Literatura
La vuelta al mundo en 80 días



La vuelta al mundo en 80 días:
Un excéntrico y metódico inglés, un mayordomo y una apuesta bastan a Julio Verne [1828-1905] para realizar un viaje alrededor del mundo en pleno siglo XIX. Nos mostrará las costas de Arabia, las populosas ciudades de la India, las selvas, los bulliciosos puertos de Asia, las llanuras y montañas de América, los peligros de los océanos, exóticas ciudades de Oriente, paisajes de lejanas tierras, estos serán los escenarios de las aventuras del señor Fogg y Picaporte. Viajaremos con ellos sabiendo que olvidaremos en ocasiones el motivo de su viaje y nos dejaremos llevar por el paisaje y las emociones. El móvil del viaje es trivial -una simple apuesta- pero el tema básico y general es: la conquista y el dominio de la naturaleza por la industria, de la que el tren y el barco de vapor son aquí los principales exponentes. Este tema se expresa a través de tres mediaciones: el viaje, la sabiduría científico-técnica y la colonización. Tres formas convergentes de apropiación del mundo.

    Entre los inventos de la segunda mitad del s.XIX con aplicación directa a los medios de transporte está el convertidor Bessemer (1855), empleado en la producción de acero. Se va perfeccionando el diseño de hélices, con una práctica totalidad de adeptos frente a las paletas (1851). La máquina compound de doble expansión (1856) supone una gran mejora de potencia. La versatilidad de las planchas de acero en diseños más ligeros de cascos permite la construcción con compartimentos estancos (1859). El motor de triple expansión (1875) aumenta significativamente la potencia y el rendimiento del carbón.

De esas tres mediaciones es la del viaje la privilegiada en esta obra. Pero no se trata de un viaje de exploración, sino de medición de la Tierra, en el que el metro utilizado es el tiempo y el instrumento un reloj viviente: Phileas Fogg. Pues más allá de la anécdota argumental, de la apuesta, el objetivo del viaje es la demostración de la abolición de la distancia (la distancia no existe, había declarado Michel Ardan en De la Tierra a la Luna), de la domesticación del espacio, de la rendición de la geografía a la medida del hombre. Manifestación de poder que se acompaña, como lo demuestra el desenlace de la aventura, de una victoria pírrica: en su lucha contra el tiempo, el héroe consigue ganar... un tiempo ilusorio, un tiempo imaginario.

El progreso lo acompaña siempre de una manifestación de regresión, de una resurgencia del pasado. Se presenta con la sustitución del tren -máximo exponente en la época de modernidad y progreso- por el elefante y el trineo. Pero también, y de modo más sutil, bajo la forma de la circularidad del tiempo. Para Verne, el tiempo es tan circular como el espacio, como las esferas del reloj y de la Tierra. Phileas Fogg no viaja, describe una circunferencia, la figura cíclica de un tiempo y de un espacio cerrados sobre sí mismos. Verne halló la inspiración de esta obra, según Margueritte Allotte de la Füye, en un folleto turístico de la Agencia Cook, que demostraba que, “gracias a la velocidad de los nuevos medios de locomoción y a la concordancia de los horarios internacionales, un periplo completo alrededor de nuestro esferoide no es más que una excursión de vacaciones, un simple paseo de tres meses como máximo”. René Escaich ha hallado la verdadera partida de nacimiento de esta obra en un artículo publicado en 1870 en Le Magasin Pittoresque, que decía así: Gracias a la horadación del istmo de Suez es posible ahora, partiendo de Paris, dar la vuelta al mundo en menos de tres meses. El servicio para este viaje circular no ha de tardar en ser organizado. He aquí el itinerario, cuya duración podría ser incluso más breve:

  • De París a Port-Said, cabecera del canal de Suez, por ferrocarril y barco de vapor, 6 días.
  • De Port- Said a Bombay, por barco de vapor,14 días.
  • De Bombay a Calcuta, por tren, 3 días.
  • De Calcuta a Hong-Kong, por barco de vapor, 12 días.
  • De Hong-Kong a Yedo, por barco de vapor, 6 días.
  • De Yedo a las islas Sandwich, por barco de vapor, 7 días.
  • De San Francisco a Nueva York, por el ferrocarril del Pacífico, ya acabado, 7 días.
  • De Nueva York a París, por barco de vapor y por tren, 11 días.
  • Total: 80 días.

La comparación con el itinerario seguido por Phileas Fogg muestra que las modificaciones son mínimas, las requeridas únicamente por el hecho de que sea Londres y no París el punto de partida. Hoy en día es posible dar la vuelta al mundo en unas horas a velocidades supersónicas, los viajes se han convertido en una mera forma de desplazamiento, la información ha acabado con el exotismo, por ello se necesita realizar un casi imposible esfuerzo de imaginación para poder comprender el entusiasmo suscitado por una empresa como ésta de dar la vuelta al mundo en el mínimo tiempo posible. Para reforzar la imaginación hay que asomarse a la geografía de la época:

    Esta Tierra, en otro tiempo inconmensurable y que parece ir encogiéndose a medida que vamos tomando posesión de ella.. .la superficie misma en la que vivimos no nos es aún enteramente conocida. Los dos polos están aún protegidos del hombre por sus caparazones de hielo y de nieve... En Asia, en África, en Australia hay vastas regiones sobre las que no se ha posado aún el pie del hombre...Cuando se estudia detenidamente la superficie de la Tierra, asombra comprobar que la parte bien conocida es aún la menos extensa y que hay inmensas zonas de Asia, de América, de Australia y, sobre todo, de África de las que apenas podemos trazar un esbozo aproximada...Pero cada año, cada día incluso, va reduciéndose la extensión de lo desconocido; un verdadero ejército de exploradores surca las partes mal conocidas de la Tierra, afrontando el hambre, la sed, las enfermedades, el frío, el calor y la muerte para recoger un poco de saber nuevo.. .Antes de que acabe el siglo la casi totalidad de la Tierra deberá ser conocida. Nunca la geografía ha presentado un interés tan grande como en el momento en que vivimos.

Este texto extraído de un atlas publicado por Hachette en 1886, permite comprender la sensibilización del público en la segunda mitad del siglo XIX, a la apasionante aventura del conocimiento de la Tierra. Hoy sería impensable un éxito popular de una revista geográfica como el conocido en el siglo XIX por Le Tour du Monde, revista que publicaba amplias y originales relaciones de viaje de los exploradores con magníficos grabados. El desarrollo en esos años de las compañías de ferrocarriles y de navegación como consecuencia del capitalismo industrial y financiero, contribuyó poderosamente a excitar el interés del público por la geografía y los medios de comunicación. Con La vuelta al mundo en ochenta días Verne hizo tomar conciencia a sus contemporáneos de que el mundo era treinta o cuarenta veces más pequeño que a principio de siglo. Y puso de moda los viajes alrededor del mundo. (Maribel Carbonell para Realidad Literal)


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