HISTORIA
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Nápoles



Nápoles: Detalle de la Tavola Strozzi Nápoles:
En la antigüedad, navegantes de Rodas fundaron Nápoles y le dieron el nombre de Parthenope, pero al poco tiempo fue tomada por calcídicos de Cumas. En 326 a. de J.C. se apoderaron de ella los romanos y pasó a ser centro cultural y lugar de veraneo, donde se celebraban los juegos quinquenales. Teodorico el Grande la tomó en 493, Belisario en 536, Tetila en 542 y Narsés en 555. Después de incorporada al Imperio Oriental pasó a ser ducado en 572. En 1139 la ciudad pasó a ser capital del reino de Nápoles. Con Roger II el ducado de Nápoles pasó a ser reino en el siglo XII. Durante el reinado de Roberto el Prudente de Anjou (1309-1343) tuvo lugar un fallido intento hegemónico napolitano sobre la península italiana. Se basó en el apoyo militar y político de Francia y en una alianza con la Santa Sede. La figura de Roberto fue exaltada por Boccaccio y Petrarca. Artistas como Giotto y Simone Martini convirtieron a Nápoles en un importante foco cultural. Numerosos problemas causaron la crisis del reino angevino. Soportaban una considerable anarquía feudal. La actividad comercial y financiera era un monopolio en manos de extranjeros. Las posesiones piamontesas de los Anjou se encontraban amenazadas por la presión ejercida por los Visconti, señores de Milán, y por los marqueses de Monferrato. Las bancarrotas sufridas por la banca florentina, que sostenía a Roberto como jefe del partido güelfo, agravaron la situación. Al morir en 1458 Alfonso V el Magnánimo sin descendencia masculina legítima, dejó Aragón, Sicilia y Cerdeña a su hermano Juan II, y el reino de Nápoles a su hijo natural Fernando I, quien en su largo reinado (1458-1494) luchó contra Juan de Calabria, de la Casa de Anjou, al que apoyaban los nobles; pero Fernando I logró imponerse a los descendientes, les confiscó los bienes y se dedicó a impulsar la industria y el comercio, pero no pudo hacer que se olvidase su condición de hijo bastardo de un conquistador. En 1501 Nápoles cayó en poder de los franceses, dos años más tarde de los españoles y en 1701 de los austriacos. En el siglo XVII sufrió dos catástrofes, la erupción del Vesubio (1631) y la peste atroz de 1656, que se llevó al 60% de su población. En 1734 se sometió al príncipe don Carlos y en 1799 pasó a ser capital de la República Partenopea Francesa. José Bonaparte residió en ella como rey desde 1806 a 1808, en que le sucedió Murat. En 1815 Fernando IV entró de nuevo en la capital como rey. El gobierno de los Borbones terminó con la llegada de Garibaldi (1860). En 1884 una epidemia de cólera devastó la ciudad.


Nápoles El reino de Nápoles:
En el XIII mantenía un importante comercio con las principales ciudades mediterráneas. En el siglo XV ya era inmenso el comercio catalanoaragonés con Nápoles, llegando a ser esta ciudad el centro del imperio comercial mediterráneo. En el siglo XVII esta hegemonía decayó por causa de las pestes que asolaron la ciudad, pero volvería a reanimarse con la llegada de los Borbones. Políticamente, Nápoles, unido a la isla de Sicilia, a finales del siglo XII estaba gobernado por la casa alemana de los Hohenstaufen. Por las Vísperas Sicilianas (1282), pasó Sicilia al poder de Pedro III de Aragón. Alfonso V conquistó el reino por las armas en 1442, después de numerosas luchas y de haber esquivado varias conjuras. Con el triunfo de Alfonso V, varias familias catalanas y aragonesas se trasladaron a Nápoles, donde emparentaron y establecieron sus bases económicas. Este reinado quedó marcado por la cultura del Renacimiento, que llegaría a España a través de las relaciones de toda índole que ambos países mantenían. La rama aragonesa siguió reinando en Nápoles con el hijo bastardo de Alfonso, Fernando I, que heredó el trono a la muerte de su padre (1458), aunque no fue reconocido por la nobleza, teniendo que batirse en 1464. La intervención de Fernando el Católico junto a los ducados de Milán, Florencia y Siena fue eficaz para afianzar el gobierno de la dinastía aragonesa en Nápoles. A la muerte de Fernando I, le sucedió su hijo Alfonso II, pero al poco tiempo, Carlos VIII de Francia invadió y se apoderó del reino. La casa aragonesa volvió a reinar gracias a la actuación del Gran Capitán, quien, años después, al vencer en las batallas de Ceriñola (1503) y Garellano (1504) conquistó Nápoles para España. El tratado de Madrid (1526) obligó a Francisco I de Francia a ceder sus pretendidos derechos a la corona de Nápoles y esta recayó en Carlos V, quien a su vez al cedió a su hijo Felipe II al casar éste con María Tudor (1554).


