Señor sin temor alguno a pecar por ponerse en peligro de muerte y por matar al enemigo. Para ellos, morir o matar por Cristo no implica criminalidad alguna y les reporta una gran gloria. Además, consiguen dos cosas: muriendo sirven a Cristo, y matando, Cristo mismo se les entrega como premio. El acepta gustosamente como una venganza la muerte del enemigo y más gustosamente aún se da como consuelo al soldado que muere por su causa. Es decir, el soldado de Cristo mata con seguridad de conciencia y muere con mayor seguridad aún. Si sucumbe, él sale ganador; y si vence, es Cristo quien gana. Por algo lleva la espada; es el agente de Dios [Rom 13,4] el ejecutor de su reprobación contra el delincuente [1 Pe 2,14]. No es un homicida, sino -yo diría- un malicida, el que mata a un pecador para defender a los buenos. (San Bernardo, Elogio de la nueva milicia templaria)


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