HISTORIA
PORTUGAL
Siglo XX



Historia de Portugal siglo XX:
Caída de la monarquía:
La mala administración, la corrupción y la falta de voluntad de reforma conducen a la caída de la monarquía. Se produce un levantamiento ideológicamente republicano y dirigido por oficiales de la marina y del ejército. El rey Carlos I (1889-1908) asiste al crecimiento de la oposición republicana, la carencia de industria y la baja producción agrícola que apenas mantiene a una población de 4 millones. Los intelectuales más relevantes se alinean en su contra (Arriaga, Teófilo Braga, Bernardino Machado, Sidonio Paes). El 1 de febrero de 1908 son asesinados el rey y el príncipe heredero Luis Felipe. Manuel II conserva al dictatorial primer ministro João Franco, que concede a los trabajadores descanso dominical y pensiones de invalidez y jubilación. Las elecciones del 28 de agosto de 1910 dan una abrumadora mayoría republicana. En la lucha con regimientos leales a la corona mueren cerca de 100 soldados.

República (5 octubre 1910):
El gobierno revolucionario proclama la república (5 octubre). Declara la abolición de la nobleza y la secularización de los monasterios. La dinastía Braganza, en el gobierno desde 1641, es desterrada del país y Manuel II huye a Gibraltar. El erudito Joaquim Teófilo Fernandes Braga toma posesión del cargo de primer ministro y es elegido presidente del estado (15 octubre). Se establecen libertades democráticas y la condición legal familiar de las mujeres se iguala a la de los hombres. Se produce la separación entre Iglesia y estado. A pesar de la gran altura de los personajes que a través de la política buscan la estabilización, ésta no se consigue. Las constantes tensiones internas habían impedido un reforzamiento de la nueva forma de estado. La rivalidad entre partidos, a menudo implacable, así como la constante agitación antigubernamental de los círculos monárquicos y de la derecha habían puesto a menudo a la república al borde de la ruptura. A ello había que añadir el constante empeoramiento de la situación económica de un país eminentemente agrícola. El déficit interior aumentaba de forma dramática.

Entrada en la Primera Guerra Mundial (1917):
El Partido Democrático defendía la entrada de Portugal en el conflicto. El argumento más utilizado fue que aquella era la única vía para defender las colonias; se sabía que en 1913 había estado preparado para la firma un pacto secreto entre Inglaterra y Alemania por el cual ambas potencias se dividían el ultramar portugués, en dos partes iguales. La guerra había dejado en suspenso su ejecución, pero el vencedor, independientemente de quien fuese, había de quedarse con las do mitades. Además de esta razón existía el deseo de alinear al país en el contexto europeo, lo que era necesario, según se pensaba, para el progreso nacional. Pero en la base de los debates había irreductibles elementos ideológicos: las izquierdas estaban a favor de los aliados, que decían representar la causa de la libertad, las derechas estaban a favor de los alemanes, que se indentificaban con la autoridad y el orden. La implantación popular del Partido Democrático era tan fuerte que el proyecto de entrar en una guerra en el extranjero no provocó grandes resistencias. Las dificultades a vencer fueron más externas que internas: Inglaterra no atmitía que Portugal invocase la alianza inglesa como motivo para su entrada en la guerra. Si Portugal quería entrar en la guerra debía ser por su propia cuenta, no a causa de la alianza. El asunto se resolvió en 1916 con el apresamiento de unos barcos alemanes. Al comenzar la guerra, cerca de setenta naves mercantes alemanas, sorprendidas en alta mar, fueron a refugiarse al Tajo, puerto neutral, donde contaban con escapar del apresamiento por parte de la escuadra inglesa, pero Inglaterra tuvo necesidad de barcos y pidió a Portugal que se apoderase de ellos para ponerlos a su servicio. Así se hizo y, tal y como se esperaba, Alemania declaró la guerra. Dos divisiones con cincuenta y cinco mil hombres fueron enviadas a Francia a principios de 1917, y allí se mantuvieron hasta el armisticio, en noviembre de 1918. otras fuerzas fueron enviadas a Angola y Mozambique, que tenían fronteras con colonias alemanas, y fueron invadidas; la guerra tomó en aquellas tierras aspectos más graves para Portugal, con cerca de cinco mil muertos. Aquello dio a los portugueses el derecho a estar con los vencedores en la conferencia de paz, y obtener el reconocimiento de sus posesiones africanas, además de compartir las fuertes indemnizaciones de guerra (las reparaciones) que los alemanes tuvieron que pagar a los aliados

