Estados Unidos
Siglo XIX



EE.UU: Siglo XIX:

    En 1804 parte la expedición de Lewis y Clark, encargo de Jefferson. En 1805 la derrota franco-española de Trafalgar inicia la preponderancia británica sobre los mares. En 1812 EE.UU. propone a España la compra de Cuba. Comienza la guerra Anglo-Norteamericana, que se prolongará hasta 1815. En 1815 el congreso de Viena introduce grandes cambios en las fronteras de Europa. Otros cambios fronterizos sucederán a costa del colapsado Imperio otomano. En 1816 James Monroe sucede a James Madison en la presidencia. En 1834 se acuerda crear el Territorio Indio como reserva para cheroquis, crics, seminolas, choctas y chicasas. Desaparecería en 1907 al crearse el estado de Oklahoma. En 1821 Misuri es reconocido como estado. En 1839 comienza la primera guerra afgano-británica. En 1848 las revoluciones por toda Europa contra las monarquías autoritarias inician conflictos prolongados en el tiempo. Especialmente bajo el mandato de Disraeli Gran Bretaña desarrolla una ambiciosa expansión imperial. En 1861 Lincoln es elegido presidente y comienza la Guerra Civil. Kansas se incorpora a los EE.UU. y lucha contra los Confederados. En 1865 los Estados del Norte ganan la guerra. En 1867 un acuerdo traslada y confina a los siux en una reserva en Dakota. En 1876 los siux aniquilan a las tropas de Custer en Little Big Horn, Montana. En 1882 Gran Bretaña ocupa el Egipto del Imperio otomano. En 1884 se reparte Africa en la Conferencia de Berlín. En 1890 Sitting Bull es asesinado y se produce la batalla de Wounded Knee (South Dakota) con 200 bajas siux. En 1893 McKinley anexiona Hawai.

[Incorporación de territorios:]
Los Estados Unidos de América, al margen de la Historia universal, aprovecharon no obstante los conflictos del viejo mundo para crecer. En 1800, construyeron una capital federal llamada Washington, siguiendo unos planos ideados por el arquitecto francés Pierre L'Enfant. Las guerras de la Revolución, aunque los ingleses hubieran quemado Washington en 1814, sólo les afectaron de manera ocasional. Pero las aprovecharon sobre todo para, en 1803, comprar a Napoleón el inmenso territorio de Luisiana (el Medio Oeste y el Misisipí) y a España, la Florida. Después de violentas discusiones con los británicos, éstos les habían reconocido la posesión de Oregón, que controlaba el acceso al océano Pacífico. Ya hemos señalado que, como consecuencia de una serie de conflictos con México, desde el Álamo (1836) hasta la guerra abierta (1848), se habían apoderado de Arizona, Texas y California, cuya toponimia continúa siendo española (Los Ángeles, San Francisco, San Antonio).

[Crecimiento de la población:]
Estados Unidos se benefició durante todo el siglo de una emigración masiva: a lo largo de sesenta años, veinte millones de europeos cruzaron el Atlántico para establecerse allí. Los desplazamientos masivos de la población ya eran posibles. A la navegación a vela del siglo XVIII le había sucedido la navegación a vapor de la primera Revolución industrial, que desembarcaba en las costas americanas a miles de emigrantes decididos a rehacer allí sus vidas. Muchos de los que llegaban procedían de la antigua patria inglesa (en plena explosión demográfica), pero también de Irlanda (depauperada por el dominio protestante y asolada por la hambruna), de Alemania (durante mucho tiempo se habló alemán en el Medio Oeste) y de Escandinavia. Igualmente se veían llegar centenares de miles de europeos del sur (españoles, italianos, portugueses) y del este (polacos, rusos y griegos). Nació entonces un «mito americano» que ilustra la estatua de la Libertad, esculpida por Bartholdi, un regalo de Francia que se instaló delante de Manhattan en 1886. La inmigración cambió la naturaleza de la población, hasta entonces constituida principalmente por ingleses protestantes y esclavos negros. En particular, la Iglesia católica se hizo muy poderosa (la primera denominación americana).

