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Ulises en la isla de Ogigia



Ulises en la isla de Ogigia:
Pero comenzó a soplar un viento del sur que lo llevó de nuevo hacia el remolino de Caribdis. Agarrándose al tronco de una higuera silvestre arraigada en lo alto del risco, quedó colgando de ella esperando a que e mástil y a quilla fuesen tragados y vomitados de nuevo; luego se asentó otra vez en ellos y se alejó remando con los brazos. Tras nueve días de ir a la deriva desembarcó en la isla de Ogigia, donde vivía Calipso, la hija de Tetis y Océano, o quizá de Nereo, o de Atlante. Bosquecillos de alisos, álamos negros y cipreses, con búhos, halcones y locuaces cuervos marinos posados en sus ramas ocultaban la gran cueva de Calipso. Una parra retorcida rodeaba la entrada. Perejil y lirios crecían en abundancia en una pradera cercana, regada por cuatro arroyuelos de agua clara. Allí la bella Calipso dio la bienvenida a Odiseo cuando saltó a tierra tambaleándose y le ofreció comida abundante, bebidas embriagantes y una parte de su blando lecho. «Si te quedas conmigo -le dijo-, gozarás de la inmortalidad y de una juventud eterna». Algunos dicen que fue Calipso, y no Circe, quien le dio a su hijo Latino, además de los mellizos Nausítoo y Nausinoo.

Calipso retuvo a Odiseo en Ogigia durante siete años -o quizá sólo cinco- y trató de hacerle olvidar Itaca, pero él se cansó pronto de sus abrazos y solía sentarse abatido en la costa, mirando fijamente el mar. Por fin, aprovechando la ausencia de Posidón, Zeus envió a Hermes con la orden de que Calipso dejara en libertad a Odiseo. Ella no tenía otra opción más que obedecer, y en consecuencia le dijo que construyera una balsa, que ella le abastecería suficientemente con un saco de cereal, odres con vino y agua y carne seca. Aunque Odiseo sospechaba que le estaba tendiendo una trampa, Calipso juró por el Estigia que no le engañaría y le prestó un hacha, una azuela, taladros y todas las demás herramientas necesarias. Sin necesidad de que le alentara, Odiseo improvisó una balsa con una veintena de troncos de árbol enlazados, la botó al agua con rodillos, dio un beso de despedida a Calipso y partió empujado por una suave brisa.

Posidón había estado visitando a sus intachables amigos los etíopes, y cuando volvía a casa por el mar en su carro alado vio de pronto a balsa. Al instante, una enorme ola arrojó a Odiseo por la borda, y las ricas ropas que llevaba lo arrastraron a las profundidades marinas hasta que sus pulmones parecían a punto de estallar. Pero como era un buen nadador, consiguió quitarse las ropas, volver a la superficie y subir de nuevo a la balsa. La compasiva diosa Leucotea, anteriormente Ino, esposa de Atamante, se posó junto a él adoptando la forma de una gaviota. En el pico tenía un velo y le dijo a Odiseo que se lo enrollase alrededor de la cintura antes de volver a sumergirse en el mar, prometiéndole que ese velo le salvaría. Él dudó en obedecer, pero cuando otra ola hizo añicos la balsa, enrolló el velo a su alrededor y se alejó nadando. Como Posidón estaba ya de vuelta en su palacio submarino de las cercanías de Eubea, Atenea se atrevió a enviar un viento que calmase las olas al paso de Odiseo, quien dos días después fue arrojado a la costa completamente agotado, en la isla de Drépane, ocupada en aquel entonces por los feacios. Allí se tendió al abrigo de un matorral junto a un arroyo, se cubrió con hojas secas y se durmió profundamente.

Desembarco en Itaca:
A la mañana siguiente la hermosa Nausícaa, hija del rey Alcínoo y la reina Arete, la pareja real que en otro tiempo había demostrado tanta amabilidad con Jasón y Medea, fue a lavar sus ropas en el arroyo. Cuando terminó la tarea se puso a jugar a la pelota con sus esclavas. La pelota fue a caer en el agua, las mujeres gritaron y Odiseo se despertó alarmado. Estaba desnudo, pero utilizó una frondosa rama de olivo para ocultar su desnudez, y, acercándose sigilosamente, dirigió palabras tan dulces a Nausícaa que ella lo tomó discretamente bajo su protección y lo condujo a su palacio. Allí Alcínoo colmó de regalos a Odiseo y, después de escuchar el relato de sus aventuras, lo envió a Itaca en un buen navío. Sus acompañantes conocían bien la isla. Anclaron en el puerto de Forcis, pero decidieron no perturbar su profundo sueño, así que lo llevaron a la playa y lo depositaron suavemente en la arena, colocando los regalos de Alcínoo bajo un árbol cercano. Sin embargo, Posidón estaba tan molesto por la bondad de los feacios con Odiseo que golpeó el navío con la palma de la mano cuando volvía a Drepane y lo convirtió en piedra, tripulantes incluidos. Alcínoo se apresuró a sacrificar doce toros selectos a Posidón, que amenazaba ahora con privar a la ciudad de sus dos puertos arrojando una gran montaña entre ellos, y algunos dicen que cumplió su amenaza. «¡Esto nos enseñará a no ser tan hospitalarios en el futuro!», le dijo Alcínoo a Arete amargamente. (Rober Graves. Los mitos griegos)


