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Corsarios



Corsarios:
El corsario es el particular que en virtud de contrato (carta de marca o patente de corso) estipulado con el estado bajo cuyo pabellón navega, persigue, captura, o visita barcos mercantes de países enemigos, quedándose con las presas capturadas o parte de ellas, y sujetándose a reglas previstas por la legislación (por ejemplo el Libro del Consulado del mar o el código de las Partidas en el caso de los dos grandes estados hispánicos medievales). Las patentes de corso autorizaban a perseguir a los piratas y las embarcaciones enemigas en tiempo de guerra, colocaban al navío corsario prácticamente en la condición de un buque de guerra y permitían a sus propietarios quedarse con las presas que capturasen. A partir del siglo XVIII dejaron de concederse sin considerar la nacionalidad de sus beneficiarios y pasaron a estar reservadas únicamente a los súbditos de la nación beligerante. En la práctica, sin embargo, es difícil determinar dónde empieza la piratería y dónde termina el corso, que degenera fácilmente en aquélla; el mismo individuo es considerado a veces corsario por sus compatriotas y pirata por los enemigos.

Concepto moderno de presa de guerra:
La institución conocida en derecho con el nombre de presa marítima; consiste en que los barcos de guerra de un estado beligerante y los mercantes convertidos en navíos de guerra puedan apoderarse de los buques de propiedad privada de súbditos enemigos. El derecho se extiende, no sólo a los buques, sino también a las mercancías. A estos efectos se considera buque enemigo, o mercante en su caso, al que navega bajo pabellón del estado enemigo, consideración que los británicos extienden al buque que navega bajo bandera neutral cuando el propietario tiene su domicilio comercial en territorio enemigo u ocupado por él. Son también enemigos, a efectos del derecho de presa, los buques que, tras haber pertenecido al pabellón enemigo, lo cambian luego de modo fingido o con posterioridad al comienzo de las hostilidades. Cuando el pabellón de un buque no resulte de su documentación o no exista, la mercancía será enemiga si lo es su propietario. En el antiguo derecho internacional se conocía la institución del corso, por la que un buque privado quedaba autorizado por el estado para practicar el derecho de presa marítima.

Ya las colonias griegas a lo largo de todo el Mediterráneo sufrieron los asaltos de los etruscos con gran frecuencia. El nombre de corsario se aplicó en especial a los marinos que los jefes de los estados musulmanes del norte de Africa enviaban para atacar a los barcos y hacer incursiones por las poblaciones costeras del Mediterráneo. Entre los corsarios turcos más famosos figuraron Barbarroja y sus hermanos y sucesores, que causaron cuantiosas pérdidas y sembraron el terror entre los cristianos a principios del siglo XVI. Actuaban con patente de su gobierno y, como ejecutores de la política de sus soberanos, desempeñaban con frecuencia cometidos especiales.

Roger de Lauria Roger de Lauria (Calabria 1245-Valencia 1302):
Obtuvo su primera victoria con la flota aragonesa, cuya creación y desarrollo se debieron a su impulso. Tras esta victoria contra la flota angevina conoció un período expansionista de veinte años sin derrotas. Estuvo al servicio de Pedro III, excomulgado por Martín IV después de las Vísperas Sicilianas. A partir de Jaime I (1213) Aragón pudo disponer de una fachada mediterránea.

    Entre campaña y campaña, no desdeñaba la piratería a título particular. Fue así como saqueó Kerkenah y Djerba y tampoco tuvo escrúpulos en piratear por las costas de Campania y de Calabria [su tierra natal] -que pertenecían al reino angevino, al menos al principio-. Fue el primero en incluir en la boga a los presos. Inumano con los prisoneros, ávido, rapaz, era el verdadero terror de los mares. Realizó un magnífico servicio a los aragoneses. Acabó la guerra de las Vísperas (1282-1302) siempre invicto y murió justo después. (Maurice de Brossard. Historia marítima del mundo)

