HISTORIA
Guerra del Golfo



Guerra del Golfo Fortalecimiento de Saddam Hussein:
En 1958 el general Kassem derriba la monarquía de Irak. En 1959 Hussein ingresa en el Partido Baas, de ideología socialista y panarabista. Sus posición crítica le obliga a exiliarse a Egipto, de donde regresa cuando Kassem es derribado por un golpe de estado. Su posición de poder prospera bajo los mandatos de los coroneles Aref (1963 y 1966) y del general al-Bakr, quien le nombra vicepresidente del Consejo de la Revolución (1969) debido al prestigio que gozaba entre los campesinos a raíz de sus gestiones reformistas en los ministerios. Se convierte en presidente de la República tras la dimisión de al-Bakr (1979). Acapara la cartera de Defensa e impulsa importantes reformas sociales favorables a las clases trabajadoras y apoya al movimiento palestino. El gobierno de Reagan, preocupado por la deriva de la revolución islámica iraní, lo aprovisiona fuertemente de armamento norteamericano. Su recompensa por el derribo de la Revolución islámica consistiría en la apropiación de las zonas territoriales en litigio como botín. En 1980 el ejército iraquí inicia una invasión de Irán que se prolongará hasta 1988 dejando un saldo de un millón de muertos. El conflicto supuso un serio desgaste económico. Generó al país una deuda de 86.000 millones de dólares. Sin embargo, a su término el ejército iraquí continuó siendo el más poderoso de la región. La acumulación de armas de destrucción masiva inquietaba la comunidad internacional. Desde su llegada al poder Hussein se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo. Además de llevar a cabo persecuciones y matanzas de kurdos y shiíes, embarcó a su pueblo en una cruzada suicida. La población iraquí derivó hacia una situación crítica tanto en el aspecto ideológico como material, carente de lo básico para una vida digna. Considerando su ventaja militar, a principios de 1990, Hussein desenterró la vieja reivindicación iraquí de la posesión del territorio de Kuwait. La decisión de la invasión fue anunciada unas semanas antes por vía diplomática a EE.UU. La respuesta de Washington, cuestión de gran importancia, ha sido calificada repetidamente de ambigua en exceso.

Guerra del Golfo (17 enero 1991-24 febrero 1991):
En agosto de 1990 las tropas iraquíes invadieron Kuwait. El transfondo del ataque son las históricas reivindicaciones de algunos territorios, aunque tiene más peso el asegurarse un acceso, de gran importancia estratégica, al golfo Pérsico. Los principales motivos que provocan la invasión son de tipo político y económico: la aspiración de Saddam Hussein a convertir Irak en una gran potencia en la región, así como la mala situación económica tras el fin de la ruinosa guerra contra Irán. Kuwait disponía de más de 120.000 millones de dólares de reservas en el extranjero. Con la posesión de los ricos campos petrolíferos kuwaitíes Irak se convertiría en el cuarto mayor productor de petróleo. Detrás de la URSS, EE.UU. y Arabia Saudí. En una violación sin precedentes del derecho internacional, Saddam intenta asegurarse el botín. Todos los extranjeros que se encuentran en Irak y Kuwait son retenidos como rehenes y utilizados como escudos humanos contra posibles ataques.

Negociaciones de la alianza:
Se suceden en la ONU numerosas resoluciones: condena de la invasión el 2 de agosto, embargo económico el 6 de agosto, el bloqueo militar el 25 de agosto y el 29 de noviembre la autorización del uso de la fuerza que permitió la creación de una amplia alianza y una rápida guerra. El Secretario de Defensa Dick Cheney, entre 1990 y 1991 jugó un papel clave en el conflicto bélico. Dirigió todos los acuerdos y alianzas previas a la Guerra del Golfo; consiguió que el rey Fahd de Arabia Saudí permitiera la instalación de bases militares estadounidenses en Daharan, y en 1992 firmó un acuerdo de seguridad entre EE.UU. y el emirato de Qatar, donde se instaló el comando central de las tropas de EE.UU. estacionadas en la región del Golfo Pérsico. En julio de 1991 recibió la Medalla Presidencial de Libertad otorgada por Bush por su liderazgo durante la guerra. Fue el vicepresidente más poderoso de la historia, con gran poder de influencia sobre Bush, de quien era consejero de primer orden en asuntos de política energética, política exterior y Seguridad Nacional.