Fernando II de Castilla y V de Aragón Incorporación del reino a la Corona de Aragón:
Alfonso V, en guerra con Francia, toma Aversa (1440) y Benevento (1441), y el 2 de junio de 1442, tras un cerco de seis meses, toma Nápoles. En junio de 1443 el papa Eugenio IV le otorga el reino y éste lo reconoce como único pontífice de la Iglesia. A la muerte de Alfonso V, en la Corona de Aragón, Sicilia y Cerdeña le sucedió su hermano Juan II de Aragón. En Nápoles le sucedió su hijo bastardo Fernando (1423-1494), que reinaría como Fernando I. Fernando I (llamado Ferrante) tuvo que disputar el reino de Nápoles como su tío Juan II de Aragón y con Juan de Anjou 'Duque de Calabria' que le derrotó cerca de Nola y de San Fabián; aunque pudo tomar posesión de su reino en 1463 gracias a la intervención del pontífice Pío II que hizo venir de Albania al famoso Scanderberg (Jorge Castriota) para luchar a su lado. Fernando I mantuvo su autoridad por medio del terror, introdujo la imprenta en Nápoles, protegió la industria, el comercio y las letras. Fue la primera persona que llevó el título de Rey de Nápoles, dejó el trono a su hijo Alfonso II de Aragón. Alfonso II de Aragón (1494-1495) estuvo en guerra con Carlos VIII de Francia. Abdicó en su hijo Fernando II para hacerse religioso en Sicilia, murió antes de lograrlo y fue enterrado en Messina. La aversión que el pueblo napolitano había tenido a su abuelo Fernando I, se transmitió a su padre Alfonso II, y se extendió a Fernando II (1467-1496). En 1495 el ejército francés de Carlos VIII invadió Nápoles, las tropas y la nobleza abandonaron a Fernando II y se sometieron al monarca francés. Fernando II de Aragón (Fernando V de Castilla), para oponerse al intento francés de anexionarse el Reino de Nápoles y Sicilia, el 22 de febrero de 1495 organiza la Liga Santa (formada por España, Venecia, Milán, Alemania y Santa Sede). En 1496 subió al trono napolitano Fadrique I de Aragón, convirtiéndose el reino de Nápoles en un peón en la gran confrontación franco-española.

Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán Victorias de El Gran Capitán:
El éxito de la campaña militar dirigida por Gonzalo Fernández de Córdoba 'El Gran Capitán', al vencer en las batallas de Ceriñola (1503) y Garellano (1504), permitió conquistar Nápoles para España. El enfrentamiento bélico quedó zanjado con el Tratado de Lyon (1504) y el Tratado de Blois (1505), a partir de los cuales el Reino de Nápoles quedó convertido en un Virreinato de la corona de España. El Tratado de Lyon concedía el trono de Nápoles a la monarquía española, que nombró a Gonzalo Fernández de Córdoba como Virrey. El Tratado incluía el acuerdo entre Luis XII de Francia y Fernando V 'El Católico' de que éste cediese los derechos al trono napolitano a un posible hijo de su matrimonio con Germana de Foix (hija de Juan de Foix 'Vizconde de Narbona' y de María de Orleans, hermana del rey francés Luis XII).