Corsarios y tráfico de esclavos en el Mediterráneo:
Estuvieron muy relacionados, generalmente practicándolo, pero a veces persiguiéndolo. En los estados hispánicos adquirió importancia creciente con el estancamiento de la reconquista, proveedora de abundante y barata -cuando no gratuita- mano de obra esclava, y conoció un gran auge a raíz de la escasez de mano de obra consecuente al cataclismo demográfico producido por la peste negra. Las operaciones a furto (de corso) contribuyeron a la formación de una rica burguesía sevillana en el siglo que precede al descubrimiento de América. Antes de participar en éste Vicente Yáñez Pinzón pirateaba frente a las costas catalanas. Una fiebre de piratería esclavista legal se apoderó de catalanes, valencianos y mallorquines, produciendo enormes beneficios a corto plazo, pero contribuyendo a la decadencia económica catalana a la larga, por ruptura de relaciones y represalias que ello entrañaba (los desmanes de J. de Vilaregut provocaron violentas reacciones flamencas). Corsarios catalanes se enfrentaron a corsarios provenzales y genoveses, corsarios cristianos se enfrentaron a corsarios musulmanes, empleando métodos y persiguiendo objetivos similares: no contentos con apresar infieles, los únicos con los que les era lícito traficar, unos y otros revendían, ocasionalmente, a correligionarios, cuando éstos constituían el cargamento de naves enemigas apresadas.

    La esclavitud, aunque fue limitada a los infieles, era una institución bien definida en la España de los Habsburgo. La lucha contra berberiscos y turcos en el siglo XVI proporcionó un gran número de esclavos, vendidos luego a nobles y burgueses, quienes los adquirían más por su significación ostentosa que por su rentabilidad económica. La gran mayoría de ellos trabajaban en las labores domésticas, y el trato que recibían era semejante al resto de los criados libres. En el siglo XVII fueron desapareciendo paulatinamente para desaparecer casi por completo en el siglo XVIII, debido a la deficiencia y el encarecimiento del mercado así como a la posibilidad de comprar la libertad. (Jorge Ventura. Historia de España)

En diversas ocasiones durante el s.XVI los moriscos de la Península, que recibían un trato cada vez más vejatorio, colaboraron en las incursiones turcas y berberiscas. La mitad de la población morisca, que residía en el reino de Granada, debía pagar las fardas granadinas, impuesto para la defensa costera. La rebelión de los moriscos granadinos (1568) empeoró su situación en otras regiones. Si eran descubiertos tras pasarse al reino valenciano eran vendidos como esclavos o encarcelados. La expulsión de los moriscos de la Península decretada en 1609 se llevó a cabo con una gran movilización de las fuerzas armadas terrestres y navales. Algunos moriscos ricos que fletaron barcos por su cuenta fueron saqueados o asesinados por la tripulación, con sus mujeres e hijos vendidos finalmente como esclavos.

    [Ventajas expuestas para promover la expulsión y confiscación] sin ningún escrúpulo de conciencia... La cantidad de hombres, mujeres y mozos sanos será tanta, que después de proveídas las galeras y minas se podrán vender en Italia los demás. Los niños y niñas de siete años abajo, se venderán en España a buenos precios y se comprarán con gusto y serán también en gran cantidad. (Arzobispo de Valencia y virrey Juan de Ribera)

En el s. XVIII el almirante Barceló proveía aun a la corona de miles de esclavos destinados a arsenales, minas de Almadén y obras públicas: no todos estos esclavos, procedentes del corso contra berberiscos, eran musulmanes ni súbditos de países enemigos.

Ruta del oro americano:
Fernando el Católico prohibió a sus súbditos practicar el corso en el Atlántico (1496). La prohibición duró hasta el reinado de Felipe IV. A partir de la piratería apátrida sin apoyo gubernamental alguno, que surgió tras el descubrimiento de América, Francia, Inglaterra y las Provincias Unidas fomentaron la proliferación corsaria que se produjo en la carrera de Indias desde la segunda mitad del s.XVI y que mantuvieron en un estado endémico de guerra marítima irregular al monopolio español en Indias (captura de galeones del tesoro, incursiones en puertos coloniales).

Neerlandeses:
Los refugiados de las revueltas de 1566-68, se organizaron como fuerza naval y se denominaron a sí mismos Mendigos del mar / Gueux de la mer. Inglaterra y Francia les reconocieron cierta oficialidad al permitirles usar algunos de sus puertos (Dover y la Rochelle) para atacar a los mercantes españoles, especialmente en el golfo de Vizcaya. Entre los holandeses, Guillermo de Orange, siguiendo los consejos de Coligny, resuelve organizar a los indisciplinados y aguerridos aventureros del mar para aumentar sus fuerzas militares y combatir a los españoles, entre ellos al Duque de Alba, que se ve por ello obligado a prestar atención a los piratas que despreciaba y no consigue impedir que tomen Brille (1572). Ese año son expulsados de Dover debido a los excesos cometidos en cuanto a la indiscriminación de pabellones atacados. El pueblo holandés de dos millones y medio de habitantes, llegó a ejercer un monopolio en los transportes marítimos en los mares del Norte, el Atlántico y las Indias orientales. En 1624 invaden Brasil. En 1628 Piet Heyn captura la flota Española con su cargamento cerca de cabo Matanzas (Cuba). El fabuloso botín es utilizado para armar una nueva expedición de ataque en 1630. La falta de unidad y dispersión de autoridad política de la República holandesa será aprovechada por Inglaterra para arrebatarle su hegemonía.

