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Crisis de los misiles



La crisis de los misiles (oct 1962). Por Dolors Gasós:
La crisis en torno a la instalación de misiles soviéticos en Cuba constituye, con toda probabilidad, el momento crucial de la presidencia de Kennedy, la contrapartida a la humillación sufrida en bahía de Cochinos. Su desarrollo y desenlace habrían de proporcionar al presidente de Estados Unidos una victoria histórica y un inusitado prestigio internacional. Su estatura personal y política iban a alcanzar una cima que nunca llegaría a superar. El desarrollo de los hechos mantuvo, primero a los colaboradores más directos del presidente y después a todo el mundo, pendiente de un hilo y con el ánimo lleno de creciente tensión. Ya desde hace meses, algunos líderes del Congreso, numerosos exiliados cubanos y diversos medios de comunicación están informando de que la URSS ha enviado numerosos consejeros militares a Cuba y de que se están instalando en la isla proyectiles balísticos de alcance medio, preparados para un ataque superficie-superficie. Todas y cada una de esas numerosas sospechas son investigadas minuciosamente por la administración Kennedy, que tiene sobrados motivos para pensar que las armas que se están instalando en Cuba son defensivas y no ofensivas. El presidente acepta las primeras y rechaza las segundas, y deja muy clara su posición tanto en las charlas privadas como en sus manifestaciones públicas: "Si los preparativos comunistas en Cuba, en cualquier instante y de cualquier manera, fueran a poner en peligro nuestra seguridad, o si Cuba llegara a convertirse algún día en una base militar ofensiva de posibilidades importantes para la URSS, entonces nuestro país haría cuanto fuera preciso para proteger su propia seguridad y la de sus aliados".

    [*] Numerosos efectivos soviéticos en la zona: En la Reunión Tripartita de Moscú (1989) EE.UU. fue informado de las cifras del despliegue que los servicios de inteligencia norteamericanos habían subestimado. 43.000 soldados soviéticos con equipamiento sofisticado. La división de cohetes se dividía en 5 regimientos acompañados por otros cuatro de infantería motorizada. La Fuerza Aérea contaba con un regimiento de caza, uno de 6 bombarderos ligeros -con una bomba atómica por avión de 6 kilotones-, dos regimientos de cohetes tierra-tierra con ojivas nucleares. Una carga total de 67,5 megatones, equivalentes a 5.198 bombas de Hiroshima. La defensa antiaérea tenía dos divisiones con cohetes tierra-aire. La fuerza naval: Una brigada de lanchas con cohetes, un regimiento de cohetes tierra-mar, un regimiento de bombarderos tácticos IL-28 y siete submarinos diesel con tres cohetes y cuatro torpedos nucleares, con ojivas de entre 8 y 10 kilotones. Robert MacNamara declaró ante la subcomisión del Comité de Las Fuerzas Armadas del Senado de EE.UU. dando cuenta de los hechos sucedidos: "El 22 de octubre nuestros funcionarios calculaban entre 8 y 10 mil los soviéticos presentes".

