CANARIAS
PUERTOS
San Sebastián de La Gomera



El puerto de San Sebastián de La Gomera:
El factor fundamental de la riqueza de la villa de San Sebastián fue su puerto, que estaba considerado hasta el siglo XVII como el mejor de Canarias. La bahía, delimitada por la Punta de Los Canarios y el Roque de La Hila, está bien protegida de los temporales. Antes de la llegada de Colón ya era un puerto frecuentado, si bien a partir de este hecho histórico se convirtió en una escala bastante habitual en las expediciones hacia América, donde se abastecían de alimentos frescos y agua, lo que trajo como consecuencia un mercado floreciente que enriquecía a la villa. Por San Sebastián pasaron Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa en mayo de 1499; Américo Vespucci, Pedro Alonso Niño, Vicente Yáñez Pinzón, en noviembre de ese mismo año; Diego de Lepe, Rodrigo de Bastida, Vasco de Gama; y en 1504, Hernán Cortés. La villa también tuvo como inquilinos a Nicolás de Ovando, Pizarro, Núñez de Balboa, Pedrairas Dávila, el gran Marqués de Santa Cruz... Y los barcos de la flota de la Armada fueron reparados aquí, con la madera de sus bosques. Además del comercio, el paso de su flota conllevó un tráfico clandestino con las nuevas tierras, de gomeros que partieron como polizones en los barcos rumbo a América, y a la influencia de todo tipo de gentes que, no pudiendo emprender el viaje por distintas razones desde otros puertos, lo hacían desde La Gomera. La visita de Cristóbal Colón en septiembre de 1492, en el primer viaje del Descubrimiento de América, es el acontecimiento más importante de la Historia de la Isla, de ahí que se llame Isla Colombina. Como recuerdo del episodio perviven la singular Torre del Conde, la iglesia de la Asunción y el Pozo de la Aguada. Si los primeros cincuenta años del siglo XVI supusieron para el puerto de la villa un momento de esplendor, caracterizados por el paso de marinos y descubridores que alcanzaron fama en América, a partir de la segunda mitad del siglo, San Sebastián fue reiteradamente atacada, saqueada e incendiada por las incursiones de Jean Capdeville, en 1571; Pieter van der Does, en 1599; y Tabac Arráez, en 1618. Tan alto fue su valor estratégico que en julio de 1743, el almirante inglés Charles Windham fue enviado con una pequeña flota para apoderarse de la Isla, pero salió derrotado en su empeño. La gesta la conmemora un espléndido mural pintado 1760 y que se conserva en la Iglesia de la Asunción. En la defensa tuvo un papel destacado la Torre del Conde, aunque resultó seriamente dañada.

Y si bien a partir del siglo XIX ya habían cesado los ataques piráticos y las guerras con el exterior, las comunicaciones no mejoraron sustancialmente hasta finales de la centuria. La presencia del barco de vapor, la construcción y desarrollo de los puertos de La Luz y de Santa Cruz de Tenerife, el inicio del cultivo del plátano y el tomate alteró la tradicional incomunicación de La Gomera y transforma sus paisajes. El plátano ocupó entonces el fondo de los barrancos en los valles del Norte de la Isla, los más húmedos, y el gomero escaló sus laderas a partir de ímprobos esfuerzos para crear superficies cultivables. Se construyeron los pescantes de Vallehermoso, Agulo y Hermigua que daba salida a la fruta sirviendo al mismo tiempo de vía de comunicación entre los pueblos gomeros y Tenerife. En 1949 se terminó la carretera que une San Sebastián y Vallehermoso y en la década siguiente comenzó a funcionar el puerto de la villa. La consecuencia fue inmediata. La Isla perdió una gran parte de sus habitantes pero la efectividad de las comunicaciones no fue lo suficiente como para producir cambios radicales en las estructuras socio-económicas de La Gomera. La autopista del Sur y un barco, el ferry Benchijigua, producen a partir de 1974 el tercer gran cambio en la Historia de La Gomera, lo que supone una radical ruptura con el pasado. El medio ya no es un elemento para la subsistencia, sino que, además, se ha convertido en un recurso turístico importante y cada vez adquiere mayor importancia. Los primeros pasos para la construcción de un puerto en San Sebastián datan de enero de 1864, en que la iniciativa aparece reflejada en el periódico El Guache. El proyecto consistía en un pequeño desembarcadero que tendría como base los arrecifes de la bahía en el Roque de La Hila. En marzo de 1888, los diputados de la provincia presentaron en el Congreso una proposición de ley en la que se pretendía declarar de interés general los puertos de segundo orden de San Sebastián de La Gomera y Valverde del Hierro, y que para su ejecución se considerase lo establecido en el Real Decreto de 3 de diciembre de 1866, en el que se dictaban las normas para la construcción de obras públicas. La burocracia estatal superó la lentitud habitual de la época en este caso y en 1896 se recibió un telegrama para el estudio del puerto de San Sebastián. En mayo de 1909 llegó de Madrid un informe favorable sobre el expediente de la construcción del puerto, aunque el proceso no quedó resuelto hasta 1911, en que se sucedieron las subastas y en mayo de ese año se adjudicaron las obras.

