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El mito de La Atlántida



Los diálogos Timeo y Critías de Platón:
Critías cuenta a su nieto Platón de diez años lo que había oído de su padre Drópidas, quien a su vez lo había oído en Solón, según les había sido contado por un sacerdote egipcio de la ciudad de Sais. Los atenienses no recordaban ningún detalle de esta supuesta gesta de sus antepasados. Probablemente se trata de una mezcla de leyendas y hechos históricos de distintas épocas y pueblos.

...Numerosas y grandes fueron vuestras hazañas y las de vuestra ciudad: aquí están escritas y causan admiración. Pero, sobre todo, hay una que aventaja a las otras en grandiosidad y heroísmo. En efecto, nuestros escritos cuentan de qué manera vuestra ciudad aniquiló, hace ya tiempo, un poder insolente que invadía a la vez toda Europa y toda Asia y se lanzaba sobre ellas desde el fondo del mar Atlántico. En aquel tiempo, en efecto, era posible atravesar este mar. Había una isla delante de este lugar que llamáis vosotros las Columnas de Hércules. Esta isla era mayor que la Libia y el Asia unidas. Y los viajeros de aquellos tiempos podían pasar de esta isla a las demás islas y desde estas islas podían ganar todo el continente, en la costa opuesta de este mar que merecía realmente su nombre. Pues, en uno de los lados, dentro de este estrecho de que hablamos, parece que no había más que un puerto de boca muy cerrada y que, del otro lado, hacia fuera, existe este verdadero mar y la tierra que lo rodea, a la que se puede llamar realmente un continente, en el sentido propio del término. Ahora bien: en esta isla Atlántida, unos reyes habían formado un imperio grande y maravilloso. Este imperio era señor de la isla entera y también de muchas otras islas y partes del continente. Por lo demás, en la parte vecina a nosotros, poseía la Libia hasta el Egipto y la Europa hasta Tirrenia. Ahora bien, esa potencia, concentrando una vez todas sus fuerzas, intentó, en una sola expedición, sojuzgar vuestro país y el nuestro, y todos los que se hallan a esta parte de acá del estrecho. Fue entonces, ¡oh Solón!, cuando la fuerza de vuestra ciudad hizo brillar a los ojos de todos su heroísmo y su energía. Ella, en efecto, aventajó a todas las demás por su fortaleza de alma y por su espíritu militar. Primero a la cabeza de todos los helenos, sola luego por necesidad, abandonada por los demás, al borde de los peligros máximos, venció a los invasores, se alzó con la victoria, preservó de la esclavitud a los que no habían sido nunca esclavos y, sin rencores de ninguna clase, liberó a todos los demás pueblos y a nosotros mismos que habitamos en el interior de las Columnas de Hércules. Pero, en el tiempo subsiguiente, hubo terribles temblores de tierra y cataclismos. Durante un día y una noche horribles, todo vuestro ejército fue tragado de golpe por la Tierra, y así mismo la isla Atlántida se abismó en el mar y desapareció. He aquí por qué todavía hoy ese mar de allí es difícil e inexplorable, debido a sus fondos limosos y muy bajos que la isla, al hundirse, ha dejado. (Platón, Timeo)

Texto de Michel de Montaigne:
Mas no hay grandes indicios de que esta isla sea ese mundo nuevo que acabamos de descubrir; pues tocaba casi con España y sería increíble que la inundación la hubiera apartado hasta donde está, a más de mil doscientas leguas; aparte de que las modernas expediciones han descubierto ya casi no es una isla, sino tierra firme, unida por un lado con las Indias orientales y por otro con las tierras que están bajo los polos; o que si está separada, lo está por un estrecho o intervalo tan pequeño que no merece por ello ser considerada isla.

... El otro testimonio de los tiempos antiguos con el que se quiere relacionar este descubrimiento de Aristóteles, al menos sí es suyo ese libreto de "las maravillas inauditas". Cuentan en él que algunos cartagineses, habiéndose lanzado a través del mar Atlántico fuera del estrecho de Gibraltar y habiendo navegado durante largo tiempo, descubrieron por fin una isla grande y fértil, cubierta de bosques y regada por anchos y profundos ríos, muy alejada de cualquier tierra firme; y que ellos, y después otros, atraídos por la riqueza y fertilidad de la región, fuéronse allí con sus mujeres e hijos, empezando a acostumbrarse a ella. Los señores de Cartago, viendo que su país se despoblaba poco a poco, prohibieron expresamente, bajo pena de muerte, que nadie fuese más allí y expulsaron a los nuevos habitantes, por temor, según dicen, a que con el paso del tiempo llegaran a multiplicarse de tal forma que los suplantasen a ellos y arruinasen su estado. Este relato de Aristóteles tampoco concuerda con nuestras nuevas tierras.