El ambiente está revuelto y Kennedy tiene el máximo interés en mantenerse informado sobre la evolución de los acontecimientos en Cuba. Para ello se disponen sucesivos vuelos de los aviones-espía U-2 sobre la isla, que requieren previamente la autorización personal del presidente. El día 9 de octubre de 1962, Kennedy autoriza un vuelo de reconocimiento sobre el sector occidental de Cuba. El mal tiempo demora el despegue del aparato hasta el 14 de octubre. Esa misma noche se revelan los rollos de película fotográfica, que son analizados milimétricamente por los expertos durante todo el lunes día 15. Entre las 8 y las 10 de la noche, los altos cargos de la CIA son informados de que hay indicios suficientes para creer que en el área de San Cristóbal se ha instalado una base de proyectiles de medio alcance. McGeorge Bundy recibe inmediatamente la noticia, pero decide no transmitirla al presidente hasta la mañana siguiente. Cuando a las 9 de la mañana del martes 16 Bundy informa al presidente, que está todavía en su dormitorio, del trágico descubrimiento, empiezan los trece días más largos e intensos de todo el mandato de Kennedy. En el rostro del presidente se dibuja un gesto de sorpresa, y empiezan a perfilarse las preguntas que en los días sucesivos le torturarán constantemente: ¿Por qué ha roto la URSS su costumbre de no instalar proyectiles-cohete fuera de su propio territorio? ¿Qué pretenden realmente los rusos con esta acción? ¿Por qué han actuado con engaño y sorpresa y por sorpresa? Pese a todo, Kennedy mantiene la calma. Comprende en el acto la trascendencia vital del asunto y se prepara para dar una respuesta adecuada. El primer movimiento del peligroso juego que acaba de comenzar consiste en convocar una reunión de urgencia. Los 15 hombres clave que a partir de aquel momento quedarán constituidos en el llamado Comité Ejecutivo del Consejo Nacional (Excom) se reúnen por primera vez ese martes 16 de octubre a las 11:45 de la mañana. La sala de juntas ministeriales es el escenario donde se muestran por primera vez las fotos reveladoras de los misiles soviéticos de medio alcance. Unos misiles con un radio de acción de más de 2.000 kilómetros, que amenazan una buena parte de la superficie de Estados Unidos. Se estima que los proyectiles-cohete en cuestión, en número de entre 16 y 24, estarán en situación operacional en pocas semanas.

    [*] Decisiones previas personales de Castro: Desde 1959 Castro es líder unipersonal con vocación por los asuntos militares. Las decisiones no fueron compartidas con la dirección nacional ni con el consejo de ministros. No se informó a los jefes de las distintas armas de un ejército sin medidas de protección, de la instalación de armas nucleares. Dice en una carta muy combativa a Kruschev "honestamente asumimos la idea de que íbamos a desaparecer... nos tocaba hacerles pagar ese precio, pero por lo menos el mundo se libraba del imperialismo si semejante acto tan grave e insalvable como una invasión tuviera que ocurrir, que sólo hubiera conducido a una guerra total... Si el enemigo iba a lanzar ese tipo de ataque bajo circunstancias como esas, entonces no habría otra alternativa".

La línea de actuación queda definida inmediatamente. Se encargarán nuevas fotos, en esta ocasión más detalladas y de toda la isla, no sólo en el sector occidental; los 15 convocados estudiarán con carácter de urgencia las posibles medidas a adoptar; y se mantendrá el más estricto secreto, para que el fatídico descubrimiento no llegue a conocimiento de la URSS ni de la opinión pública antes de que se haya decidido cómo responder. Con este fin, el presidente seguirá en lo posible con su vida normal. Acudirá a los mítines electorales que tiene previstos de cara a la próxima celebración de comicios para el Congreso, asistirá a todos los actos programados y recibirá a las personas que tienen concedida entrevista. Su imagen pública habitual, la de un hombre alegre y tranquilo, no deberá sufrir modificación alguna.