Pozo ardiendo Vencido el ultimátum de la ONU, el ataque de las fuerzas aliadas comenzó el 17 de enero de 1991 a las 2.44 horas de la madrugada y el primer objetivo fue Bagdad. Se inició un nuevo tipo de ataque aplicando tecnología avanzada. Se contaba con una unanimidad internacional bastante amplia. La primera fase tenía como objetivo debilitar al máximo las defensas iraquíes, destruir la infraestructura, desmoralizar al Ejército y desbaratar las comunicaciones. La aviación aliada, especialmente la de EEUU, Gran Bretaña y Arabia Saudí, realizó más de 100.000 salidas desde sus bases en los países de la zona y desde los portaaviones que navegaban por el Golfo. Bombarderos B-52 llegados desde Europa, repostados en vuelo, a sus objetivos en Irak. A pesar de que Saddam Hussein, intentaba provocar el inicio de la ofensiva terrestre aliada, el jefe de las fuerzas occidentales Schwarzkopf, repetía que ésta llegaría cuando la capacidad de respuesta de Irak fuera mínima. Se arrojaron 88.500 toneladas de bombas; de éstas sólo 6.250 correspondían a las llamadas "bombas inteligentes". Al final se consiguió un escaso índice de precisión del 25 por ciento. Entre las fuerzas aliadas formadas por 745 mil soldados resultaron muertos en combate 179 y en accidentes 77. Los heridos fueron 320. El 22 de enero Saddam ordena que se prenda fuego a los pozos petrolíferos y a las instalaciones de extracción de petróleo de Kuwait. Cada día arden unas 220.000 toneladas de crudo. También desvían 500 millones de litros de petróleo hacia el golfo Pérsico. La vida marina de la zona sufre daños irreparables. El emirato está al borde de una catástrofe ecológica. Se llega a temer un catástrofe climática mundial.

El ejército iraquí:
El calificado como cuarto Ejército del mundo fue sometido a un bombardeo continuado, con gran variedad de medios, incluso de napalm. Desde el principio de los ataques había quedado patente que Irak no podía hacer frente a la maquinaria de guerra aliada, que gozaba de una superioridad logística, numérica y tecnológica. La aviación iraquí, dotada de Mig y Sujoi soviéticos y Mirage franceses, apenas realizó operaciones defensivas. No llegó a derribar ni un solo avión enemigo. Más de cien aparatos renunciaron a combatir y se refugiaron en aeropuertos iraníes. Cuando George Bush ordenó el comienzo de la ofensiva definitiva los soldados iraquíes, exhaustos por los bombardeos y la falta de alimentos, no ofrecieron resistencia. Seis meses de permanencia en las trincheras había sido una prueba demasiado dura. Las defensas iraquíes fueron sorteadas sin dificultad por las occidentales que avanzaron por varios frentes. El ejército iraquí perdió 50.000 hombres y gran parte de sus carros de combate y piezas de artillería. Los misiles antimisiles Patriot resultaron ser de gran efectividad utilizados contra los Scud iraquíes.

