Marina de guerra
Acorazados


Acorazados:
Los primeros vapores que se incorporaron a las marinas de guerra eran cargueros, remolcadores o transportes de tropas (Sphinx, Véloce, Gomer). La probada eficacia de los grandes veleros de 120 cañones motivó una inicial resistencia a grandes cambios basados en el acero y el vapor. Se fue perfeccionando el diseño de las granadas explosivas y pasaron de ser lanzadas por morteros a ser utilizadas a tiro tendido en los barcos. Grandes veleros sucumbían en enfrentamientos ante pequeños avisos con cañones obuses. Su poder destructivo hizo obligatorio acorazar barcos. Las primeras pruebas de embarcaciones reforzadas con planchas de hierro producen naves de muy escasa velocidad y maniobrabilidad. La entrada en acción del Monitor, durante la guerra de Secesión (1861-1865), logra el hundimiento de la flota confederada que se le enfrentó. En 1866 el ingeniero Robert Whitehead tenía listo su primer modelo de torpedo impulsado por aire comprimido, de razonable efectividad. El repaso histórico de Mahan convence y establece el acuerdo general de que siempre el país con mayor capacidad naval venció al dotado del ejército más poderoso.

Galena 1868 Reina Cristina hundido Oquendo hundido en Cuba Guerra de Cuba 1898

Ambiciosos planes de rearme:
La obra de Mahan fue decisiva en la historia. Comenzando por la propia historia de los Estados Unidos, que iniciaron en 1892 su plan de construcción navales. Todavía ese año, a pesar del plan de Rodríguez Arias sólo en parte se había llevado a efecto, España se encontraba en condiciones de enfrentarse con éxito a la marina norteamericana; en 1898 ya no había esperanzas. Los gobiernos de Londres y París se apresuraron a acelerar sus planes navales, y en 1897, un famoso discurso del kaiser Guillermo II en Colonia, en que declaró que el porvenir de Alemania está en el mar, iba a originar el ambicioso plan Tirpitz de 1898, que preveía la construcción por los alemanes de veinte acorazados y treinta y tres cruceros, y el más ambicioso todavía de plan de 1900. También Francia, Rusia, Italia y Japón quisieron de pronto convertirse en potencias navales. Todo eso, que es verdad, no debe ocultarnos el hecho de que, a partir del descubrimiento de la hélice propulsora, las grandes potencias estaban ya preocupadas por incrementar su potencia marítima. La supremacía de los mares, desde los tiempos de Trafalgar (1805), pertenecía indiscutiblemente a Inglaterra. Pero el prurito de las potencias de demostrar sus posibilidades bélicas, y también de llegar al control de espacios lejanos, hicieron que otros países, Francia especialmente, realizaran una activa política naval.

Aparición del acorazado:
Se discute cuál fue el primer acorazado de la historia. En la guerra de Secesión, los federales norteamericanos utilizaron en terrible Monitor, que no era más que un barco de madera revestido de gruesas planchas de hierro y armado de gruesos cañones (que más no podía, debido al inmenso peso de las planchas), el cual, a pesar de su torpe andar, hundió a toda la escuadra confederada e hizo posible el bloqueo que arruinó las posibilidades de sus enemigos. En 1859, Dupuy de Lôme ideó para Napoleón III el acorazado La Gloire, teóricamente invencible, aunque no tuvo ocasión de demostrar sus cualidades. Probablemente el primer acorazado propiamente dicho fue el Duilio, construido por los italianos en 1876.

Rusia 1903 HMS Drake HMS Majestic HMS Swiftsure

El Dreadnought (1906):
Pero fueron los ingleses los que, preocupados siempre por su hegemonía naval, mejoraron la técnica y las posibilidades de aquellos monstruos de los mares. El Dreadnought, con sus 18.000 toneladas de desplazamiento, sus 147 metros de eslora, su increíble coraza de casi 30 cm de espesor y sus torres de cañones de grueso calibre, se convirtió muy pronto en el símbolo del poderío naval, hasta el punto de que, hasta la época de la primera guerra mundial, a los acorazados se les daba el nombre de dreadnoughts. Sin el convertidor de acero, sin los altos hornos de elevada tecnología, sin calderas de vapor capaces de desarrollar docenas de miles de caballos de fuerza, sin un desarrollo prodigioso de la ingeniería naval, sin las aleaciones especiales, susceptibles de reforzar hasta el máximo la resistencia de las planchas, y sin altísimos presupuestos capaces de permitir a los estados tan astronómicos dispendios, hubiera sido imposible el prevalecimiento del acorazado. Y el acorazado se convirtió en el símbolo por excelencia de la Gran Potencia: ningún país del mundo puede titularse Gran Potencia si no tiene acorazados. El Michigan y el South Carolina fueron los primeros dreadnoughts construidos en EE.UU. (1906). Una omisión en un diseño motivó la introducción de torretas superfiring en escalón, disposición que copiarían otras naciones. Un mandato del Congreso limitó el desplazamiento a 16.000 Tm, lo que produjo problemas estructurales. La escasa velocidad máxima (17 nudos) le impedía seguir a acorazados posteriores y no prestó servicio de combate en la Gran Guerra.

Los torpederos japoneses se emplearon exitosamente en Port-Arthur (1904) y en Tsu-Sima (1905). A partir de 1910 se empiezan a instalar aparatos de radio que permiten la adopción de nuevos métodos estratégicos y reacciones tácticas.

Crucero de batalla HMS Inflexible 1907-1921 Gallipoli 1915 HMS Invincible, Crucero de batalla hundido en Jutlandia HMS Triumph

Gran Guerra (1914):
Al estallar la primera guerra mundial, Inglaterra, Alemania, Francia, Rusia y Japón, poseían ya varias docenas de estos monstruos, y habían construido acorazados Italia, España y otros países. De las flotas que entraron en conflicto destacaba Gran Bretaña con 20, seguida de Alemania con 14. El resto lo formaba un grupo igualado de países con 3 acorazados: Francia, Japón, Italia, Austria y Rusia. El buen resultado del implacable bombardeo de los cruceros de combate Invincible e Inflexible sobre los cruceros acorazados alemanes Scharnhorst y Gneisenau, animó a la rápida construcción del Renown y el Repulse.

EE.UU. inicia la construcción de cruceros pesados en 1929. Iniciaron la serie el Salt Lake City y el Pensacola. El tratado naval de Londres (1930) confirmaba las limitaciones máximas establecidas en Washington. Quedaban fijadas dos categorías. La A incluía a los cruceros con calibres superiores a 155 mm (cruceros pesados o cruceros Washington). La B englobaba a todos los de inferior calibre (cruceros ligeros). Los cruceros Washington comenzaron a sacrificar el armamento para conseguir mayor velocidad. Ejemplos de esta renuncia al calibre habían sido los franceses Duquesne (1925) y Tourville (1926), con diseños que conllevaron una disminución de eficacia y que no se repetirían.

El crucero ligero de los años de entre guerras se caracterizó por el uso del calibre de 152 mm. A partir de 1935, a causa del conflicto italo-abisinio se vio la necesidad de reforzar las defensas antiaéreas. EE.UU y Gran Bretaña comenzaron a efectuar cambios en los cruceros ligeros. Se sustituyeron cañones y se montaron ametralladoras contra los ataques aéreos. Un ejemplo de esta transformación es el crucero británico Dido.


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