[Bloqueo marítimo:]
[...] El martes 23 de octubre de 1962 todo está listo para el bloqueo. "Desarmar, no hundir", es la orden. Los aliados de la OTAN han manifestado de diversas maneras su apoyo al presidente y también la Organización de Estados Americanos se ha mostrado mayoritariamente favorable a la cuarentena. Después de la excelente presentación del caso hecha por Adlai Stevenson, la ONU manifiesta asimismo su conformidad. Y cuando algunos periódicos ingleses insinúan que puede tratarse de un montaje sin fundamento real, Kennedy autoriza la reproducción de las mejores fotografías. El miércoles 24 de octubre por la mañana la cuarentena entra oficialmente en vigor. Los buques y los submarinos americanos se encuentran listos para la acción. También están preparadas las fuerzas aéreas y todo el Ejército se halla en estado de máxima alerta. Los 15 miembros del Excom permanecen trabajando las 24 horas del día. La tensión es máxima. Y es entonces cuando llega la temible noticia: dieciocho cargueros soviéticos se dirigen hacia la zona protegida. Todo está dispuesto para hundir a los que intenten violar la cuarentena. Simultáneamente, el secretario general de las Naciones Unidas, U Thant, intenta conseguir un acuerdo por vía diplomática. En la Casa Blanca, el Excom estudia la posición, las características y la trayectoria de cada uno de los dieciocho navíos soviéticos y analiza cuáles son los más susceptibles de llevar armas. Así están las cosas, cuando comienzan a llegar las buenas noticias. Dieciséis de los dieciocho barcos rusos detienen su marcha, y al día siguiente dan media vuelta. Los aviones estadounidenses los siguen hasta que llegan a puerto. Entretanto, un barco de bandera panameña contratado por la URSS que se dirige a Cuba es registrado por marineros estadounidenses. Al demostrarse que sólo lleva accesorios para automóviles, se le deja pasar. Pero en Cuba, los expertos soviéticos siguen trabajando a toda velocidad y cada vez se encuentran en fase operativa mayor número de MRBM. Si no se alcanza pronto un acuerdo para el desmantelamiento de los proyectiles-cohete, el bloqueo se reforzará, ampliándolo a nuevos productos, y se preparará el ataque aéreo contra la isla. El viernes, un error de apreciación en las declaraciones del portavoz del departamento de Estado, provoca alarmantes titulares en la prensa de Washington: el ataque aéreo contra Cuba y la invasión de la isla son inminentes. Ese mismo día por la noche se recibe una carta de Kruschev para el presidente. Aunque no con toda la claridad que sería de desear, el dirigente ruso admite que está dispuesto a retirar los misiles de Cuba, bajo la vigilancia de la ONU, a cambio de que Estados Unidos no invada la isla. El sábado por la mañana, en una nueva carta, el líder soviético pide también como contrapartida que se retiren los proyectiles-cohete Júpiter instalados en Turquía. (Dolors Gasós)


1962, EEUU y URSS provocan la crisis de los misiles:
La Unión Soviética y Estados Unidos siempre evitaron una confrontación directa armada en su disputa por la supremacía ideológica y territorial. Sin embargo, durante dos tensas semanas de 1962 las superpotencias se enfrentaron cara a cara y casi provocaron una guerra nuclear. La crisis de los misiles empezó el 14 de octubre, cuando un avión espía estadounidense detectó un misil balístico soviético en la isla de Cuba, a sólo 145 km de Estados Unidos. (Khrushchev declaró que las armas que enviaba a Cuba no eran nucleares sino defensivas). Era la primera vez que los soviéticos desplegaban armas nucleares en el continente americano. El presidente Kennedy, el secretario de Estado Dean Rusk, el secretario de Defensa Robert McNamara y el secretario de Prensa, Pierre Salinger, el 29 de Octubre de 1962, el presidente Kennedy y sus consejeros discutieron sobre cómo responder. Las sugerencias iban desde la pasividad ("No hay ninguna diferencia entre morir por un misil enviado desde la Unión Soviética o desde Cuba", dijo el secretario de Defensa, Robert McNamara) hasta la invasión inmediata. Kennedy optó por un bloqueo, al que se sumó la Organización de Estados Americanos. El 22 de octubre, el presidente explicó la situación por televisión. "He ordenado a las fuerzas armadas que se preparen para cualquier eventualidad", manifestó. El mensaje estaba claro. El mundo se preparaba para la guerra. Se vota la Proclama del Bloqueo en la OEA el 23 de octubre. Luego Kennedy la refrendaría. Khrushchev no desafió el bloqueo enviando barcos con armas nucleares, pero al principio se negó a desmantelar el armamento que ya estaba en la isla. La confrontación se intensificó: 200.000 soldados norteamericanos se concentraron en Florida y un piloto que realizaba un vuelo de reconocimiento sobre Cuba fue derribado y muerto. Fue la única víctima. El 28 de octubre, a cambio de la promesa de que Estados Unidos nunca invadiría Cuba y trasladaría sus propios misiles de Turquía, Khrushchev accedió a retirar el armamento.
Autor: DrTV

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