De la isla que Platón llamó Atlantide. López de Gómara (1552):
Platón cuenta, en los diálogos Timeo y Critias, que hubo antiquísimamente en el mar Atlántico y Océano grandes tierras y una isla dicha Atlántide, mayor que Africa y Asia, afirmando ser aquellas tierras de allí verdaderamente firmes y grandes, y que los reyes de aquella isla señorearon mucha parte de Africa y de Europa. Empero que con un gran terremoto y lluvia se hundió la isla, sorbiendo los hombres, y quedó tanto cieno, que no se pudo navegar más aquel mar Atlántico. Algunos tienen esto por fábula, y muchos por historia verdadera; y Próculo, según Marsilio dice, alega ciertas historias de los de Etiopía, que hizo un Marcelo, donde se confirma. Pero no que hay para qué disputar ni dudar de la isla Atlántide, pues el descubrimiento y conquistas de las Indias aclaran llanamente lo que Platón escribió de aquellas tierras, y en México llaman a la agua atl, vocablo que parece, ya que no sea, al de la isla. Así que podemos decir cómo las Indias son las islas y tierra firme de Platón, y no las Hespérides, ni Ofir y Tarsis, como muchos modernos dicen, ca las Hespérides son las islas de Cabo Verde y las Gorgonas, que de allí trajo Hanon monas. Aunque con lo de Solino hay alguna duda, por la navegación de cuarenta días que pone. También puede ser que Cuba, o Haití, o algunas otras islas de las Indias, sean las que hallaron cartagineses, cuya ida y población vedaron a sus ciudadanos, según cuenta Aristóteles o Teofrasto, en las maravillas de natura no oídas. Ofir y Tarsis no se sabe dónde ni cuáles son, aunque muchos hombres doctos, como dice San Agustín, buscaron qué ciudad o tierra fuese Tarsis. San Jerónimo, que sabía la lengua hebrea muy bien, dice sobre los profetas, en muchos lugares, que Tarsis quiere decir mar; y así, Jonás echó a huir a Tarsis, como quien dice a la mar, que tiene muchos caminos para huir sin dejar rastro. Tampoco fueron a nuestras Indias las armadas de Salomón, porque para ir a ellas habían de navegar hacia poniente, saliendo del mar Bermejo, y no hacia levante, como navegaron; y porque no hay en nuestras Indias unicornios ni elefantes, ni diamantes, ni otras cosas que traían de la navegación y trato que llevaban. Francisco López de Gómara (1511-1565). Historia general de las Indias y conquista de México (1552)[CCXX]


Publicaciones numerosas:
El mito de la Atlántida ha generado multitud de historias fantásticas sobre su existencia, especialmente en los siglos XIX y XX. En el XIX, un miembro del Congreso de los EEUU, estudio la relación entre las civilizaciones egipcia y precolombina y publica Atlantis: The Antediluvian World, en la que aceptaba la tesis de Platón. En 1899 se habían alcanzado ya las 18 ediciones. Posteriormente se produce una verdadera avalancha de publicaciones relacionadas con la Atlántida; entre los que tratan el tema están Julio Verne, Pierre Benoit y el español Jacinto Verdaguer que escribe su poema La Atlántida, en la que nos presenta a Colón en busca del continente perdido. El poema de Verdaguer fue transformado más tarde en una cantata por Manuel de Falla, siendo completada por Ernesto Halftter. Más tarde el tema será llevado al cine en varias ocasiones y como no podía ser menos, los héroes de los comics como Tarzán, El hombre enmascarado e incluso Tintín, corren arriesgadas aventuras en la Atlántida. También E Bacán, en la novela cien tífica La Nueva Atlántida, la describe como una ciudad ideal para las ciencias. Igualmente se refiere a ella el sueco Rudbeck en Atland. La novela Atlantis (1912) de G. Hauptmann transforma la leyenda en un símbolo aplicado a la psicología de un sabio enamorado de una actriz; y finalmente existe La Atlántida (1919) de P. Benoit.

