Viajes de exploración
Díaz de Solís



Juan Díaz de Solís (1470-1516):
Sin certeza de su fecha de nacimiento, se discute también si era sevillano de Lebrija o de origen portugués. Hasta 1505 trabajó al servicio del rey de Portugal como cartógrafo en la Casa da India. Junto a Vicente Yáñez Pinzón y a Américo Vespucio, participó en la Junta de Burgos (1508) que decidió el envío de una expedición que buscase el canal o el paso a través del istmo centroamericano, hacia las islas de la Especiería. Díaz de Solís junto con Vicente Yáñez Pinzón firmó la capitulación de este viaje que resultó un fracaso y regresó a España en 1509. En 1515, tras firmar una nueva capitulación para buscar un paso por el sur del continente, partió de Sanlúcar con tres naves, navegó las costas brasileñas y uruguayas hasta llegar al río de La Plata (febrero 1516) que llamó mar Dulce. Se adentró en su estuario hasta la isla de Martín García, donde fue enterrado el apreciado despensero de la expedición con cuyo nombre se bautizó la isla. Continuó por las aguas del Paraná, que se llamó de Solís. Viendo unos indios decidió desembarcar en busca de alimentos e información sobre la fuente del río. Quería saber si el rió llegaba a espaldas de Castilla del Oro o si era el camino hacia pueblos que poseían metales preciosos. Fueron atacados por los indios charrúas o guaraníes, que le dieron muerte.

Accidentado regreso:
La tripulación de los tres barcos oyó durate horas los gritos del desdichado grumete Juan del Puerto que venían desde la orilla. De regreso una de las naves naufragó frente a Brasil y sus sobrevivientes quedaron en la isla de Santa Catalina. Era la pequeña Latina, al mando de Enrique Montes, con 11 hombres entre los que se encontraban Melchor Ramírez y Rodrigo Rodríguez. Los indios del cabo San Agustín contaron al resto de la expedición que los náufragos se habían salvado. Esta información les había llegado a través de su sistema de comunicación compuesto por tambores y fogatas. Se aprovisionaron de carne en la isla de los Lobos con prisa para que los vientos de invierno no impidiesen el regreso. Las dos naves cargaron cincuenta quintales de palo de Brasil y pusieron rumbo a España. Tardaron 6 meses en el camino de vuelta y llegaron a Sevilla el 4 de septiembre de 1516. Sus comandantes relataron que el mar Dulce, por su extraordinaria anchura, podía ser el ansiado paso hacia el mar del Sur. Magallanes saldría para confirmarlo en 1519 y convencido de que no podía serlo, exploraría todas las bahías hacia el sur hasta dar con el estrecho.

El Plata: Noticias de nuevas riquezas:
Con el descubrimiento del estrecho de Magallanes se había logrado sobrepasar el "obstáculo americano" pero, en los sucesivos intentos, cuando las naves habían penetrado por el estuario del Plata, se habían obtenido noticias de fabulosas riquezas (reflejo de las logradas en el Perú) que dieron lugar a otros mitos y, por lo tanto, a su búsqueda. Entre los mitos que impulsaron nuevas expediciones hay que mencionar la Sierra de la Plata buscada por García de Moguer (1525), que únicamente pudo llegar a Paraguay; o la Ciudad encantada de los Césares (cantinela que recuerda el poderío y urbanismo incaico y la llegada hispana), motor de la aventura de Diego de Rojas (1543). Juan de Ayolas dejó a Irala en La Candelaria tras oír la descripción de pueblos con templos de paredes de oro.

Expedición de Pedro de Mendoza (1534):
La flota con "el mayor número de gentes, entre ellos el cronista Ulrico Schmidel, y mayores naves que nunca pasó capitán a Indias", al decir del cronista Gómara, tenía como objetivo llegar a los territorios otorgados; accedería a ellos por el "Río de Solís" para, desde allí, "calar y pasar la tierra hasta llegar al mar del Sur" con el compromiso de erigir tres fuertes y alcanzar la tierra del "Rey Blanco", que debería hallarse en su límite noroccidental a la altura de los 25ºS. Lo cierto es que Pedro de Mendoza, minado por una enfermedad venérea, permaneció ajeno a las vicisitudes de la navegación y de los pasajeros, entre los que se hallaba un personaje tan notorio como Martínez de Irala. En Las Palmas una nave fue cañoneada porque embarcaba en ella, en contra de la opinión de su padre, la señora de uno de los Mendoza. En Río de Janeiro fue acuchillado en la playa Juan Osorio, por orden de Pedro de Mendoza, debido a la sospecha de una posible traición. Fundaron la ciudad de Nuestra Señora Santa María del Buen Aire en 1536, en la ribera del Paraná Guazú. Don Pedro tomó represalias cuando el pueblo amistoso de los indios querandíes dejaron de suministrarles alimentos. La operación de castigo terminó con el grupo de españoles diezmado y la muerte de Diego de Mendoza, hermano de don Pedro. Decidieron buscar ayuda y a la vez que profundizar en la exploración río arriba. Pedro de Mendoza, muy enfermo, queriendo morir en España, embarcó de regreso y murió durante el viaje.

    Entre tanto Buenos Aires seguía en la indigencia y soportando las asechanzas indígenas; sus habitantes se vieron obligados a caer en un canibalismo de supervivencia. Fue "la más cruda hambre que se ha visto entre cristianos" escribió Barco Centenera; el propio Schmidel reseñó que comiero todo vestigio de vida (sabandijas, etc.), cuero, y demás productos que semejaran algo orgánico. La gobernación del Plata pasó a Juan de Ayolas que penetró en territorio guaraní y fundó Candelaria, en Paraguay; este territorio fue escenario de una singular historia protagonizada por hombres como Ayolas, Irala y Cabeza de Vaca (el mismo que realizara otra notable aventura andariega por territorio nortemericano). Mientras tanto en el Sur se llevaba a cabo la consolidación del enclave bonaerense, pese a las ya mencionadas calamidades vividas por los primeros moradores de la que en la actualidad es la mayor metrópoli del continente suramericano. (M.Cuesta)

La fundación del fuerte de La Candelaria estuvo acompañada de mejor suerte. Los indios de la zona les proporcionaron alimentos e información. Algunos indios de la expedición del desaparecido Alejo García habían regresado con oro. Contaban que provenía de tierras de los indios carcaraes en las altas montañas. Relataron que los pueblos de allí construían grandes casas de piedra y que sembraban en escalones en las montañas. Ayolas partió en dirección a las tierras descritas y murió a manos de los indios payaguas tras su viaje de regreso. Irala y el bravo Juan de Salazar habían salido en su busca sin que lograran encontralo.


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