António de Oliveira Salazar (1889-1970):
Durante el mandato del general Carmona es nombrado ministro de Finanzas (1928) a los 39 años de edad. Era el presidente de la Unión Nacional, fundada en 1930, cuyo programa prevé la formación de un sistema de partido único, conservador y autoritario, en el que se asigna un papel a cada clase y cada grupo social en el seno de la sociedad portuguesa. El presidente Antonio Oscar de Fragoso Carmona, lo nombra primer ministro (5 de julio de 1932). Salazar anuncia su intención de gobernar Portugal con mano firme, sanear la economía y devolver al país el papel que merece en política exterior, como corresponde a su grandeza histórica. Con la proclamación de la constitución autoritaria de 1933, Salazar consiguió mayores prerrogativas, comportándose durante los siguientes treinta años como un dictador. Redactó su constitución tomando como referencia el fascismo italiano y otorgando un importante papel a la Iglesia. Con ella fundó el Estado Novo, corporativista. Implantó una dictadura enraizada en sus profundas convicciones católicas. Para obtener el apoyo providencial de la Iglesia, le otorgó privilegios extraordinarios. Durante la guerra civil española mantuvo estrecho contacto diplomático con Franco. Mandó un batallón de voluntarios dirigidos por el capitán Spínola. Se apresuró a reconocer en 1938 el gobierno de Franco, con quien firmaría en 1942 el Pacto Ibérico, por el que Portugal y España acordaban cuestiones militares y declaraban su neutralidad en la II Guerra Mundial. Ferviente católico, firmó un Concordato con el Vaticano por el que devolvía las propiedades confiscadas a la Iglesia por el anterior gobierno portugués (1942). Iniciada la II Guerra Mundial hace declaraciones neutralistas, no se alinea con el Eje e intenta no obstaculizar los intereses británicos. Concedió al Reino Unido y a EE.UU. el uso de una base militar en las Azores y al finalizar el conflicto promovió la integración de Portugal en la OTAN. Impuso un modelo de sindicato que eliminaba la posibilidad de la protesta de la clase trabajadora. Suprimió el derecho de huelga y de libertad de prensa y al anuló la oposición política con la ayuda de su Policía de Seguridad (PIDE). La drástica persecución de la oposición por parte de la PIDE llevó a casos como el asesinato del general Humberto Delgado, líder de la oposición democrática de los años cincuenta. La economía mantuvo una moderada prosperidad pero se bloqueó rígidamente el cambio social y político en el país. Detentó el cargo de primer ministro hasta 1968, año en que sufrió un ataque de apoplejía y por el que fue sustituido en su cargo de presidente del Consejo de Ministros por Marcelo Caetano, hecho que se le ocultó durante los dos años restantes de vida. Murió, el 27 de julio de 1970, en Lisboa.

Marcelo Caetano (1906-1980):
Desde 1929 fue asesor próximo Salazar en sus dos etapas de ministro de Finanzas y más tarde cuando Salazar se convirtió en presidente del Consejo de Ministros. Desarrolló un papel importante en el régimen de Salazar, redactando la Constitución de 1933 y otros documentos legales que establecían las bases del nuevo régimen. Otros cargos que ocupó fueron los de ministro de Colonias (1944-1947), presidente de la Cámara Corporativa (1949-1955) y ministro adjunto de la Presidencia del Consejo (1955-1958). En 1959 se retiró de la política y pasó a ser rector de la Universidad de Lisboa. Tras la incapacidad de Salazar (1968) fue nombrado presidente del Consejo de Ministros. En el indulto decretado en 1968 incluyó a Mario Soares, deportado en Sao Tomé por su oposición a la dictadura de Salazar. Al principio liberalizó el sistema; se admitió la oposición en el Parlamento y se reformaron algunos artículos de la Constitución. Pero la elevada inflación continuó quedando fuera de su control, aumentaron las críticas y su política exterior no tuvo éxito. En 1974 el Ejército le derrocó en un golpe de Estado y le exilió a Madeira. Se trasladó a Brasil, donde fue nombrado director del Instituto de Derecho Comparado de la Universidad de Gama Filho, donde continuó hasta su muerte (que tuvo lugar en Río de Janeiro), aunque en 1978 el presidente Ramalho Eanes le había indultado.