Sucesos tras la derrota iraquí:
Con la reconquista de Kuwait y la neutralización del poder de Bagdad, EE.UU. y la ONU acrecentaron su prestigio. Por primera vez ha sido posible crear una alianza contra un agresor árabe. Sin embargo no se consiguió la caída de Saddam. Dos días después de la invasión de Kuwait se impuso un embargo. En 1992 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la confiscación de los haberes del país en el extranjero para sufragar los gastos de la guerra. La coalición internacional volvió a bombardear diversos objetivos en enero de 1993. En mayo de 1995 Irak aceptó las condiciones de la ONU para ser autorizado a exportar cantidades limitadas de petróleo, a cambio de comprometerse a destinar las divisas así obtenidas a comprar alimentos y medicinas y a pagar las reparaciones de guerra derivadas de su invasión de Kuwait en 1990-91. Tras varias dilaciones en la concreción de los detalles, el embargo fue levantado parcialmente y el 10 de diciembre se comenzó a exportar 350.000 barriles diarios. En agosto de 1995 dos yernos de Saddam huyeron a Jordania, junto con sus esposas, el 23 de febrero regresaron y fueron inmediatamente ejecutados. En septiembre de 1996 se produjo un nuevo bombardeo norteamericano para responder al ataque iraquí sobre los kurdos. El 16 de enero de 1997 la ONU informaba que había recibido los primeros fondos para las reparaciones de guerra. A finales de 1997 Irak puso obstáculos para impedir el acceso de los inspectores a "instalaciones presidenciales o soberanas", lo cual incluía diversos edificios gubernamentales, almacenes y otras instalaciones, además de algunos de los palacios de Saddam Hussein. La Unscom fue acusada de estar controlada por los EEUU y el Reino Unido.

Consecuencias para Irak de la guerra y el bloqueo:
No se sabe el número exacto de las víctimas iraquíes, que algunos cifran en cien mil y que sin duda alcanzaron de manera indiscriminada a la población civil. La guerra destruyó la red de transportes, telecomunicaciones y la industria. Se produjo una gran escasez de productos de primera necesidad. Las restricciones eléctricas son continuas. El programa "Petróleo por alimentos" apenas alcanzó para paliar mínimamente los efectos del embargo. La mala nutrición y las infecciones son las principales causas de las muertes infantiles. Faltan medicamentos para tratar las enfermedades de fácil curación. En los primeros años después del conflicto, según informa Naciones Unidas murieron más de un millón de personas, de las cuales la mitad eran niños menores de cinco años. También incrementó la mortalidad infantil los casos de cáncer consecuencia del uranio empobrecido dispersado por los misiles aliados. Los resultados positivos del bloqueo son muy difíciles de ver. El régimen se fortificó y se volvió más duro.

Al-Qaeda, creada en la década de 1980 desarrolló su organización durante los combates en Afganistán. Canalizó entre 12.000 y 20.000 voluntarios árabes, financiados con sus propios fondos y las donaciones paquistaníes, saudíes y norteamericanas. A partir de 1992 realizó acciones terroristas para liberar el suelo saudí de las tropas norteamericanas instaladas durante la guerra. Fue responsable de una serie de atentados contra instalaciones de EE.UU. entre los que destacan los realizados contra el cuartel de Dahran en 1996 (19 muertos), contra las embajadas norteamericanas en Kenya y Tanzania en 1998 (257 muertos), y contra el destructor USS Cole en 2000 (17 muertos). Diversos servicios de inteligencia estimaban que ese año al-Qaeda contaba con 5.000 activistas organizados en células durmientes dotadas de cierta autonomía. Colaboraba con numerosas organizaciones islamistas en Argelia, Egipto, Palestina, Líbano, Pakistán, Filipinas, Asia central y países del golfo Pérsico, con el propósito de implantar la ley islámica en su vertiente más fundamentalista y de destruir el poderío de los países occidentales.

Invasión de 2003:
Ante la imposibilidad de obtener del consejo de seguridad una nueva resolución que autorizara una intervención armada, Bush lanzó, tras reunirse en las Azores con Tony Blair y José María Aznar, un ultimátum de 48 horas para que Saddam Huseín se exiliara. El 29 de marzo, las fuerzas anglonorteamericanas, desplegadas en el golfo Pérsico desde hacía meses, iniciaban un demoledor ataque aéreo y terrestre conta Irak. Si bien en un principio parecía que las fuerzas iraquíes oponían una resistencia mayor que la esperada y mantenían el control de las principales ciudades meridionales, los atacantes pusieron cerco a Bagdad el 3 de abril. En el frente norte, aunque Turquía negó el permiso de paso a los norteamericanos para la invasión de Irak, los guerrilleros kurdos avanzaron sobre Mosul y Kirkuk apoyados por fuerzas especiales de EE.UU. El 9 de abril Bagdad era ocupada y el régimen iraquí se derrumbó.

