HISTORIA
DOCUMENTOS
Exploradores franceses



Jacques Cartier (Saint Maló 1491-1557) Jacques Cartier (Saint Maló 1491-1557):
En 1534 recibió de Francisco I la misión de buscar un paso en el Noroeste hacia Oriente. Llegó al golfo de San Lorenzo, por el estrecho de Belle Isle y, después de explorar las costas del oeste de Terranova, la isla de Príncipe Eduardo y Nueva Brunswick, desembarcó en Gaspé y reclamó el territorio para Francia. Regresó con algunas pieles y no localizó ninguna tierra cultivable. En 1535 volvió a viajar a América del Norte, descubriendo el río San Lorenzo. Le atraían los relatos que había oído sobre las grandes cantidades de oro y piedras preciosas que podría hallar en el reino de Saguenay, y prosiguió río arriba hasta Hochelaga (Montreal), volviendo luego a Stadacona (Quebec), donde pasó el invierno. Muchos de sus hombres murieron de escorbuto antes de que regresase a Francia. En 1541 fue nombrado piloto de una expedición colonizadora al mando de Sieur de Roberval. Debido al retraso de éste, Cartier le precedió estableciendo una colonia en Cap Rouge, que se llamó Charlesbourg-Royal. Más tarde reunió grandes cantidades de lo que creía eran oro y diamantes, y las llevó a Francia, donde se descubrió que carecían de valor.

En 1534 tenía 43 años y sin duda había acumulado experiencia en los bancos de Terranova, en la recolección del palo brasil y en la escuela de los portugueses [numerosos marinos franceses embarcaron en la Carreira da India]. Su originalidad residió en el hecho de que, por vez primera, el rey de Francia aportó ayuda financiera. Los objetivos eran claros: descouvrir certaines ysles et pays où l'on dit qu'il se doibt trouver grande quantité d'or et autres riches choses aux Terres Neufves, passéz le destroict de la baye des Chasteaulx. La expedición -dos navíos de sesenta toneladas tripulados por sesenta hombres- partió de Saint-Malo el 20 de abril 1534. Fue preciso vencer la resistencia de los medios marítimos que temían, precisa Ch.-A. Julien, un monopolio real de la pesca en los bancos de Terranova. esto demuestra hasta qué punto el Estado en Francia, a diferencia de los ejemplos ibéricos, se había mantenido al margen del modelaje de los nuevos mundos. No porque Francia no tuviese buenos reyes, sino porque el Estado estaba demasiado avanzado y demasiado comprometido en un asunto más serio (el control y el dominio de su espacio, la administración de un pueblo numeroso y una tierra rica, la contención de las presiones ejercidas por el imperio de Carlos V) como para desviar una buena parte de sus esfuerzos con destino a empresas mediocres y escasamente rentables. Más valía aprovecharse indirectamente de los monopolios ya consolidados, dejar que la Francia marítima defendiese sola su responsabilidad y defender las posiciones en Sevilla, Lisboa, Amberes o en los bancos de Terranova. Sin embargo, en 1534 Francisco I pareció querer terminar con este tácito acuerdo. Las ayudas fueron mediocres: en 1534 el rey de Francia no estaba a la altura de Enrique el Navegante un siglo atrás. El 24 de julio de 1534 tuvo lugar la ceremonia de toma de posesión de la desembocadura del río San Lorenzo. El segundo viaje (1535-1536) se realizó con tres navíos de 220 toneladas. Jacques Cartier no alcanzó ninguno de los dos objetivos de sus viajes: ni descubrió el paso del noroeste hacia Catay ni tampoco el oro; pero demostró a Europa que Terranova era una isla, situó la del Príncipe Eduardo y el Nuevo Brunswick, remontó el San Lorenzo y exploró los emplazamientos donde luego se elevarían Quebec y Montreal. Participó en un tercer viaje, con Roberval (1541-1542) que llevó a una primera tentativa de poblamiento que fracasó en 1543. Roverbal era un evangélico, el primero de una larga serie. (Chaunu)

Samuel de Champlain (Brouage h.1567-Quebec 1635) Samuel de Champlain (Brouage h.1567-Quebec 1635):
En su juventud luchó en las guerras de religión, bajo Enrique de Navarra, hasta 1598, año en el que se enroló en un buque español que emprendió una expedición de dos años a las islas del Caribe y Centroamérica. En 1603 exploró el golfo de San Lorenzo hasta la altura de Montreal, y al siguiente año acompañó al señor de Montrs a Norteamérica y exploró la costa hasta el cabo Cod, en el sur, trazando el mapa de la región y fundando un campamento en Port Royal. En 1608 fundó la ciudad de Quebec, a la que dedicó virtualmente el resto de su vida. Mientras luchaba al lado de los algonquinos y los hurones -con los que enseguida entabló un provechoso comercio de pieles- contra los iroqueses, descubrió el lago Champlain (1609). En 1611 estableció una factoría comercial y en 1612 fue puesto al frente de Nueva Francia como gobernador. En 1613 navegó río arriba en busca del "mar del Norte" por el río Ottawa, pero dio media vuelta a la altura de la isla de Allumette. En 1615 ascendió de nuevo por el río hasta la bahía de Georgia. Invernó en el país de los hurones y luchó al lado de éstos contra los iroqueses. Los hurones fueron derrotados y Champlain resultó herido. Regresó a Quebec en 1628, pero al año siguiente ésta fue tomada por los hermanos Kirke, y Champlain fue encarcelado en Inglaterra. En 1632 la colonia fue restituida a los franceses y Champlain regresó a Quebec en 1633, donde permaneció hasta su muerte.