Revolución de los claveles (25 abril 1974):
El opositor Movimiento de las Fuerzas Armadas derroca el gobierno del presidente Marcelo José das Neves Alves Caetano y convoca al general Antonio Sebastiao Ribeiro de Spínola, general en jefe del ejército y ex gobernador de la Guinea Portuguesa, para dirigir la junta revolucionaria. Los tanques son recibidos con entusiasmo desbordante, por parte de la población, a su entrada en la capital. Hasta el mediodía, el traspaso de poder se consuma sin oposición por parte de las unidades del ejército fieles al gobierno. En una declaración pública efectuada en la noche del mismo día, la Junta Militar declara su intención de poner en marcha un "programa de salvación nacional que restablezca los derechos civiles que le fueron usurpados al pueblo portugués". Así termina la dictadura derechista instaurada por el predecesor de Caetano, Salazar, a partir de la constitución de 1933. Los oficiales golpistas pretenden acabar con la represión política interna y cambiar la política colonial. Desde 1961, Portugal intenta mantener sus colonias con el uso de las armas. En opinión de muchos militares, esta lucha contra los movimientos independentistas, que cada vez son más fuertes, es iútil. El jefe de la junta, Spínola, ya es conocido desde hace tiempo por su postura crítica ante la política de Caetano en Africa. Las acciones militares en las colonias portuguesas le cuestan mucho dinero al país más pobre de Europa occidental y ya se han cobrado hasta la fecha 8.000 vidas. Spínola aboga en favor de una solución política. La junta, que únicamente pretende gobernar hasta la celebración de las primeras elecciones libres, libera a los presos políticos pocos días después del golpe. Por primera vez en muchos años, los periódicos salen a la calle sin censura. El secretario general del Partido Socialista, Mário Soares, regresa de su exilio en París. En 1976, en virtud de una nueva constitución, Portugal se convierte en una república y, en 1986, entra a formar parte de la Comunidad Europea.

Mário Soares (Lisboa 1924):
En 1952 se incorporó al partido opositor clandestino Acción Socialdemócrata. Bajo la vigilancia del régimen de Caetano se exilia en París (1970). Tras numerosas tentativas para unificar diversas tendencias socialistas democráticas, en Hamburgo (1974) fue uno de los fundadores del Partido Socialista Portugués (PSP), del que asumió el cargo de secretario general. Regresó tras el levantamiento del 25 de abril de 1974. Se incorporó al nuevo gobierno democrático como ministro de Asuntos Exteriores, y en 1975 fue ministro sin cartera. Las elecciones constituyentes de abril de ese año convierten al PSP en la fuerza mayoritaria. Fue nombrado el primer jefe de gobierno constitucional tras los comicios de 1976. Derechizó su política con un plan de austeridad contestado por las clases trabajadoras y el ala izquierda del PSP. Viajó a EE.UU. en busca de apoyo político y económico mientras tanteaba el ingreso de Portugal en la CEE. Dimitió en 1978 para regresar a la jefatura del gobierno en 1983 necesitando el apoyo del grupo conservador Centro Democrático y Social, que le retiró su apoyo dos años más tarde. Soares abandonó de nuevo el cargo sin recurrir al pacto con los comunistas. En 1986 resultó vencedor den las elecciones presidenciales y como presidente de la república tuvo que cohabitar con gobiernos conservadores (Cavaco Silva). Fue confirmado presidente en los comicios de 1991, pero la cohabitaciòn se prolongó hasta 1995, año en el que el PSP venció en las legislativas y António Guterres accedió a la jefatura del gobierno. En marzo de 1996 cedió la presidencia de la República al socialista Jorge Sampaio.

Otelo Saraiva de Carvalho (1936):
Nació en Lourenço Marques, luego Maputo, en Mozambique. Fue uno de los fundadores del Movimiento de las Fuerzas Armadas que organizó el levantamiento del 25 de abril. Ascendido a general asumió la jefatura del Comando Operacional del Continente (COPCON), unidad militar de intervención inmediata que desempeñó un papel clave en la coyuntura revolucionaria, en la que pugnaban diversas tendencias con ramificaciones dentro del ejército. Las opciones incluían conservadores, comunistas, liberales y socialdemócratas. La enérgica reacción del COPCON fue decisiva para anular la intentona golpista conservadora del general Spínola (principios de 1975). En febrero Saraiva de Carvalho accedió al Consejo de la Revolución y llegó a formar parte del triunvirato que asumió todo el poder, integrado por los generales Costa e Gomes (socialdemócrata, Vasco Gonçalves (procomunista) y él mismo como representante de una opción socialista autogestionaria. En noviembre fracasó un golpe procomunista, siendo decisiva su acción al frente del COPCON. Con la toma del poder de los militares socialdemócratas fue destituido y arrestado. En junio de 1976 su candidatura fue derrotada en las presidenciales a las que se presentó como candidato de las fuerzas socialistas revolucionarias (obtuvo el 17% de los votos). Considerado una amenaza para el gobierno y la cúpula militar, fue expulsado de ejército (1979) y luego rehabilitado (1989). Militó en la extrema izquierda no comunista y en 1984 fue detenido, acusado de mantener vinculaciones con grupos terroristas y de ser dirigente de las Fuerzas Populares 25 de abril, organización ilegal que creara en 1980. Procesado en 1987, se le condenó a quince años de cárcel, pero por falta de pruebas los tribunales le liberaron al declarar nulo el procesamiento (1989).

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