Explicación de Powell ante la ONU sobre armas de destrucción masiva La imagen de las instituciones militares:
No parece que sea hoy el ambiente, y particularmente en España, el más propicio para tocar temas referidos directamente a la milicia. La guerra, con la que inmediatamente se relacionan los ejércitos, por las calamidades y catástrofes que desde los albores de la humanidad y de un modo progresivamente creciente arrastra consigo, se ha visto para muchos despojada del aspecto heroico y caballeresco con que determinadas épocas de la historia cubrieron su fealdad, para que ésta se les muestre repulsiva y desnuda en todo su horror. Aparece como retroceso a la barbarie primitiva y las instituciones militares como supervivencias del pasado. En la raíz de todo ello observamos un profundo antimilitarismo que contrapone las sociedades industrial y militar como dos distintos tipos. Este teorema deriva de una larga e impresionante tradición. Saint-Simon, Heriberto Spencer y los darwinistas sociales, Summer e incluso Gumplovicz y Ratzenhofer se muestran opuestos a las actividades bélicas. (Manuel Díez-Alegría, 1968)

Guerra NBQ:
En 1899 más de 20 países firmaron la convención de La Haya por la que se comprometían a no utilizar gases o productos tóxicos. Sin embargo, durante la Primera Guerra Mundial, Alemania, Francia y Gran Bretaña recurrieron a derivados del cloro que afectaron a más de un millón de combatientes y causaron unos 100.000 muertos. En 1925 el protocolo de Ginebra prohibió el empleo de armas biológicas, pero en 1932 y 1945 Japón las usó en China, y se estima que más de 250.000 personas perecieron a causa de ellas. En 1945 EE.UU. lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki las únicas bombas atómicas que se han utilizado, con un balance de más de 120.000 muertos. En 1968 se firmó el Tratasdo de no proliferación de armas nucleares suscrito por 59 estados y ratificado luego de forma gradual por 127 más hasta el año 2002. En 1972, EE.UU., la URSS y más de 100 estados suscribieron la convención de armas biológicas. Ello no impidió que que el número de países poseedores de armas nucleares u otros ingenios de destrucción masiva fuese en aumento (13 en 2003, varios de ellos con regímenes inestables). A la posibilidad de que tales países utilicen este armamento para imponer sus intereses sin respetar el derecho internacional, como hizo Irak cuando empleó gases tóxicos durante su guerra con Irán (1980-1988) para aplastar la rebelión kurda (5.000 muertos en la ciudad de Halabjah en 1988) -se añadió, después de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono la eventualidad de que estas armas pudieran caer en manos de grupos terroristas. A los pocos días de los atentados en EE.UU. 23 personas, cinco de las cuales murieron, recibieron por correo esporas de ántrax. la acción, nunca dilucidada ni reivindicada por nadie, que se sumaba al ataque con gas sarín en el metro de Tokyo, sensibilizó a la opinión pública. Los agentes biológicos se pueden fabricar a bajo coste, no requieren grandes instalaciones, se pueden trasladar con facilidad y representan una amenaza difícil de controlar. Un atentado bioterrorista podría tener unas consecuencias tan devastadoras como las de un ataque nuclear. A todos los acuerdos internacionales suscritos desde principios del siglo XX para evitar el uso de estas armas se agregó en 1993 la convención sobre armas químicas que prevé la destrucción de las existentes (40.000 t sólo en Rusia) en 2007. Si la historia enseña que toda nueva arma derivada del progreso tecnológico siempre acabó por utilizarse, la comunidad internacional parece haber tomado conciencia de la necesidad de erradicar las armas de destrucción masiva mediante acuerdos globales (lo que no ha impedido su proliferación). La gran incógnita, a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001, reside en una eventual utilización por parte de grupos terroristas. Si, en opinión de los expertos, un atentado químico a gran escala parace difícil que pueda perpetrarse, al igual que uno nuclear (a no ser con la complicidad de un estado), en 2003 persistía la amenaza de un atentado con agentes patógenos o cun una bomba sucia (explosivo convencional envuelto en material radiactivo).


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