Mare clausum:
Esta contestada doctrina fue impuesta por España al resto de naciones, que se consideraban legitimadas para contravenirla por la fuerza de las armas. Hugo Grocio (1583-1645) postuló antes que Crucé la libertad de los mares en el libro De mare liberum (1609). Había defendido los derechos de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales a navegar y comerciar por el Océano Indico, cuyo dominio los portugueses consideraban exclusivo, amparándose todavía en las Bulas papales de 1493. Defendía que el mar ha de ser necesariamente libre, pues es un camino indispensable para las relaciones y los intercambios entre Estados.

    Es Dios quien lo ha creado, y nadie puede atribuirse su propiedad: hacerlo equivaldría a romper la paz. (Grocio)

    En Inglaterra [1580] se desdeñaba abiertamente la bula papal que había dividido el mundo entre las potencias católicas de España y Portugal, y la reina Isabel I ponía en tela de juicio su legalidad, con el famoso argumento de que "es tan legal para mis súbditos navegar [alrededor del Cabo] como lo es para los españoles, puesto que el mar y el aire son propiedad común de todos los hombres". (Giles Milton)

La causa principal que determinó el incremento de la piratería fue la concesión pontificia del Nuevo Mundo a España y Portugal, que adoptaron el sistema comercial de monopolio y régimen de flotas.

Otra causa fue el gran número de extranjeros que llegaron a participar en la vida económica española y portuguesa. Durante el tiempo en que estas dos coronas estuvieron unidas, los portugueses pudieron navegar por zonas españolas, tomando conocimiento de las rutas, la configuración de las costas, los puertos, etc. En 1662 la boda de Catalina de Braganza con Carlos II selló el apoyo de Inglaterra a la independencia de Portugal. Tras la independencia (1640), los pilotos portugueses que servían en las flotas flamencas y francesas revelaron toda clase de información hasta entonces mantenida en secreto. El final de las guerras de religión dejó inactivos a muchos soldados profesionales que optaron por dedicarse a una nueva ocupación de considerable riesgo.

El mar de las Antillas:
España no pudo poblar todas las islas del Caribe, y menos ejercer un control sobre ellas. Bastantes islas y grandes extensiones del litoral de las mayores se vieron privadas de toda protección militar y se convirtieron en nido de piratas. Los piratas solían vivir en comunidad acatando la dirección de un jefe. El botín era repartido según el valor, esfuerzo o categoría jerárquica. El pirata que perdía un ojo solía recibir 100 escudos, el que perdía un pie era compensado con 200 escudos. La actividad principal entre los años de 1585 a 1625, etapa de predominio inglés, es llevada a cabo por Hawkins y Drake. Sus éxitos abrieron el camino a las potencias europeas que deseaban minar el poderío español.

    La reina también dio a Drake carta blanca para saquear los buques y puertos españoles y llevarse tantos tesoros como su barco pudiera contener, pues, como le dijo, "así me vengaría gustosamente del rey de España por los diversos agravios que he recibido de él". Como era indispensable que esta información no cayera en manos de los españoles, la expedición estuvo envuelta en el mayor secreto desde el comienzo. (Giles Milton)

William Dampier (1652-1715), además de ejercer de escritor y explorador, tomó parte en numerosas travesías de carácter privado a las posesiones españolas en Centroamérica, Australia y las Indias Orientales. En 1673 entró en la Royal Navy, y a bordo del Royal Prince combatió contra los holandeses. En 1674 se trasladó a Jamaica. De 1679 a 1681 formó parte de la tripulación del bucanero Bartholomew Sharp, que atacó a gran número de barcos españoles y saqueó muchas poblaciones. La captura del San Pedro proporcionó un botín de 37.000 reales de a ocho. Obtuvo el perdón de su rey Carlos II al hacer entrega a Inglaterra de unas cartas de navegación robadas que contenían importante información. Le fue otorgado el mando de varias expediciones posteriores en los barcos HMS Roebuck, St.George y Cinque Ports.

La segunda etapa es de predominio holandés, destacando Balduino Enrico, que dirigió sus ataques principalmente contra Puerto Rico.

