MAR
POEMAS
Jorge Luis Borges



El mar:
Antes que el sueño (o el terror) tejiera
Mitologías y cosmogonías,
Antes que el tiempo se acuñara en días,
El mar, el siempre mar, ya estaba y era.
¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
Y antiguo ser que roe los pilares
De la tierra y es uno y muchos mares
Y abismo y resplandor y azar y viento?
Quien lo mira lo ve por vez primera,

Siempre. Con el asombro que las cosas
Elementales dejan, las hermosas
Tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
Ulterior que sucede a la agonía.
(de El otro, el mismo, 1964)


Singladura:
El mar es una gran espada innumerable y una plenitud de pobreza.
La llamarada es traducible en ira, el manantial en tiempo, y la cisterna en clara aceptación.
El mar es solitario como un ciego.
El mar es un antiguo lenguaje que ya no alcanzo a descifrar.
En su hondura, el alba es una humilde tapia encalada.
De su confín surge el calor, igual que una humareda.
Impenetrable como de piedra labrada
persiste el mar ante los muchos días.
Cada tarde es un puerto.
Nuestra mirada flagelada de mar camina por su cielo:
Ultima playa blanda, celeste arcilla de las tardes.
¡Qué dulce intimidad la del ocaso en el huraño mar!
Claras como una feria brillan las nubes.
La luna nueva se ha enredado en un mástil.
La misma luna que dejamos bajo un arco de piedra y cuya luz agraciará los sauzales.
En la cubierta, quietamente, yo comparto la tarde con mi hermana, como un trozo de pan.


El mar:
El mar. El joven mar. El mar de Ulises
y el de aquel otro Ulises que la gente
del islam apodó famosamente
Es-Sindibad del Mar. El mar de grises
olas de Erico el Rojo, alto en su proa,
y el de aquel caballero que escribía
a la vez la epopeya y la elegía
de su patria, en la ciénaga de Goa.
El mar de Trafalgar. El que Inglaterra
cantó a lo largo de su larga historia,
el arduo mar que ensangrentó de gloria
en el diario ejercicio de la guerra.
El incesante mar que en la serena
mañana surca la infinita arena.


Cosas:
[...]
Los remos de Argos, la primera nave.
Las pisadas de arena que la ola
soñolienta y fatal borra en la playa.
Los colores de Turner cuando apagan
las luces en la recta galería
y no resuena un paso en la alta noche.
El revés del prolijo mapamundi.
[...]
(de El oro de los tigres, 1972)


Amorosa anticipación:
[...] por la virtud absolutoria
del sueño,
quieta y resplandeciente como una dicha que
la memoria elige,
me darás esa orilla de tu vida que tu misma no tienes.
Arrojado a quietud,
divisaré esa playa última de tu ser
y te veré, por vez primera, quizá,
como Dios ha de verte,
desbaratada la ficción del Tiempo,
sin el amor, sin mí.


A Luis de Camoens:
Sin lástima y sin ira el tiempo mella
las heroicas espadas. Pobre y triste
a tu patria nostálgica volviste,
oh capitán, para morir en ella
y con ella. En el mágico desierto
la flor de Portugal se había perdido
y el áspero español, antes vencido,
amenazaba su costado abierto.
Quiero saber si aquende la ribera
última comprendiste humildemente
que todo lo perdido, el Occidente
y el Oriente, el acero y la bandera,
perduraría (ajeno a toda humana
mutación) en tu Eneida lusitana.
(J.L.Borges, de El hacedor)

Epílogo:
Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincia, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara. (J.L.Borges, de El hacedor)


Jorge Luis Borges (1899-1986):
Poeta, ensayista y cuentista argentino, nacido en Buenos Aires. Vivió en Suiza durante los años de la I Guerra Mundial, y luego en España, donde se adhirió al ultraísmo, del que más tarde se apartó. En 1921 regresó a Buenos Aires y publicó en las revistas Prisma, Proa y Martín Fierro. En sus Obras Completas (1964) se recogen los poemarios Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925), Cuaderno San Martín (1929), junto con otras composiciones recientes. En la poesía de Borges, permanente búsqueda de sí mismo, metafísica y lírica se conjugan. Por tal motivo, además de los eternos temas -amor, muerte, soledad, dolor- y los que apuntan al pasado del país y a la realidad de su Buenos Aires, se reiteran preocupaciones propias de la metafísica: el tiempo, el sentido del universo, el eterno retorno, el hombre. Estos temas aparecen constantemente en sus ensayos: Inquisiciones (1925), El tamaño de mi esperanza (1926), Historia de la eternidad (1936), Otras inquisiciones (1952), El Martín Fierro (1953), etc.; y también sus cuentos, claves de toda la obra borgiana y factor decisivo de su consagración. En el campo de la narración, realidad e irrealidad aparecen en constante contrapunto. Por otra parte, todos los cuentos tienen relación entre sí y son, en cierto modo, complementarios de los ensayos. Desde Historia universal de la infamia (1935), libro al que pertenece el cuento "Hombre de la esquina rosada", que fue llevado a la pantalla, hasta El jardín de los senderos que se bifurcan (1941), Ficciones (1944), El Aleph (1949), el manejo del género se afirma hasta el virtuosismo y el estilo se decanta. De su producción más reciente cabe citar los títulos de Poemas 1923-1967 (1967), Elogio de la sombra (1969), El oro de los tigres (1972), El libro de la arena (1975) y La rosa profunda (1976). (Vidal de Nicolás)