Guerra de Secesión:
En aquel momento estalló la mayor crisis de la joven historia de Estados Unidos. Los estados del sur, poco afectados por la inmigración, seguían en manos de los terratenientes, que se asemejaban a lo que había podido ser Washington; en sus explotaciones de algodón hacían trabajar a una mano de obra servil, descendiente de la trata de esclavos. Los del norte estaban poblados por campesinos libres, obreros y comerciantes, y contaban con grandes ciudades: Nueva York, Boston. Los intereses de los del norte y de los del sur eran opuestos: los terratenientes querían exportar su algodón; los industriales deseaban proteger sus fábricas de la competencia europea. Las mentalidades divergían por completo. Los aristócratas del sur despreciaban a los inmigrantes del norte, y a la inversa. La elección como presidente del antiesclavista Abraham Lincoln trajo consigo la ruptura. En 1860, los estados del sur llevaron a cabo la secesión y formaron una confederación de doce Estados sudistas bajo la presidencia de Jefferson Davis. Al contrario de lo que dice la leyenda, el rechazo a la esclavitud no fue el principal motivo de la guerra. La cuestión central que plantearon los confederados era la del derecho de secesión, puesto que la Constitución americana no había previsto ese caso. En la actual Unión Europea, un Estado puede secesionarse denunciando los tratados. La «Unión» americana de entonces, entendiendo, con razón, que estaba en juego la propia supervivencia de Estados Unidos, se negó a conceder a los confederados el derecho a separarse. Éste fue el principio de una larga y sangrienta guerra que duró del 18 de abril de 1861 al 14 de abril de 1865. Aparentemente, la lucha era desproporcionada: veintitrés millones de nordistas contra nueve millones de sudistas (entre ellos muchos esclavos negros a los que no se movilizaba). El norte también contaba con el ferrocarril, industrias y los grandes puertos. Sin embargo, la victoria del sur no era imposible, pues los terratenientes estaban preparados y sus generales eran excelentes. Los sudistas se hicieron, en efecto, con una serie de victorias; pero la marcha del general Lee sobre Washington fue abortada en la batalla de Gettysburg, del 1 al 3 de julio de 1863. Desde entonces quedó tan patente la superioridad del norte que sólo podía ganar aquella larga guerra. Sherman se apoderó de la mayor ciudad del sur, Atlanta, y la incendió en noviembre de 1864. Lee tuvo que capitular el 9 de abril de 1865, en Appomattox. Jefferson Davis dimitió. Abraham Lincoln fue asesinado por un fanático sudista, pero la Unión había triunfado. Nunca más volverá a ser cuestionada. La guerra de Secesión fue la primera guerra «moderna»: empleo masivo del ferrocarril, cañones, armas de disparo rápido. Causó seiscientos mil muertos: 350.000 nordistas y 250.000 rebeldes.

    [El enorme número de bajas supuso] el 2% de una población de 30 millones, con un promedio de 500 muertes al día. Sólo en la batalla de Gettysburg, los ejércitos enfrentados sufrieron entre 45.000 y 50.000 bajas. Y también habría que recordar las muchedumbres de heridos, con pocas esperanzas de sobrevivir, singularmente en el bando Confederado. Sea ello como fuere, la guerra entre los estados norteamericanos se cobró un tributo mayor que cualquiera de los conflictos exteriores que haya tenido Norteamérica desde la Independencia. (Arno J.Mayer)

    Oposición de dos modos de producción:
    Entre 1861 y 1865 tuvo lugar la guerra más sangrienta del siglo XIX después de las guerras napoleónicas: la guerra civil americana, que enfrentó a los estados del norte con los del sur. Tras la elección de Abraham Lincoln, los estados esclavistas del sur abandonaron la Unión y formaron su propia federación. La economía de los estados del sur dependía de las plantaciones de los terratenientes seudoaristocráticos, y su explotación era mucho más rentable si se contaba con esclavos (los grandes terratenientes de Prusia también habían explotado sus tierras con sus siervos, los campesinos, que no obtuvieron su libertad hasta 1807). El norte, en cambio, era industrial, y la industria presupone movilidad y libertad. Ciertamente, en esta guerra civil los americanos combatieron fundamentalmente «por o contra la Unión» o «por o contra la esclavitud», pero detrás de todo esto estaba el conflicto entre dos modos de producción irreconciliables. Muchos lo han comprendido gracias a la novela de Margaret Mitchell y a la película Lo que el viento se llevó, basada en dicha novela. Como todas las guerras civiles, la americana también fue una guerra extremadamente cruenta, y el triunfo de los estados del norte ha dejado secuelas psíquicas reconocibles hasta hoy mismo. Qué es lo que hubiera pasado si hubieran vencido los estados del sur es algo que puede verse en Alemania, donde la Prusia latifundista sometió al occidente industrial. (D.Schwanitz)