Jamaica, base del corso inglés:
A partir de la segunda mitad del s.XVII España se vio impotente para poner remedio a estos males; eran los años que siguieron a la paz de Westfalia, y su debilidad se reflejaba en el Nuevo Continente. Desde estas fechas y aprovechando el momento más oportuno, los ingleses volvieron a ser los corsarios más temidos e importantes. Jamaica fue descubierta por Colón en 1494, en su segundo viaje, y bauizada con el nombre de Santiago. Su colonización empezó en 1509, cuando fue enviado Juan de Esquivel como gobernador. La escasa población indígena desapareció casi por completo, tanto a causa de las luchas como por las enfermedades. Por ello se enviaron esclavos negros de Africa. En 1537 fue otorgada a la familia de Colón. El almirante inglés Penn la conquistó junto a Robert Venables en 1655 y fue utilizada como como base de operaciones. A partir de entonces la vida española en las islas del Caribe fue una continua zozobra. Entre 1665 y 1666, más de 400 haciendas de la costa cubana fueron asaltadas. El conde de Lemos, virrey de Perú, escribió en 1666, desde Portobelo, haciendo notar a la Corte española lo vital que era recuperar Jamaica y crear una potente flota de exterminio contra los piratas.

Sir Henry Morgan (Llanrhymni, Gales 1635-Port Royal 1688):
Fue capitán de uno de los barcos que navega bajo la patente de corso otorgada a Sir Christopher Mings. En 1666 consigue el mando de su propio barco y pronto organiza operaciones de varios barcos piratas que actúan sobre Puerto Príncipe y Portobelo. Los planes de Morgan se coordinaban con el gobernador de Jamaica, a quien correspondía una parte del botín, al igual que a Carlos II. En 1669 se introdujo con 400 hombres en el lago Maracaibo a bordo de pequeños barcos. Saqueó Portobelo y abandonó la plaza a cambio de 150.000 pesos. En 1671 saquea y destruye Panamá. Inglaterra reconoció sus servicios con nombramientos oficiales en Jamaica. Combatió la piratería en los últimos años de su vida.

Piratería. s.XVIII:
Con la retirada de Morgan se entra de lleno en la piratería del s.XVIII, que tiene como característica su tono oficial mucho más declarado que en la centuria anterior. Luis XIV elaboró un plan muy parecido al "western desing" cromwelliano y encargó de realizarlo al barón de Pointis. Secundaban a éste 10.000 hombres a bordo de 22 navíos; se trataba de apoderarse de la fortaleza de Boca Chica. La empresa venía financiada por un grupo de armadores de rest, pero la puesta en práctica quedó interrumpida por la paz firmada entre España y Francia. Introducidos los Borbones en el trono español, Inglaterra se decidió a atacar a las dos potencias aliadas en sus dos frentes, el norteamericano, donde estaban las posiciones francesas, y el antillano, puerta grande de la América española. El peligro inglés fue poco a poco tomando cuerpo, trazándose planes oficiales que distaban mucho de ser las empresas particulares de siglos anteriores. Lo que se pretendía era yugular el Imperio Hispánico a través de Panamá. Interesaba la vía del istmo, a lo largo del río San Juan, con el fin de cortar en dos el gran cuerpo del Imperio. Pretendían, contando con la financiación de un banquero escocés llamado Patterson, abrir un canal de océano a océano. Inglaterra tenía planteados en Norteamérica problemas inaplazables con los franceses por lo que el plan no siguió adelante, ni tampoco el ritmo de ataques a otras posesiones españolas. Los ingleses consiguieron pocos años después (1763) arrinconar a los franceses en el Canadá, pasando ellos a controlar las inmensas tierras del continente norteamericano. España, unida por pactos de familia con los Borbones, ayudó a Francia, pero no se pudo impedir que el Imperio Francés en América quedase completamente arruinado. En la Guerra de 1812, los EE.UU. emplearon numerosos barcos corsarios, que llegaron a hacer 1344 presas entre las embarcaciones británicas, constituyendo el arma más notable de las que por entonces se emplearon.

