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Aristóteles



Aristóteles Aristóteles (Estagira 383-Calcis 322 a.C):
Nació en el año 383-384 a.C. en Estagira, ciudad perteneciente al reino de Macedonia, pero completamente helenizada. Su padre, Nicómano, era un médico perteneciente a la corporación de los asclepíadas. Huérfano muy joven, se hizo cargo de él un tutor llamado Próxeno, quien tomó la decisión de inscribir al joven Aristóteles en la Academia de Platón. Aristóteles parece haber ingresado en la Academia en el 367-366, cuando Platón se hallaba ausente con ocasión de su segundo viaje a Sicilia y la jefatura de la escuela de Platón durante veinte años, hasta la muerte del maestro en el 347-346 a.C. Durante este período, decisivo en su formación y en su pensamiento, Aristóteles publicó toda una serie de escritos, fundamentalmente diálogos en los que él mismo aparecía como interlocutor, que terminaron por desaparecer en los primeros siglos de nuestra era después de que hubieran ejercido una influencia decisiva sobre la formación y desarrollo de la filosofía helenística. Contrariado por la sucesión de Espeusipo, sobrino de Platón, en la dirección de la Academia, Aristóteles abandonó en compañía de Jenócrates la escuela y se trasladó el mismo año de la muerte de Platón a la localidad de Assos, en Asia Menor, donde en compañía de Jenócrates dirigió una escuela platónica. Es muy posible que ya en esta época comenzara la redacción de sus tratados destinados a la enseñanza en el seno de la comunidad escolar y que permanecerán inéditos hasta finales del siglo I a.C. Tras un breve período en Mitilene (245-343), en el que dirige una nueva comunidad escolar, se traslada a la corte de Macedonia para hacerse cargo de la educación del joven Alejandro, heredero del trono. El magisterio duró hasta el año 340, en que Alejandro se hizo cargo de la regencia del reino interrumpiendo sus estudios. Aristóteles se trasladó a su ciudad natal de Estagira donde residió hasta el año 335-334. En esa fecha regresó a Atenas, donde fundó su propia escuela en los jardines del gimnasio dedicado a Apolo Liceo, de donde le vino el nombre con que fue conocida de Liceo y de Perípatos (en este último caso por la costumbre de impartir lección caminando por el paseo cubierto del jardín, perípatos). La escuela presentaba la propia orientación filosófica de Aristóteles, su propio desarrollo crítico del platonismo, en competencia con la Academia, a la sazón dirigida, tras la muerte de Espeusipo, por Jenócrates. En el Liceo y en Atenas permaneció Aristóteles hasta el año 323, en que las amenazas sobre su vida que siguieron a la reacción antimacedonia en Atenas, tras la muerte ese mismo año de Alejandro Magno, le indujeron a trasladarse a Calcis, en la vecina isla Eubea. Allí murió al año siguiente. (Miguel Angel Granada)

Tolomeo Cosmos aristotélico en el medievo:
Gerardo de Cremona, un italiano trasladado a Toledo para aprender la ciencia árabe, antes de 1187 traduce prácticamente todo el Aristóteles físico (De caelo, Physica, De generatione et corruptione, Meteorologica) junto con el Liber de causis y otras obras fundamentales de la ciencia griega y árabe (los Elementos de Euclides, la Optica de Alhacén, el Almagesto de Tolomeo). La obra que aportaba el modelo cosmológico, El Timeo de Platón, es sustituida por la de Aristóteles, dotada de un desarrollo más completo y articulado. La imposición de Aristóteles fue paulatina. Sus textos en el campo de la cosmología sufrieron una resistencia considerable debido a incompatibilidades con el dogma. Los efectos de la condena del obispo Tempier (1277) sobre la interpretación posterior de la cosmología de Aristóteles fueron enormes. El necesitarismo de su cosmos era incompatible con la concepción otodoxa de Dios. Giordano Bruno en su Del infinito: el universo y los mundos de 1584 escribe una especie de Anti-De caelo. A pesar de la observación de estrellas nuevas, cometas celestes, el relieve lunar visto con telescopio, los satélites de Júpiter, las manchas solares, las fases de Venus; la Iglesia se aferra al modelo aristotélico y lleva a Giordano Bruno a la hoguera (1600), condena el movimiento de la tierra, prohibe la obra de Copérnico donec corrigatur (1616) y fuerza la abjuración de Galileo.

Colón:
Según Aristóteles los extremos del mundo habitado, la India y España, se tocan. "...todos los matemáticos que intentan calcular el tamaño de la circunferencia de la tierra dicen que son cuarenta miríadas de estadios..." Esta es la más antigua estimación de la circunferencia terrestre, que equivale a más de 70.000 km, algo menos de la mitad de la estimación actual. La Imago mundi de Pedro de Ailly, que figuraba en la en la biblioteca personal de Colón y que fue abundantemente anotada por el almirante, recoge en el capítulo 8 ("Extensión de la tierra habitada") estas aseveraciones. Colón anota "Aristóteles: entre el final de España y el comienzo de la India hay un trecho de mar corto y navegable en pocas jornadas".