En cuanto a su localización además de la original de Platón, y otros a las que ya nos hemos referido, a lo largo de los años se han sucedido otras muchas, desde la isla griega de Tera, señalada por el profesor Marinatos a las proximidades de la isla de Bímini, en las Bahamas, en las que existen unas formaciones geológicas que sugieren la existencia de murallas de más de 500 metros de largo, con una antigüedad de unos 8.000 años. ¿Es la Atlántida un mito? ¿Una leyenda? Algunos científicos, como es el caso del profesor Lednev, han llegado a la conclusión de que la fabulosa Atlántida no puede ser considerada como un simple mito. Tiempo atrás existió en los Bermudas un gran bosque de cedros, que en la actualidad está sumergido. Pruebas realizadas con carbono 14, señalan que el bosque desapareció de la Tierra hace unos once mil años. Sin embargo siguen sin hallarse pruebas concluyentes sobre la existencia de la Atlántida, aunque existen multitud de teorías en ambos sentidos y la literatura publicada sobre el tema es muy abundante. (Ricardo Arroyo Ruiz-Zorrilla)


La existencia Atlántida y Lemuria. Carl Sagan:
Aunque el océano guarda muchos secretos, yo sabía que no hay la más mínima base oceanográfica o geofísica para deducir la existencia de Atlántida y Lemuria... hay tantas cosas en la ciencia real, igualmente excitantes y más misteriosas, que presentan un desafío intelectual mayor... además de estar mucho más cerca de la verdad... Hay cientos de libros sobre la Atlántida, el continente mítico que según dicen existió hace unos diez mil años en el océano Atlántico. (O en otra parte. Un libro reciente lo ubica en la Antártida.) La historia viene de Platón, que lo citó como un rumor que le llegó de épocas remotas. Hay libros recientes que describen con autoridad el alto nivel tecnológico, moral y espiritual de la Atlántida y la gran tragedia de un continente poblado que se hundió entero bajo las olas. Hay una Atlántida de la "Nueva Era", la "civilización legendaria de ciencias avanzadas", dedicada principalmente a la "ciencia" de los cristales. En una trilogía titulada La ilustración del cristal, de Katrina Raphaell -unos libros que han tenido un papel principal en la locura del cristal en Norteamérica-, los cristales de la Atlántida leen la mente, transmiten pensamientos, son depositarios de la historia antigua y modelo y fuente de las pirámides de Egipto. No se ofrece nada parecido a una prueba que fundamente esas afirmaciones... Algunos libros -Leyendas de la Tierra, de Dorothy Vitaliano, por ejemplo- interpretan comprensivamente las leyendas originales de la Atlántida en términos de una pequeña isla en el Mediterráneo que fue destruida por una erupción volcánica, o una antigua ciudad que se deslizó dentro del golfo de Corinto después de un terremoto. Por lo que sabemos, ésa puede ser la fuente de la leyenda, pero de ahí a la destrucción de un continente en el que había surgido una civilización técnica y mística prematuramente avanzada hay una gran distancia. Lo que nunca encontramos en bibliotecas públicas, escaparates de revistas o programas de televisión en horas punta- es la prueba de la extensión del suelo marino y la tectónica de placas y del trazado del fondo del océano, que muestra de modo inconfundible que no pudo haber ningún continente entre Europa y América en una escala de tiempo parecida a la propuesta. (Carl Sagan. El mundo y sus demonios. Ed.Planeta)

El estudio de Collina-Gillard:
Según el geólogo especializado en el Cuaternario Jacques Collina-Gillard, perteneciente al Centro Nacional de Investigación Científica francés (CNRS), un archipiélago emergió en aguas del estrecho de Gibraltar hace 26.000 años (era glaciar) y quedó sumergido unos 9.000 años a.de C. Durante un estudio de las migraciones de europeos a Africa hace 19.000 años (Paleolítico Superior), confeccionó un mapa de la costa cuando el nivel del mar era 130 metros más bajo que el actual. Una isla de 14 km de longitud y 5 km de anchura aparecía situada frente al cabo Espartel. Un estudio de restos del coral de la zona indica que las aguas empezaron a subir 12.000 años antes de Cristo debido al aumento de la temperatura y el deshielo.


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