Viajes de exploración
Expediciones españolas en Norteamérica



Expediciones españolas en Norteamérica:
Los primeros intentos por parte de los españoles para la búsqueda del paso se llevan a cabo durante el siglo XVI cumpliendo las instrucciones del Rey Carlos I Aunque la mayor parte de la bibliografía existente se ha llevado a cabo por historiadores extranjeros, María Pilar San Pío publicó en 1992 un espléndido trabajo sobre este tema. En 1532, el Rey Carlos I encargó a Hernán Cortés que buscara por ambas costas de América el estrecho de comunicación entre el Atlántico y el Pacífico. La primera expedición enviada por Cortés, compuesta por dos naves, estaba al mando de Diego Hurtado de Mendoza, saliendo de Acapulco en el citado año. Uno de los navíos naufragó y el otro llegó a la entrada del golfo de California. Al año siguiente se envió una nueva expedición, al mando de Hernando de Grijalva, con los navíos San Lázaro y Concepción, que consiguió llegar hasta los 21° norte, descubriendo las islas de Santo Tomás y Revillagigedo.

En 1535 y 1536 fue Hernán Cortés el que emprendió dos expediciones con los navíos Santa Agueda, San Lázaro y Santo Tomás, que no obtuvo muchos frutos, aunque consiguió doblar el cabo de San Lucas y alcanzó los 29° norte. En 1539-40, una expedición al mando de Francisco de Ulloa reconoció las costas exteriores del golfo de California, llegando hasta los 30° norte. Ulloa desapareció en el viaje. En los mismos años, las expediciones marítimas prosiguieron con el nombramiento del virrey Antonio de Mendoza, quien envió una expedición para encontrar los míticos lugares de Quivira y al Reino de las Siete Ciudades de Cíbola. En 1540, Francisco de Alarcón navegó 85 leguas por el río Colorado. En 1542, una expedición al mando de Juan Rodríguez Cabrillo llegó a la altura de la actual ciudad de San Francisco, y al morir Cabrillo su piloto, Bartolomé Ferrero, navegó hacia el norte, alcanzando el cabo Mendocino. Arrastrado por los vientos llegó a los 44°. Durante el virreinato de Luis de Velasco no se realizaron nuevas expediciones exploratorias. Sin embargo, se ordenó que los galeones procedentes de Manila navegasen por la ruta descubierta por fray Andrés de Urdaneta y reconociesen las costas americanas, proporcionando al virrey información sobre las mismas.

Juan de Fuca en la isla de Vancouver (1592):
La documentación española no menciona nada sobre el supuesto viaje de Juan de Fuca, pero los detalles imaginarios de la historia fueron recogidos hasta la década de 1750 en publicaciones como Peregrinos, de Samuel Purchas, una importante recopilación de relatos sobre viajes e incluso influyeron más tarde en geógrafos y exploradores españoles, franceses e ingleses en la búsqueda de un mar occidental, concebido como un mar Mediterráneo de América del Norte. El relato hace suponer que seguía las órdenes de Luis de Velasco y que emprendió el viaje tras 40 años de servicio en las costas de la América española. Encontró un entrante a 47º de latitud N, que “tras girar en todas direcciones, excepto al oeste”, lo condujo tras veinte días, al Mar Septentrional. A lo largo de las tierras que atravesó, ricas en oro, plata y perlas, divisó gentes vestidas con pieles de animales. Regresó a México y más tarde a España, donde no recibió recompensa alguna por su expedición. Su informe parecía sugerir que California era una isla, error que persistió hasta mediados del siglo XVIII. Lo relativo a las riquezas de la zona fue una invención suya.