Primera construcción:
El puerto estuvo habilitado para sus funciones entre 1913 y 1914, carente aún de la infraestructura necesaria del entorno que nunca se llevaría a cabo, puesto que con el primer gran temporal que sobrevino después de su inauguración, la obra quedó completamente destrozada. Aún pueden verse los restos de la antigua construcción en la playa de La Cueva, como son el dique de atraque y la obra de abrigo. Comenzó entonces el proceso de solicitud de un nuevo puerto, con el agravante de la oposición constante de Madrid, que aludía al viejo puerto "ya existente". El problema pudo paliarse con un pequeño desembarcadero junto al Roque de La Hila. Fue preciso esperar a la visita que Franco hizo a la Isla en octubre de 1950 para que comprobara personalmente la realidad de los hechos y se pudiera conceder la autorización para construir un nuevo puerto, cuyas obras se realizarían a lo largo de la década. El primer barco en atracar en el inacabado puerto de San Sebastián fue la motonave Paloma, el 21 de abril de 1955.


Descripción geográfica de La Gomera de Pedro Agustín del Castillo:
[...] Tiene cerca de la villa un buen puerto á la parte nordeste con 10 brazas de fondo abrigado y defendido de todos los vientos y es de los mejores de estas islas. A la mitad del barranco entre la villa y el puerto está una torre que se fabricó de orden del Rey Felipe II. Es un cañón cuadrado de 36 pies geométricos cada ángulo y lo mismo de altura, tenía tres sobrados con cuatro garitas voladas, asegurando en ella la plata que traían las flotas de América, que hacían escala en este puerto hasta tener aviso de la corte de estar limpios de enemigos los mares. En el valle de Armigua que es muy ameno de arboledas frutales y fresco con lindas aguas, tiene parroquia con cura y 300 vecinos con un convento del orden de Santo Domingo, que se fundó año de 1613, su advocación San Vicente.