Batalla de Ragusa (21/11/1617):
Encuentro naval entre la escuadra española del virreinato de Nápoles contra otra veneciana. El gran duque de Osuna, tercero de dicho título, Pedro Téllez Girón, virrey de Nápoles desde julio de 1616, dio insospechado impulso al poderío naval hispano en el Mediterráneo, con el evidente propósito de conseguir para su patria, a poco que transcurriera el tiempo, la hegemonía absoluta en el mar latino, propósito que había de producir la animadversión de Venecia, la aún gran potencia naval adriática. Esta fue la causa de que la serenísima tratara con los holandeses, a la sazón enemigos de España, a fin de conseguir que enviaran al Adriático determinado número de naves de guerra para aumentar sus fuerzas navales. Felipe III instruyó convenientemente a Osuna a fin de que la ya poderosa armada napolitana cruzase a la entrada del Adriático [canal de Otranto] con objeto de atacar a los venecianos siempre que se presentara la ocasión favorable, e impidiera, a la vez, el paso de refuerzos holandeses; pero cuidando siempre de no enarbolar la bandera real, sino solamente pabellón virreinal [...]

Canal de Otranto Francisco de Ribera [dirigía la lucha junto con Pedro de Gamboa], decidido a llevar adelante la acción, ciñendo el viento metió su gran galeón de 68 cañones por medio de la escuadra veneciana, haciendo contra ella un fuego terrible, de tan gran eficacia que todos los barcos enemigos ciaron, retrocediendo. No obstante, corría el peligro de quedar rodeado y abrumado por la enorme superioridad de los contrarios, pero los restantes galeones forzaron vela todo los posible para apoyarle, llegados a distancia de tiro iniciaron un fortísimo cañoneo contra la masa enemiga de galeras y agaleazas, que retrocedieron formando apelotonamientos, sobre los que los artilleros napolitanos no perdían ni una bala. Causaron así muchísimo daño a los venecianos, por lo que en poco tiempo cuatro de sus galeras fueron echadas a pique, despedazadas, y varios galeones contrarios, entre ellos el enorme San Marcos, sufrieron grave quebranto en la arboladura y muchas bajas. Pese a tales ventajas, no pudo Ribera abordar a ninguno de los navíos enemigos, como hubiera sido su deseo, pues se lo imposibilitaba el viento, favorable a los venecianos, que podían despegarse y huir ante la acometida de los galeones ducales. Los venecianos, aun dada su superioridad, no intentaron abordar a sus contrarios, ya que sabían que éstos estaban bien guarnecidos con tropas escogidas. [...] La acción duró más de 14 horas, terminando al hacerse de noche, tras haber combatido ambos bandos intensamente, con tremendos estragos en las naves venecianas ocasionadas por la artillería virreinal, estimándose sus pérdidas en 4.000 hombres, entre muertos y heridos, por sólo 50 españoles. (Angel Dotor)


La Camorra (s.XVII):
Asociación secreta de malhechores surgida en las cárceles napolitanas. Poseía estatutos, una jerarquía bien establecida y una compleja serie de ceremonias de iniciación. Los aspirantes tenían que cometer determinados delitos y reunir una serie de requisitos, como que nadie de su familia se dedicara a la prostitución ni tuviera relación con la policía. Su actividad principal era la extorsión. A principios del s.XIX empezó a extenderse fuera de las prisiones, gracias al beneplácito de los Borbones, que la consideraban una aliada en la lucha contra el liberalismo. Se enriqueció rápidamente sobre todo por el control del juego clandestino. Durante el reinado de Fernando II operaba como policía secreta del estado para combatir a los liberales, aunque sus cabecillas llegaran a un acuerdo con éstos para no delatarlos. En la revolución de 1860 funcionó como policía oficial, ya que los liberales encomendaron a sus miembros el mantenimiento del orden público. El nuevo gobierno emprendió una auténtica cruzada contra la asociación y la mayor parte de los camorristas fueron apresados y deportados. Las campañas para su represión fueron llevadas a cabo por Silvio Spavenza (1861) y por el general la Marmora (1862). Vuelta a la clandestinidad, fue desapareciendo poco a poco.


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