Posición y estado verdadero de la tierra. De caelo: Un indicio de que se desplazan también hacia el centro de la tierra es que los pesos en movimiento van hacia ésta no paralelamente, sino con ángulos iguales, de modo que van a parar a un único centro, que es también el de la tierra. Es evidente, pues, que la tierra ha de hallarse necesariamente en el centro e inmóvil, por las causas expuestas y por que los pesos arrojados verticalmente por la fuerza hacia arriba vuelven al punto de partida, aunque la fuerza los lance a una distancia infinita. Es, pues, evidente a partir de estas consideraciones que ni se mueve ni se halla fuera del centro. De lo expuesto, además, se desprende la causa de su permanencia estable. En efecto, si reside en su propia naturaleza el desplazarse de todas partes hacia el centro, como es manifiesto, y si el fuego, por el contrario, va naturalmente del centro al extremo, es imposible que una parte cualquiera de ella se aleje del centro sin ser violentada: pues la traslación de un cuerpo único es única y la de un cuerpo simple es simple, pero no son propias del mismo cuerpo las contrarias. Por tanto, si es imposible que una parte cualquiera de ella se aleje del centro, es evidente que aún más imposible resultará que se aleje toda ella: pues adonde es natural que vaya a parar la parte, allá también es natural que vaya el todo; por consiguiente si es imposible que se mueva a no ser por una fuerza más poderosa, será necesario que permanezca en el centro.

Tolomeo Esfericidad de la tierra:
[...] Por otro lado, es necesario que tenga figura esférica; en efecto, cada una de sus partes tiene peso hasta llegar al centro y la menor, al ser empujada por la mayor, no puede formar una especie de ola, sino que más bien es comprimida y acaban convergiendo una contra la otra hasta que llegan al centro. Hay que concebir lo dicho como si la tierra se generara de la manera que algunos filósofos de la naturaleza dicen que se genera.. Salvo que ellos ponen un impulso forzado como causa del desplazamiento hacia abajo; mejor es dejar sentada la explicación verdadera y decir que eso ocurre porque lo que posee gravedad tiene por naturaleza el desplazarse hacia el centro. Así pues, a partir de una mezcla pesada en potencia, las partes de ella separadas se desplazaron de todas partes por igual hacia el centro. Así pues, tanto si las partes convergieron en el centro desde los extremos estando homogéneamente repartidas como si lo hicieron estando de cualquier otra manera, el resultado será el mismo. Así pues, es evidente que, al desplazarse las partículas de todos los lados por igual desde los extremos hacia un único centro, la masa resultante será similar por todas partes: pues al añadirse una cantidad igual por doquier, el extremo necesariamente distará lo mismo del centro por todas partes; ahora bien, ésa es la figura de la esfera. El razonamiento no variará aunque las partículas de tierra no se precipiten por igual desde todas partes hacia el centro. En efecto, necesariamente la partícula mayor empujará siempre a la menor por delante de ella, al tener ambas un impulso hacia el centro y empujar hasta él la más pesada al peso menor.

[...] Esto se comprueba también a través de los fenómenos accesibles a la sensación: pues si así no fuera, los eclipses de luna no presentarían semejantes secciones; en efecto, durante las fases mensuales la luna adopta realmente todas las formas sectoriales (es decir, va adoptando la forma de un sector rectilíneo, biconvexo y cóncavo), mientras que, con ocasión de los eclipses, tiene siempre como delimitación una línea convexa; por consiguiente, dado que se eclipsa debido a la interposición de la tierra, será el perfil de la tierra, al ser esférica, la causa de esa figura.

Atlas y Heracles Tamaño de la tierra:
[...] por la forma como aparecen los astros resulta patente no sólo que la tierra es esférica, sino también que su tamaño no es grande: en efecto, realizando un pequeño desplazamiento hacia el mediodía o hacia la Osa, surge ante nuestra vista un círculo de horizonte distinto, de modo que los astros situados sobre nuestra cabeza cambian considerablemente y hacia la Osa y hacia el mediodía no apareen ya los mismos cuando uno se desplaza; pues en Egipto y en las inmediaciones de Chipre se ven ciertos astros, mientras que en las regiones situadas hacia la Osa aparecen todo el tiempo se ponen, en cambio, en aquellos lugares. De modo que es evidente a partir de estas observaciones no sólo que la figura de la tierra es redonda, sino también que dicha figura es la de una esfera no muy grande: pues, si no, no haría patentes tan deprisa aquellos cambios al desplazarse uno tan poca distancia. Por ello, los que suponen que la región en torno a las columnas de Heracles se toca con la región de la India y que, de este modo, hay un único mar, no parecen suponer cosas demasiado increíbles. (De caelo. Aristóteles)


Transformaciones de materia y forma:
En la filosofía, Aristóteles distinguía: 1) una parte teórica, relativa al ser, sus elementos, causas y principios, 2) una parte práctica: sobre la actividad del hombre, y 3) una parte poética: acerca de la creación. El objeto de la ciencia es lo general, a lo que se llega por la razón. Pero lo general existe sólo en lo singular, sensorialmente perceptible, y puede conocerse sólo a través de lo singular: es condición de todo conocimiento general, la generalización inductiva, que no puede realizarse sin la percepción por los sentidos. Aristóteles admitía cuatro causas: 1) la materia o posibilidad pasiva de un proceso de formación, 2) la forma (esencia, el ser del ente), la actualización de aquello que en la materia está dado sólo como posibilidad, 3) el principio del movimiento y 4) el fin. En Aristóteles, la naturaleza entera es concebida bajo el aspecto de consecutivas transformaciones de la «materia» a la «forma» y viceversa. Sin embargo, veía en la materia tan sólo un principio pasivo, asignaba la actividad a la forma y redujo a ésta el principio del movimiento y el fin. La fuente última de todo movimiento, según Aristóteles, es Dios: «motor primero e inmóvil». Ello no obstante, la doctrina idealista objetiva de Aristóteles sobre la «forma», en muchos sentidos es «más objetiva y más distante, más general, que el idealismo de Platón y, por tanto, en filosofía natural, con más frecuencia = materialismo» (V. I. Lenin, t. XXXVIII, pág. 278); «Aristóteles llega al umbral del materialismo» (Rosental & Iudin).


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