Reveses políticos:
En 1945 se instaura el peronismo en Argentina, y su madre Leonor y su hermana Norah son detenidas por hacer declaraciones contra el nuevo régimen: habrán de acarrear, como escribió muchos años después Borges, una "prisión valerosa, cuando tantos hombres callábamos", pero lo cierto es que, a causa de haber firmado manifiestos antiperonistas, el gobierno lo apartó al año siguiente de su puesto de bibliotecario y lo nombró inspector de aves y conejos en los mercados, cruel humorada e indeseable honor al que el poeta ciego hubo de renunciar, para pasar, desde entonces, a ganarse la vida como conferenciante. La policía se mostró asimismo suspicaz cuando la Sociedad Argentina de Escritores lo nombró en 1950 su presidente, habida cuenta de que este organismo se había hecho notorio por su oposición al nuevo régimen. [...] Los últimos reveses políticos le sobrevivieron con el renovado triunfo electoral del peronismo en Argentina en 1974, dado que sus inveterados enemigos no tuvieron empacho de desposeerlo de su cargo en la Biblioteca Nacional ni en excluirlo de la vida cultural porteña. Dos años después, ya fuera consecuencia de su resentimiento o por culpa de una honesta alucinación, Borges, cuya autorizada voz resonaba internacionalmente, saludó con alegría el derrocamiento del partido de Perón por la Junta Militar argentina, aunque muy probablemente se arrepintió enseguida cuando la implacable represión de Videla comenzó a cobrarse numerosas víctimas y empezaron a prolifererar los desaparecidos entre los escritores. El propio Borges, en compañía de Ernesto Sábato y otros literatos [H.E.Ratti, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, y el sacerdote escritor Leonardo Castellani], se entrevistó ese mismo año de 1976 con el presidente de la Junta para interesarse por el paradero de sus colegas desaparecidos. De todos modos, el mal ya estaba hecho, porque su actitud inicial le había granjeado las más firmes enemistades en Europa, hasta el punto de que un académico sueco, Artur Ludkvist, manifestó públicamente que jamás recaería el premio Nobel de Literatura sobre Borges por razones políticas.

La reunión con Videla (19/05/1976):
Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvó al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las responsabilidades del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi vida, menos podría gobernar un país. (Borges)

Hablamos de la cultura en general, de temas espirituales, culturales, históricos y vinculados con los medios masivos de comunicación. Hubo un altísimo grado de comprensión y de respeto mutuo, y en ningún momento la conversación descendió a la polémica literaria e ideológica y tampoco caímos en el pecado de caer en banalidades; cada uno de nosotros vertió sin vacilaciones su concepción personal de los temas abordados... Fue una larga travesía por la problemática cultural del país. Se habló de la transformación de la Argentina, partiendo de una necesaria renovación de su cultura. (Sábato)

La inmensa mayoría de los argentinos rogaba casi por favor que las Fuerzas Armadas tomaran el poder. Todos nosotros deseábamos que se terminara ese vergonzoso gobierno de mafiosos... Desgraciadamente ocurrió que el desorden general, el crimen y el desastre económico eran tan grandes que los nuevos mandatarios no alcanzaban ya a superarlos con los medios de un estado de derecho. Porque entre tanto, los crímenes de la extrema izquierda eran respondidos con salvajes atentados de represalia de la extrema derecha. Los extremistas de izquierda habían llevado acabo los mas infames secuestros y los crímenes monstruosos más repugnantes...Sin duda alguna, en los últimos meses, muchas cosas han mejorado en nuestro país: las bandas terroristas han sido puestas en gran parte bajo control. (Sábato, 1978)


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