Siglo XVII:
En 1596, Felipe II ordenó que prosiguiesen los reconocimientos de las costas de California. El virrey Gaspar de Zúñiga organizó una expedición al mando de Sebastián Vizcaíno, que se llevó a cabo en 1602 con los navíos San Diego (capitana), Santo Tomás y la fragata Tres Reyes. La expedición llevaba como piloto a Toribio Gómez (otras informaciones asignan el cargo de piloto mayor a Francisco Bolaños) y como cosmógrafos a Gaspar de Alarcón y Jerónimo Martín Palacios y al carmelita fray Antonio de la Ascensión, que había sido piloto antes que fraile. La misión consistía en explorar la zona situada al norte de Nueva España, sin entrar en el golfo de California, y explorar minuciosamente la costa y cartografiar la misma hasta el cabo Mendocino en 40° norte y, si era posible, llegar a los 43° norte. La flotilla salió de Acapulco el 5 de mayo de 1602. El 6 de junio perdieron la fragata Tres Reyes. Tras una serie de problemas alcanzaron los 43° norte. Martín Fernández de Navarrete encontró los planos levantados por la expedición, que le sorprendieron por su exactitud. Humboldt afirmó al respecto "que nunca piloto alguno hizo trabajos más escrupulosos". (Ricardo Arroyo)
(*) El estudio citado: Exploraciones españolas del siglo XVII. El paso del noroeste, de María Pilar San Pío (1992).


El regreso de Urdaneta de Filipinas a México (1565):
[...] marcó un hito en la historia de la navegación. Se trataba del viaje más largo, 7.644 millas, navegando por una ruta desconocida, de los realizados hasta entonces. Un viaje de tanta transcendencia se ejecutó bajo el mando de un muchacho de 18 años, Felipe de Salcedo, nieto de Legazpi, y la dirección técnica de un fraile de 57 años, Urdaneta. Sólo la confianza que inspiraba éste puede explicar lo que, en cualquier otra circunstancia, hubiera sido una temeridad suicida. La nao San Pedro zarpó de Cebú el 1 de junio de 1565, aunque la navegación transpacífica propiamente dicha comenzó el día 9 al salir del estrecho de San Bernardino. Impulsados por el monzón de verano, hasta el 4 de agosto navegaron al nordeste buscando la corriente del Kuro-Shivo que los impulsaría hasta Acapulco; ese día alcanzaron por primera vez los 39º de latitud norte en una longitud de 170º oeste. Posteriormente, descendieron a los 32º N, y volvieron a subir a los 39º 30' N el 4 de septiembre. Ni estos dos 'picos' que prolongaban 'innecesariamente' la navegación fueron casuales: Urdaneta intentaba verificar la longitud, coordenada indomeñable por entonces pero imprescindible para cruzar el Pacífico transversalmente. Sus cálculos resultaron más que atinados ya que el piloto Espinosa, al concretar la primera estimación de distancia al continente americano, anota en su diario que Urdaneta calcula estar a 270 leguas del actual Cabo Mendocino, una distancia que se verificará tras los posteriores 15 días de navegación. Navegando exclusivamente por estima, tras 7000 millas sería imposible lograr tal precisión. El 18 de septiembre avistan la isla californiana de Santa Rosa con lo que culminaban la primera travesía del Pacífico de oeste a este. A partir de ese día, con una tripulación agotada pero no sin verse apremiados por el hambre o la sed, descendieron a buena velocidad costeando hasta el destino elegido por Urdaneta, Acapulco, a donde arribaron el 8 de octubre. (José Ramón de Miguel Bosch | www.andresurdaneta.org)