La construcción de la balsa:
Le dio una gran hacha de bronce bien manejable, aguzada por ambos lados y con un hermoso mango de madera de olivo bien ajustado. A continuación le dio una azuela bien pulimentada, y emprendió el camino hacia un extremo de la isla donde habían crecido grandes árboles, alisos y álamos negros y abetos que suben hasta el cielo, secos desde hace tiempo, resecos, que podían flotar ligeros. Luego que le hubo mostrado dónde crecían los árboles, marchó hacia el palacio Calipso, divina entre las diosas, y él empezó a cortar troncos y llevó a cabo rápidamente su trabajo. Derribó veinte en total y los cortó con el bronce, los pulió diestramente y los enderezó con una plomada mientras Calipso, divina entre las diosas, le llevaba un berbiquí. Después perforó todos, los unió unos con otros y los ajustó con clavos y junturas. Cuanto un hombre buen conocedor del arte de construir redondearía el fondo de una amplia nave de carga, así de grande hizo Odiseo la balsa. Plantó luego postes, los ajustó con vigas apiñadas y construyó una cubierta rematándola con grandes tablas. Hizo un mástil y una antena adaptada a él y construyó el timón para gobernarla. Cubrióla después con cañizos de mimbre a uno y otro lado para que fuera defensa contra el oleaje y puso encima mucha madera. Entre tanto, le trajo Calipso, divina entre las diosas, tela para hacer las velas, y él las fabricó con habilidad. Ató en ellas cuerdas, cables y bolinas y con estacas la echó al divino mar. Era el cuarto día y ya tenía todo preparado. Y al quinto lo dejó marchar de la isla la divina Calipso después de lavarlo y ponerle ropas perfumadas. Entrególe la diosa un odre de negro vino, otro grande de agua y un saco de víveres, y le añadió abundantes golosinas. Y le envió un viento próspero y cálido. Así que el divino Odiseo desplegó gozoso las velas al viento y sentado gobernaba el timón con habilidad. No caía el sueño sobre sus párpados contemplando las Pléyades y el Bootes, que se pone tarde, y la Osa, que llaman carro por sobrenombre, que gira allí y acecha a Orión y es la única privada de los baños de Océano. Pues le había ordenado Calipso, divina entre las diosas, que navegase teniéndola a la mano izquierda. Navegó durante diecisiete días atravesando el mar, y al decimoctavo aparecieron los sombríos montes del país de los feacios, por donde éste le quedaba más cerca y parecía un escudo sobre el brumoso ponto. (Homero. La Odisea)


Calypso. Suzanne Vega:
My name is Calypso and I have lived alone
I live on an island and I waken to the dawn.
A long time ago I watched him struggle with the sea
I knew that he was drowning and I brought him in to me.
Now today, come morning light,
he sails away, after one last night.
I let him go.
Now I let him go.

My name is Calypso. My garden overflows.
Thick and wild and hidden is the sweetness there that grows.
My hair, it blows long as I sing into the wind.
I tell of nights where I could taste the salt on his skin,
Salt of the waves and of tears.
And though he pulled away, I kept him here for years.
Now I let him go.

My name is Calypso. I have let him go.
In the dawn he sails away to be gone forever more.
And the waves will take him in again, but he'll know their ways now.
I will stand upon the shore with a clean heart and my song in the wind.
The sand will sting my feet and the sky will burn.
It's a lonely time ahead. I do not ask him to return.
I let him go. I let him go.


Bárbara del campo. Presuntos implicados:
Bárbara es del viento
y yo nunca la tendré;
si la quiere traer una brisa de mar,
abriré de par en par mi cuerpo.

En mis velas sabe
confundir la calma y la tempestad.
Con un lazo suave
pero al fin y al cabo atándome.

Bárbara del campo
trae la arcilla de su piel,
y del río me da las palabras
que van adornándonos de primavera.

Como un vino suave
enredando apenas la razón,
Con un lazo suave
pero al fin y al cabo atándome.

Y me tiene eternamente aquí
entre el agua y el huracán.
Entre tierra y llamas seguiré
porque ella es el mejor lugar.

Bárbara es del fuego,
es del mago de la luz;
a su isla llevé mis cenizas
y no hay regreso, ya quemé mis naves.
(Presuntos implicados)

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