HISTORIA
CANARIAS
Defensas de Santa Cruz



Defensas de Santa Cruz (s.XVI):
Sugerencias de Torriani (1588):
Santa Cruz era entonces un humilde pueblecillo de pescadores y marineros que apenas reunía en su desmedrado caserío doscientos hogares. Contrastaba su pobreza con su importancia comercial, pues ya en el siglo XVI veíase el puerto visitado por los navíos de las más diversas nacionalidades, que anclaban en su bahía dispuestos a cargar los ricos frutos del país, en particular los vinos y azúcares, famosos en casi todos los mercados europeos. Aparte de todo ello, Santa Cruz de Tenerife poseía en sí una gran importancia estratégica: había sido punto de penetración de los cristianos en la isla, al desembarcar los españoles en las playas de Añaza, y más particularmente en la caleta de Negros, y continuaba siendo el lugar más codiciado por el enemigo, atraído por el cebo de la vecina ciudad capital, muy rica y poblada ya por aquel entonces. La amplitud extraordinaria que ofrece la bahía, bordeada de costa baja, y provista de abundantes caletas, hacía en extremo difícil la fortificación de tan importante embarcadero. Diversas opiniones se habían ya emitido sobre el particular; opiniones que, sin personalizarlas, resume Torriani en sus escritos. Tres eran los puntos vulnerables de la costa (abstacción hecha de la playa y caleta de Santa Cruz, separadas ambas por una lengua de tierra o arrecife que se adentraba en el mar, y que serviría de cimiento, con los años, al primitivo muelle del sugidero canario): Puero Caballos, en las proximidades del barranco Hondo, en el extremo meridional de la marina; la caleta de Negros, a mitad de camino entre aquél y Santa Cruz, y la playa de Paso Alto, en el extremo septentrional del fondeadero. Diversos pareceres se habían emitido sobre los problemas que planteaba su fortificación. Para unos -al decir de Torriani- el mejor medio para asegurar el puerto y la plaza de Santa Cruz era rodear su caserío fortificándolo con cinco baluartes que se diesen la mano, para asegurarlo así contra todo posible ataque por parte de un supuesto invasor; para otros tal fin se lograría, con medios más modestos, atrincherando la costa para que sirviese de protección y defensa a sus moradores y a las milicias que acudiesen a impedir al enemigo el desembarco. Leonardo Torriani discrepa de ambos pareceres, al considerar excesivo el primer plan y de escaso resultado el segundo. Excesivo porque ni en la villa, ni en sus alrededores, se encontrarían hombres, suficientes en número, para guarnecer tan numerosos baluartes, por otra parte de costosa edificación; escaso el segundo parecer porque el atrincheramiento no ofrecía el lugar adecuado desde donde se pudiese ofender al enemigo haciendo uso de la artillería de campaña.

Para el cremonense la defensa del puerto de Santa Cruz quedaría asegurada con la construcción de dos pequeñas fortalezas: una, en Puerto Caballos, que asegurase de paso con sus tiros la caleta de Negros, y otra, en la Playa de Paso Alto, que apoyándose en el cerro de la Altura, situado a su espalda, no sólo sirviese para defensa de la playa, sino para cerrar el paso a un enemigo posible que hubiese desembarcado al norte de la villa. Considera Torriani que artillados ambos fuertes con dos culebrinas y dos falcones, respectivamente, podían ofrecer protección segura a la plaza y a cuantos navíos a su sombra se guarneciesen. En cuanto a la fortaleza principal de Santa Cruz, la de San Cristóbal, que en 1588 se conservaba tal cual la había edificado el gobernador don Juan Alvarez de Fonseca, estimaba el ingeniero italiano que debía introducirse en la misma fundamentales modificaciones que le diesen superior eficiencia y rendimiento. La primera y más importante consistía en dar mayor amplitud a su plaza de armas, haciendo avanzar la edificación a lo largo de la lengua de tierra o laja que separaba la caleta de la playa de Santa Cruz, con objeto de que, al descubrir mejor desde sus muros ambos puntos, ofreciese una eficaz garantía de seguridad a los navíos amparados a su sombra, y un mayor poder ofensivo al posible atacante que enfilase sus tiros. Por la parte de tierra aconsejaba Torriani la construcción de un amplio foso que, inundado por el agua del Océano, incomunicase el castillo de San Cristóbal con la villa, haciéndolo inexpugnable, no sólo desde el mar, sino también desde tierra. Por último, propone el cremonense otras mejoras y reformas en el interior de la edificación, de escaso interés, pero no menos atinadas que las anteriores. (Alejandro Cioranescu, Piratería y ataques navales)


El Castillo de San Felipe. Puerto de la Cruz:
En el Puerto de la Cruz se conserva en muy buen estado el castillo de San Felipe, construido en el lugar donde, desde 1604, se encontraban dos débiles plataformas dotadas con pequeños cañones que habían demostrado su eficacia cuando rechazaron un ataque de cinco navíos piratas. El castillo de San Felipe, de forma pentagonal, destaca entre todos los construidos en su época por ser de un depurado estilo colonial. Ningún otro de los castillos construidos en la isla en esta época se adaptó a este estilo. Construido de mampostería, constaba de dos plantas y estaba artillado con tres cañones de hierro, dos de 24 libras y otro de 16. Al principio le rodeó un foso y se accedía a través de un puente levadizo, sustituido después por una pasarela fija. Entre los primeros alcaides del castillo se encuentran el capitán Juan Antonio de Franchy, nombrado en 1644; Lorenzo Perera de Ponte, Diego Benítez de Lugo, Benito Viña, Alonso Calderón, Juan Francisco de Ponte y Carlos Franchy. El último que aparece en la relación de cincuenta que ofrece el general historiador Pinto de la Rosa, es José Agustín Machado Espínola, nombrado en 1725. El paso del tiempo lo fue deteriorando y en el siglo XIX fue reformado y adoptó la apariencia con que ha llegado a nuestros días. En 1878 fue desartillado y entregado al Ayuntamiento para dedicarlo a enfermería y lazareto. En 1924 se declaró inadecuado para las necesidades del Ejército. (Juan Arencibia)


Castillo de Guanapay, Lanzarote:
El Castillo de Santa Bárbara, sobre la Montaña de Guanapay, cerca de La Villa de Teguise, fue construido por Sancho de Herrera en el siglo XVI y desde entonces sufrió los ataques de piratas y corsarios. En 1586 el asedio del pirata Morato Arráez provoca tales destrozos que el rey Felipe II encarga al ingeniero Torriani su reconstrucción. Desde 1596 el Castillo presenta la misma estructura. Actualmente el Castillo se ha convertido en un museo dedicado a la emigración canaria a América. En sus siete salas se pueden contemplar los objetos que portaban los antiguos isleños en el largo camino hacia América.


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