El puerto de Veracruz (ss.XVI y XVII):
Fundada por Hernán Cortés el viernes santo de 1519. La antigua Vera Cruz, que estaba a seis leguas de distancia, contaba con una rada peligrosa. El canal situado entre San Juan de Ulúa y la costa sirvió de puerto, desde donde las mercancías eran trasladadas a la ciudad en embarcaciones pequeñas. A causa de las expediciones corsarias inglesas (Hawkins, Drake 1567-1568), se empezó a construir un fuerte en la isla de San Juan, que no se terminó hasta el siglo XVII debido a los ataques neerlandeses (Graff, Cornelius Jon, Van Horn): hacia 1690 era un paralelogramo fortificado convertido luego en auténtico castillo y ampliado en sus obras de defensa exterior en el siglo XvIII. La ciudad se levantaba en una playa malsana, lo que hacía que sus habitantes (comerciantes, oficiales y asentistas) viviesen en ella sólo durante la época de la llegada de flota, mientras el resto del año residían en Jalapa, centro de la feria más importante de la zona. hacia 1568 sólo habitaban en la ciudad unos 400 españoles, el puerto fue adquiriendo importancia a medida que la producción de metales del virreinato fue aumentando, así como el consumo interior de mercancías procedentes de Europa. Antes de 1554, no era frecuente que llegasen a él bajeles armados: el oro y la plata eran enviados en barcos pequeños a La Habana y de allí a España; a partir de aquel año, dos navíos de convoyacompañaban siempre a los buques mercantes a Veracruz a recoger el tesoro real. A partir de 1564, hubo una flota anual para Nueva España; los años en que ésta no llegaba se despachaban para Veracruz los navíos de mercurio (2.000-2.500 quintales de metal) para las minas del interior. El asiento de 1627, según Veitia Linaje, otorgaba a los asentistas 6 flotas para Nueva España, protegidos cada una por una capitana y una almirante, con dos pataches y 520 soldados; hacia 1660, los comerciantes de Nueva España adelantaban a la corona 200.000 ducados (en 1667, 90.000 directos y el resto sobre los géneros importados a Veracruz) por exención de avería, derechos de aduana y otros gravámenes: da medida de la importancia de su tráfico que la mitad de aquel adelanto se efectuara sobre importaciones. Hacia el interior, el tráfico Veracruz-México se llevaba a cabo por medio de unas 50.000 mulas conducidas por 7.500 arrieros. La ciudad se convirtió en sede de una incipiente burguesía ligada al comercio y las actividades marítimas a lo largo del s.XVIII: con el librecambio de 1778, Veracruz sustituyó a México como centro comercial y acentuó su hegemonía económica.

Expedición de Bartolomé de Fuentes (s.XVII):
Navegante español de origen portugués al que se atribuye la realización de un viaje por el océano Pacífico a lo largo de las costas de América del norte. En 1641 mandaba fuerzas navales españolas que atendían a la guardia de las costas de Nueva España y del Perú. Salió en dicho año del Callao con una escuadra compuesta por el Espíritu Santo, mandado por él mismo, y otras tres naves: Santa Lucía, Rosario y Rey Felipe, cuyos capitanes eran Diego de Peñalosa (almirante), Pedro Bernardo y Felipe de Ronquillo. Costearon California hasta llegar al paralelo 53: Fuentes asegura que recorrió 250 leguas más hacia el norte, por entre multitud de islas que llamó San Lorenzo, las mismas seguramente que componen el archipiélago Príncipe de Gales, redescubierto por Wallis en 1675. Fuentes descubrió también la desembocadura de los ríos que denominó de los Reyes y Haro. Penetrando por el primero hasta 20 leguas de su desembocadura encontró un puerto al que llamó de la Arena y un lago que denominó Bello. Siguió explorando río arriba en chalupas, llamando Paramentiers a aquel curso de agua, y llegó al poblado indio de Corasset, donde habían residido anteriormente dos de los misioneros que llevaba y fue informado por los indígenas que un barco de un capitán llamado Shapely, de Boston, estaba fondeado cerca. Al considerar que aquel buque había llegado allí por distinto camino, pensó en la existencia de un paso de comunicación entre el Pacífico y el Atlántico. Volvió y se reunió con el capitán Bernardo, que por otro lado había remontado el río Haro y llegado hasta los 77º de latitud. Esta última parte del relato se considera errónea. Fuentes regresó al Perú y no se sabe más de su vida. Algunos autores, como Dalrymple, Malte-Brun, Vaugondy y Forster, han puesto en duda tal viaje y hasta la existencia de Fuentes, pero otros, como Buache, Fleurieu y de Lisle, admiten uno y otra; también están de acuerdo con el relato de Fuentes las descripciones de Juan de la Bodega y Cuadra y Ferrer Maldonado (Carlos Martínez Valverde)

► El geógrafo estadounidense Carl O. Sauer (1889-1975) se interesó en descubrir los senderos indígenas que sirvieron de vía de comunicación a las expediciones españolas desde el centro de México hacia la actual California. Dejó obras como The Road to Cibola (1968), The Early Spanish Main (Descubrimiento y dominación española del Caribe, 1966) y Seventeenth Century North America: Spanish and French Accounts (1977).

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