Minorías étnicas:
Se abolió la esclavitud en toda la Unión, pero el racismo y el apartheid se mantuvieron vivos (de hecho así fue hasta el Movimiento de los Derechos Cívicos de Martin Luther King). Aquí se encuentran las raíces de los dos partidos actuales, aunque sus recíprocos electorados hayan cambiado. Sólo gracias a la guerra de Secesión, Napoleón III pudo arriesgarse a su aventura mexicana. En Estados Unidos, el problema negro está en vías de solución. Esa población es más pobre que la de origen europeo o asiático; al menos es numerosa y está en el camino hacia la ascensión social. Otra minoría fue casi aniquilada: los pieles rojas. Sobreviven alrededor de un millón de indios, en la actualidad integrados, pero a finales del siglo XIX su número no superaba los cien mil. Los amerindios, al norte de Río Grande, no eran campesinos como los aztecas o los incas, sino cazadores nómadas. Los americanos se apropiaron de sus tierras de caza para convertirlas en terrenos de cultivo, acabaron con la caza (quizá en 1815 podía haber veinte millones de bisontes, frente a los menos de un millón en 1880) y masacraron a las tribus conservando su buena' conciencia. Tocqueville, que visitó América antes de la guerra de Secesión, dejó una sorprendente página en La democracia en América sobre el comportamiento de los americanos para con los indios. Los españoles sueltan sus perros contra los indios como contra las bestias salvajes; saquean el Nuevo Mundo en cuanto se apoderan de una ciudad, sin criterio y sin piedad, pero no se puede destruir todo, la furia tiene un límite: la población indígena que escapó a las masacres acabó por mezclarse con sus vencedores y por adoptar su religión y sus costumbres. La conducta de los americanos de Estados Unidos para con los indígenas respira, al contrario, el más puro amor a las formas y a la legalidad. Por más que los indígenas permanezcan en estado salvaje, los americanos nunca se mezclan en sus asuntos... Les toman fraternalmente de la mano y les conducen a morir fuera del país de sus padres. Los españoles, cometiendo unas monstruosidades sin parangón, cubriéndose de una vergüenza inefable, no llegaron a exterminar a los indígenas, ni siquiera a impedirles compartir sus derechos. Los americanos de Estados Unidos alcanzaron ese doble resultado con una maravillosa facilidad, tranquila, legal, filantrópicamente, sin violar uno solo de los grandes principios morales a los ojos del mundo. ¡No se sabría destruir a los hombres respetando más las leyes de la humanidad! (Barreau)