Cerca del mar, en su playa, inmediato al lugar de Agulo, en el mes de junio de 1715 arribó y encalló un horrorosa bestia marina de grandeza de 90 pies geométricos y de alto 40 y más, la boca la tenía al medio del cuerpo y tan larga que la quijada hera de más de tres varas, tenía 60 dientes en cada quijada, y cada quijada pesaba libra y nedia y encajaban en los huecos que tenía la quijada de arriba. Por la boca pudieran entrar un par de bueyes unidos, los dientes que estaban en dos filas estaban separados unos de otros una mano, los ojos que tenía en los hombros eran de la circunferencia del grueso de una pipa, la trompa y cabeza eran de la hechura de la popa de un navío, los aletones de delante serían como el ancho y largo de media vara,y el de la cola braza y media, el cuero muy belludo, su color obscuro, del grueso de dos dedos, de que hicieron suelas de zapatos que duraban más de dos años; para subir á su altura, hacían con hachas escalones en sus costados, y habiéndolo rolado en dos partes, cortaban con hachas sin embarazarse 80 hombres, soltaba por la boca grandes pedazos de baña de cuya manteca llenaron dos pipas, y de su aceite 12 pipas; y por haber encallado muy dentro del mar y no haber dado lugar su creciente, no se aprovechó para haber sacado más de 40 pipas de grasa, llevándose la creciente del mar la mayor parte, no tenía más hueso que el del espinazo, el miembro de la generación de tres varas de largo y del grueso de un barril. De la especie de este pez ó casi, era uno que cuenta el padre Fr. Luis de Granada salió de la playa de Peniche año de 1575. Siendo muy frecuente al salir á estas playas de nuestras islas diferentes especies de ballenas, se halla que en el año de 1540 salió en una caleta de esta de Canaria una, en cuyo vientre se halló un pan de fino ámbar de más de cuatro arrobas, sobre que se siguió pleito en esta real audiencia, enre los que la hallaron.

Guarnecen y defienden el puerto dos fortalezas: en una están situados nueve cañones; y en otra tres, fabricados y mantenidos á costa del conde señor de la isla (...). Hay en esta isla demás de la villa cuatro iglesias parroquiales con sus curas en los lugares de Hermigua, Alajero, Valle-Hermoso y Chipude, y en estos lugares 14 ermitas, cógese en toda la isla granos, vinos y mucha seda de que se hace comercio. En la villa está para su gobierno un alcalde mayor para sentenciar los autos que se apelan para la real audiencia, no conformándose las partes; y un sargento mayor para las cosas de guerra. La gente de ella son de gran valor, y los del lugar de Chipude se han distinguido en las muchas presas, que han hecho de moros, que se han desembarcado en sus cosas (...).
(Pedro Agustín del Castillo y Ruíz de Vergara. 1737)


La Torre del Conde:
El fondeadero de San Sebastián de La Gomera fue sin duda lugar de recalada de Cristóbal Colón, Américo Vespucio, Juan de la Cosa, Alonso de Ojeda, Nicolás de Ovando, Hernando de Soto, Hernán Cortés, Sebastián de Benalcázar, Pedrarias Dávila y otros muchos decubridores y conquistadores de tierras del continente americano. Y allí, defendiendo el fondeadero estaba ya la Torre del Conde, construida por Fernán Peraza que era el señor de Canarias, padre de Inés Peraza, casada con Diego García de Herrera. La Torre del Conde era una fortaleza-prisión en cuyos sótanos se guardaban con frecuencia los tesoros de los galeones que llegaban de América. No resistió el ataque de los hugonotes de La Rochela cuando atacaron la isla, quemando sus archivos y numeroso edificios, por eso hubo que reedificarla en 1578 con cargo al erario de la Corona, lo que demuestra la importancia que tenía. Sin embargo volvió a sufrir otro ataque importante por parte de los holandeses en 1599, que se llevaron las piezas de Artillería de la fortaleza, junto a los archivos de la iglesia y la campana mayor de la parroquia, además de quemar la ermita de Santiago en Alajeró. En la década de 1940 se realizaron obras importantes de reparación de la torre y de los barracones anexos para dedicar la instalación a alojamiento del regimiento de Infantería de Tenerife destacado en la isla. En 1944 se construyó un depósito de 18.000 litros, a 15 metros de altra, hasta el que se elevaba el agua procedente de un pozo situado a su pie. Al año siguiente se ejecutaron las obras para emplazar allí las oficinas y alojamiento del comandante militar. En 1946 finalizaron las obras en la parte alta de la torre para instalar una sala de máquinas para la estación Radio Militar. Nos sé cuál es el estado de esta fortaleza, hace diez años que no visito el lugar, aunque espero que dado su valor histórico se encuentre en buen estado de conservación. (Juan Arencibia)


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