Jolliet y Marquette:
Exploradores que descubrieron la desembocadura del río Mississippi en el golfo de México. Jolliet, un francocanadiense de Quebec y Marquette, un misionero jesuita francés, salieron de St.Ignace, Michigan, con cinco compañeros, en la primavera de 1673. El grupo ascendió hasta el río Fox y desde allí se dirigió hacia el río Wisconsin, desde el cual tomaron el Mississippi y siguieron su curso hasta la desembocadura del río Arkansas. Allí hicieron un alto en su viaje, al decidir, según sus propias exploraciones y la información dada por los indios locales, que el río discurría hasta el golfo. El viaje de regreso lo efectuaron vía el río Illinois y el lago Michigan. En Montreal volcó la canoa de Jolliet y se perdieron sus apuntes y mapas. El mapa que rehizo de memoria coincidió con el de Marquette, cuyos documentos se convirtieron en el informe oficial de la expedición. Como recompensa por su labor, y por un ulterior viaje a la bahía de Hudson, el gobierno francés regaló a Jolliet la isla de Anticosti, en el golfo de San Lorenzo. Construyó un fuerte en ella que fue destruido por los británicos en 1691.

Pierre Gaultier de Varennes, Sieur de la Vérendrye (1685-1749):
Comerciante y explorador franco-canadiense, nacido en Trois-Rivières, Quebec. Aunque nunca alcanzó el mar Occidental, sus logros trazando los mapas de los lagos Winnipeg, Winnipegosis y Manitoba, así como su conocimiento de los principales ríos de la región, constituyeron una aportación esencial para la colonización de Canadá occidental. Tuvo una vida inquieta y llena de múltiples experiencias. Sirvió en el ejército francés, se dedicó al comercio de las pieles y más tarde fue nombrado jefe de un puerto militar en el lago Nipigon, Ontario. En 1729 obtuvo del gobierno de Quebec permiso para explorar la parte occidental de Canadá, y se le otorgó un monopolio de pieles más allá del lago Superior, con la condición de que buscase una ruta hacia el mar Occidental. En 1730 partió con tres de sus hijos y un sobrino, y en 1738 llegó al Missouri siguiendo el río Rojo. A pesar de graves dificultades, dos de sus hijos llegaron, en su camino hacia el oeste, hasta las Montañas Negras (1742-1744). Durante el viaje Vérendrye estableció una serie e factorías comerciales y fuertes, entre estos últimos Fort St Pierre, Fort St Charles y Fort Maurepas. En 1743 enfermó, contrajo deudas y se vio obligado a regresar a Montreal, donde su licencia fue revocada (1744). En 1749 le fue concedida la cruz de San Luis.

Terranova y Groenlandia Islas del Artico:
En 1576, sir Martin Frobisher fue el primero entre otros muchos marinos británicos en aventurarse en aguas del Artico. Sus pequeñas embarcaciones no eran adecuadas para unas aguas cubiertas de hielo, y el escorbuto era una amenaza constante. El mayor desastre se produjo en el tercer viaje de John Franklin en 1845, en el que perecieron los 129 hombres de la expedición. Al contrario que Franklin, los exploradores por tierra que adoptaron la indumentaria de los nativos y cazaron para alimentarse pudieron viajar grandes distancias sin problemas. El primer europeo que alcanzó por tierra la costa ártica de América del Norte fue Samuel Hearne, quien en 1770-1772 realizó un viaje junto con un guía chipewyan, Matonabbee, entre el fuerte Príncipe de Gales, en la bahía de Hudson, y la desembocadura del río Coppermine. La idea de usar la bahía de Hudson como base para el comercio de pieles surgió de dos desleales coureurs de bois ("corredores de bosque") de Nueva Francia: Pierre-Esprit Radisson y Médard Chouart, Sieur des Groseilliers. Creada por una carta real en 1670, la Compañía de la Bahía de Hudson controlaba las cuencas de los ríos que desembocaban en las bahías de Hudson y James. Junto a la rival Compañía del Noroeste, la Compañía de la Bahía de Hudson estableció con el tiempo factorías en todo el norte y arrastró a los pueblos nativos a una nueva economía mercantil basada en la moda europea de los sombreros de castor. Los traficantes de pieles y los voyageurs se casaban a menudo con nativas, y sus descendientes, llamados métis, desarrollaron una lengua y una cultura propias y fundaron la provincia de Manitoba.


Esclusa Iroquesa El canal de San Lorenzo (1959):
Los cinco Grandes Lagos de la zona fronteriza entre Estados Unidos y Canadá deberían llamarse en realidad un mar. A veces también se los llama el Mar Mediterráneo de Norteamérica, pues la superficie que ocupan los lagos Superior, Hurón, Michigan, Erie y Ontario corresponde aproximadamente a la superficie total de la Península Ibérica. El desagüe natural de los Grandes Lagos en el Atlántico es el río San Lorenzo. Siguiendo su curso llegaron a esta tierra los colonizadores. Ya es antiguo el plan de convertir en una vía naval el interior del curso, de más de 3700 km, del río San Lorenzo, desde la desembocadura hasta Duluth, en el lago Superior. Canadá fue el país que demostró mayor interés por el proyecto. Los norteamericanos, por su parte, parecían menos interesados. Pero en el año 1932 ambos Estados firmaron un acuerdo para la construcción conjunta del canal de San Lorenzo. Había que superar las dificultades técnicas, como la diferencia de altura entre los lagos, rápidos en el río, la necesidad de construir numerosas esclusas y canales, pero tampoco los problemas económicos podían ser insolubles. En el año 1959 se dio por finalizada la construcción de la mayor vía naval continental. Los cargueros y transatlánticos pueden navegar ahora desde el Atlántico hasta el mismo corazón de América. Durante este trayecto, 16 esclusas los elevan a una altura de 183 metros sobre el nivel del mar. (Roland Gööck)


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