    Declive de las ideas abolicionistas tras la guerra:
    [El club de los metafísicos, historia intelectual de EE.UU. escrita por Louis Menand ayuda a] conocer la génesis de lo que fue el talante pragmatista en aquella sociedad norteamericana posterior a la Guerra de Secesión, así como los rasgos característicos de un estilo de pensamiento (el de Pierce, Dewey, James o Holmes) tan influyente en su momento como luego olvidado. Destaca entre todos ellos la aversión a considerar las ideas, cualesquiera ideas, como principios o verdades y su inclinación a tratarlas como simples herramientas intelectuales, producidas socialmente, cuya única justificación se encuentra en su utilidad para mejorar al ser social y plural que es el hombre. La sociedad norteamericana venía de atravesar la traumática y sangrienta experiencia de la guerra civil (la contienda que más muertos ha causado en la historia de EE.UU.) y, de manera sorprendente para el conocimiento histórico convencional, volcó su repulsión a lo sucedido en un rechazo tajante de los principios de los abolicionistas. Para muchos americanos blancos los abolicionistas eran los villanos del siglo, que habían sido responsables de la guerra y de la humillación del Sur después. Y ello, porque se habían apasionado con una idea y, en nombre de una abstracción, habían llevado a la nación al borde de la autodestrucción. En ese ambiente, una filosofía que advertía expresamente contra la idolatría de las ideas era posiblemente la única sobre la que podía montarse una política progresista de reforma de las instituciones, como lo fue la de inspiración pragmaticista. Ahora bien, precisamente por ese rechazo visceral al abolicionismo en lo que tenía de extremoso y abstracto, el precio de la reforma en EE.UU. fue la eliminación de la cuestión de la raza y de la situación de los negros de la mesa de disensiones. Con el beneplácito del Tribunal Supremo, se establecieron las leyes estatales que excluían a la población afroamericana de la vida política y la discriminaban socialmente. El mal recuerdo de la sociedad blanca lo pagaron ante todo los negros. (José María Ruiz Soroa, 2016)

Expansión económica:
Tras la guerra de Secesión, Estados Unidos reanudó su expansión. En 1867 compró Alaska al Imperio del zar, colonizada hasta entonces por los rusos. Nos podemos imaginar lo que habría sido la guerra fría si la URSS hubiera contado con Alaska. En 1898 Estados Unidos declaraba por segunda vez la guerra a una potencia europea. España conservaba de su antiguo Imperio Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Los americanos no tuvieron que esforzarse para ganar a aquella monarquía, entonces decadente. Puerto Rico todavía les pertenece. Filipinas, independiente desde 1946, permanece bajo su influencia. Sólo Cuba se liberó, pero Washington conserva la base de Guantánamo, donde envía a sus prisioneros talibanes. En 1901, el presidente Theodore Roosevelt formuló la teoría, todavía en práctica, del gran palo (big stick) contra los enemigos de Estados Unidos. Sesenta años antes, el presidente Monroe había pronunciado el famoso eslogan: «América para los americanos» que entonces y ahora significa: «América latina para los americanos del norte». Al mismo tiempo se operaba una formidable expansión industrial, facilitada por la llegada de inmigrantes y de capitales, por la inmensidad de espacios vírgenes con un clima templado y por la libertad para emprender. En 1869, el primer ferrocarril continental, el Grand Pacific Railway, unía Nueva york con San Francisco. El magnate del ferrocarril era Van de Bilt. A continuación, el petróleo salió a flote en Texas, creando la fortuna de la familia Rockefeller. Las acerías de Carnegie y de Morgan empezaron a producir acero en abundancia. [...]

Tendencia aislacionista:
A finales del siglo XIX, Estados Unidos ya se había convertido en un país muy poderoso. Sin embargo, intervenía poco en el antiguo mundo. Cuando se dice que el americano es aislacionista, no se sabe bien hasta qué punto esto es exacto. América es una isla —mucho más que Inglaterra, que necesita importar y exportar—. América es una isla continental muy grande que no necesita del mundo exterior. Incluso tiene petróleo, sólo lo importa por razones estratégicas. Si el mundo exterior desapareciese, América no se inmutaría. Ese Estado-continente se basta a sí mismo. Además cuenta con una población cuyos antepasados, todos ellos, por una u otra razón, huyeron del viejo continente. El americano del Medio Oeste no se interesa por el resto del amplio mundo. Si un intelectual parisiense quiere medir la importancia de Francia por medio del número de líneas que se le dedica en los periódicos de Minneapolis, es que desconoce que el «exterior» en general y Francia en particular no le interesa en absoluto al americano profundo, quien, por cierto, antes de las guerras del Golfo desconocía hasta la existencia de Irak. (Sin embargo, en tiempos del Imperio británico, apenas había una familia inglesa que no tuviera un primo en el ejército de la India.) En realidad, la epopeya americana es completamente «interior»: la conquista del Oeste, convertida en imágenes por las películas de vaqueros. (Barreau)


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