Período de decadencia del corso:
El corso euroamericano y mediterráneo fue finalmente abolido en la mayoría de los estados en el congreso de París (16 de abril de 1856). España retrasaría 32 años la adopción de esta postura mayoritaria (1908). La Declaración de París no fue firmada por muchos países pero fue generalmente considerada como ley internacional válida. Mucho antes el corso había empezado a remitir a medida que las ideas mercantilistas entraban en decadencia. Igualmente remitía el concepto legal de que las presas de guerra son propiedad privada del combatiente individual (la estatización de los prisioneros de guerra se remonta al s. XVIII). Las características de la moderna guerra naval hacían que el corso dejara de ser práctico. Los estados inicialente excluidos de la repartición papal del Nuevo Mundo comenzaron a constituir sus imperios coloniales. El gran corsario se reconvirtió su actividad en la de
negrero, mercader o marino. El corsario de menor entidad se dedicó a la piratería o el contrabando. Las bases terrestres de bucaneros y filibusteros en las Pequeñas Antillas aceleraron su transformación en colonias de explotación normales -inglesas, francesas y neerlandesas- sin dejar de ser plataformas dedicadas al tráfico ilegal con los puertos coloniales del Caribe. La Declaración de Derecho Marítimo de París abolió la institución del derecho de presa. El VIII Convenio de La Haya (1907) admitió la transformación de buques mercantes en navíos de guerra o su puesta al servicio de fines bélicos, siempre que se cumpliesen determinados requisitos, tales como llevar distintivos exteriores propios de los buques de guerra, estar a las órdenes de comandante que figure en la lista de oficiales de la marina de guerra y otras.


Los actos de piratería y los tiempos de guerra:
La profesión de pirata tiene un origen muy antiguo y se ha mantenido más allá de 1800. Durante muchos siglos fue la única forma posible de guerra marítima. La conquista de Inglaterra por los normandos no se llevó a cabo por medio de grandes batallas marítimas. Los piratas fueron considerados como auxiliares en caso de guerra. Con la aparición de la patente de corso la actividad se institucionaliza y se convierte en lícita en tiempo de guerra. En el caso de los caballeros de Malta o de los argelinos se puede considerar la guerra como institucionalizada y permanente. La creencia en el derecho de saqueo de los soldados estaba muy generalizada. La consideración jurídica del saqueo se ha mantenido hasta muy tarde. Todas las grandes batallas navales de la armada inglesa del siglo XVIII tienen aspectos y detalles de piratería.

    Nelson, a quien habría sorprendido e indignado cualquier comparación con los piratas, pleiteó durante muchos años con su antiguo jefe y protector, Lord Jervis, conde de Saint-Vincent, por el derecho de presa de unos navíos en cuya captura no había participado directamente ninguno de los dos. Al haber zozobrado en un temporal casi todos los barcos apresados por los ingleses en la batalla de Trafalgar, los marineros hubieran debido perder con ellos su derecho de presa; pero el Parlamento inglés, entusiasmado por la victoria, los consoló votando a su favor una importante compensación: 320.000 libras esterlinas para 4 barcos conservados y 16 perdidos. (Cioranescu)

El vencedor se siente obligado a pagar lo que hubiera debido pagar el vencido, ejemplo evidente de la persistencia del uso pirático.


Vilaragut: Familia catalana cuyas ramas se extendieron por Cataluña, Valencia y Baleares. La rama valenciana tuvo una destacada actividad en los primeros decenios del s. XV: representantes del partido filocatalán y tradicionales rivales de los Centelles, protagonizaron las banderías de comienzos de siglo, en las que se distinguieron Joan y Berenguer.
Almadén: Mina de cinabrio que impregnan las cuarcitas y pizarras silúricas. Situada en Ciudad Real, en el yacimiento de mercurio más importante del mundo, éste se viene extrayendo desde el s: IV a. J.C. El mineral impuro llega a contener hasta un 7,21 % de mercurio.
Transformación de buques: En uno de los acuerdos de la segunda Conferencia de la Haya (1907) quedó fijada la transformación de mercantes en buques de guerra. Si un mercante se sitúa bajo el control y responsabilidad directa de la nación cuya bandera enarbola, pueden reconocérsele los derechos de un barco de guerra. Entre los requisitos que debe cumplir está el mostrar los distintivos externos que identifican a los buques de guerra de esa nación; su comandante debe ser un oficial de la flota de combate debidamete autorizado; su tripulación debe hallarse sujeta a la disciplina militar; debe observar las leyes y costumbres de guerra y hallarse incluido en la lista notificada de las embarcaciones de guerra pertenecientes a la nación. El incumplimiento de estas condiciones implica la consideración de barco corsario.
Bibliografía: F.de Carranza. La guerra santa por mar de los corsarios berberiscos. Ceuta (Africa) 1931 | J.J.Azcárraga y de Bustamante. El corso marítimo. Madrid (C.S.I.C.) 1950 | R.Laydi. Piratas, corsarios y filibusteros. Barcelona (Maucci) 1961. | F.Olesa Muñido La organización naval de los Estados mediterráneos, y en especial de España durante los siglos XVI y XVII. Madrid 1968.


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